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Y sin embargo se mueve .

** El Ágora .

/ Octavio Campos Ortiz /

Luego de cuatro años de decrecimiento, a un paso de la recesión técnica, la economía mexicana da signos de recuperación y comienza a reactivarse en el segundo trimestre del año. Contra todos los pronósticos, que vaticinaban una hiperinflación -con indicadores económicos que no se presentaban desde 1932-, comienzan a estabilizarse los precios de productos y servicios. Crece la demanda interna, se logró un repunte del 1.0 por ciento del PIB en el primer trimestre, luego de un 0.6 por ciento en el mismo periodo de 2022 y se mantiene la estimación de crecimiento del PIB en 1.9 por ciento para este año. La estabilización de la inflación -aunque no se descarta una desaceleración de la economía por una menor demanda externa de los Estados Unidos-, ha permitido frenar el alza de las tasas de interés que ya habían afectado los créditos empresariales y personales; comienza a reactivarse la compra de vehículos, aunque ahora el boom son los autos seminuevos. Las estimaciones inflacionarias están en el orden del 5 por ciento y la anualizada en 5.10 por ciento. Hay que recordar que a principios de año casi acaricia el 8 por ciento.

A pesar de la desconfianza de los inversionistas por la incertidumbre jurídica que provoca el propio gobierno -quien ha logrado superar las estimaciones del SAT en materia recaudatoria-, de los problemas de inseguridad que pegan al empresario en robo en carreteras, negocios, secuestros y extorsión, y de la fallida venta de citibanamex, las inversiones como la de Tesla de Elon Musk en Nuevo León por 4 mil 500 millones de dólares para producir hasta un millón de automóviles eléctricos, la inversión extranjera directa (IED) en el primer trimestre de este año fue de 18 mil 636 millones de dólares y en el 2022 llegó a casi 36 mil millones de dólares, la cifra más alta en los últimos siete años. La economía, sin lugar a duda, se mueve.

También se recupera el empleo, luego de que la pandemia y el decrecimiento dejó la pérdida de un millón de fuentes de trabajo al año. Hay más gente ocupada en las actividades económicas; sin embargo, más del 50 por ciento de los trabajadores están en el comercio informal, es decir, la gente tiene dinero para subsistir, pero no un sueldo con prestaciones ni paga impuestos. Hay estimaciones que hablan de que el 60 por ciento de nuestra economía radica en la informalidad. A pesar de ello, la industria manufacturera, la automotriz, la turística, la de la industria de las tecnologías de la comunicación y las telecomunicaciones comienzan a tener un repunte. Una opción importante, aunque no se le ha dado la importancia ni el marco regulatorio necesario, es el nearshoring, donde China y otras naciones están dispuestas a mudar sus fábricas a México para estar más cerca del mercado norteamericano.

Posibilidades de crecimiento hay y los analistas no descartan que al final del sexenio, nuestra economía crezca un poco más allá de los indicadores de 2018, pero lo que no pueden considerar como logro gubernamental es el flujo de remesas, ya que si bien es cierto que el envío de divisas de los paisanos -que se fueron ante la imposibilidad de que el país les diera oportunidades de empleo y educación-, a sus familiares, solo impacta en el consumo interno, pero es dinero que no se genera en México ni ingresa a la hacienda pública. Los más de 200 mil millones de dólares que registran las remesas del 2019 a marzo de 2023, solo favorecen a las familias de los migrantes y son una vergüenza para las administraciones que no han podido retener el recurso humano nacional.

Y, sin embargo, la economía se mueve.

Apostilla: El próximo domingo, todos los coahuilenses y mexiquenses deben salir a votar, más allá de partidos, candidatos, propuestas y descalificaciones, el enemigo a vencer es el abstencionismo. Después será demasiado tarde.

 

 

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