*Números Rojos
/ Brenda Caballero /
Los casi 15 meses de Claudia Sheinbaum Pardo al frente de la Presidencia de México no han sido nada fáciles. Incluso, desde mi punto de vista, han sido más complicados que el mismo periodo de Andrés Manuel López Obrador.
Ella ha tenido que enfrentar a un Donald Trump recargado en su segundo mandato y con constantes amenazas arancelarias y de seguridad. Le está tocando ajustar los dineros despilfarrados de su antecesor, así como la inseguridad generada por el mismo. Por si fuera poco, actualmente enfrenta las amenazas del Partido del Trabajo y el Partido Verde en el próximo proceso electoral para no ir en alianza, derivado de su propuesta de reforma electoral para quitar pluris y disminuir el presupuesto a los partidos políticos, y sin duda le tocará enfrentar la inclinación de Latinoamérica hacia los gobiernos de derecha y su transición.
A todo ello súmele el Ser Mujer, y tener que lidiar con los machistas y sus chistes misóginos, la violencia simbólica hacia su persona que le critican principalmente su aspecto físico. Porque ser Presidenta en México no es nada fácil, sino todo lo contrario. Y más cuando hasta se apuesta en Polymarket para que la Presidenta deje el cargo antes de que finalice su mandato.
A pesar de todo ello, la presidenta registra una aprobación ciudadana del 75-77 por ciento.
Pero esa aprobación histórica no ha sido suficiente para empoderar a otras mujeres. Si bien actualmente tenemos 13 gobernadoras en el país, la mayoría de ellas reprueba la evaluación de la ciudadanía.
¿Cómo es posible que ahora que tenemos a una mujer Presidenta y que presumimos alcanzar la paridad en todo, los cargos de mujeres en el poder vayan a la baja?
La respuesta pareciera simple: No ayudan a la Presidenta a seguir empoderando a las mujeres, pero es más compleja, pues todo indica que las mujeres que llegan al poder se quedan bajo el techo de cristal simulando romperlo, trabajando muchas veces en su propio beneficio y olvidándose de la causa y de las mismas mujeres que lucharon a través de los años para que ellas llegaran al poder.
Un ejemplo claro es Veracruz, dónde a pesar de tener una mujer gobernadora apenas 52 mujeres tomaron protesta como alcaldesas para el periodo 2026-2029; sí, 52 ayuntamientos gobernados por mujeres de los 212 municipios que tenemos en Veracruz.
Y la falta de empoderamiento se puede percibir en el hecho de que 557 mujeres se postularon y únicamente 52 fueron elegidas.
Ahora que si comparamos esta cifra con el periodo anterior apenas una mujer fue la diferencia, ya que en la elección municipal de 2021, fueron 51 mujeres las que lograron ser presidentas municipales.
Pero “tuvimos una mujer más” dijeran los optimistas; “pero solo fue una” dijeran los pesimistas. Aquí el asunto es que en los dos últimos periodos vamos en declive y no pudimos igualar las 55 mujeres votadas para las alcaldías del periodo 2017-2021, cifra considerada histórica en Veracruz.
Hoy, las Presidentas Municipales y las ediles tienen un gran compromiso con el género y es necesario que trabajen a marchas forzadas por el empoderamiento de las veracruzanas, que nada más no se ve por ningún lado.
Y entonces nos preguntamos, el 2026 ¿será el Año de las Mujeres? Con gran pesar, y aunque me critiquen las de mi género, puedo responder que no, estará de la patada porque el 2026 será un año de fútbol. Está en nosotras poder cambiarlo.
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