- ALMA GRANDE
/ Por Ángel Álvaro Peña /
La política mexicana no se sostiene en abstracciones: se mide en cifras, en percepción social y en el pulso real de la ciudadanía. En ese escenario, Claudia Sheinbaum, presidenta de México, ha logrado mantener un respaldo mayoritario que pocas administraciones han ostentado en décadas. De acuerdo con la encuesta nacional de TResearch, al cierre de 2025 la aprobación ciudadana se ubicó alrededor del 77.5 por ciento, frente a una desaprobación de 22.5 por ciento, manteniendo a la mandataria entre los líderes mejor valorados del país.
Este nivel de aceptación, sostenido por múltiples mediciones a lo largo del año, refleja una tendencia que supera con amplitud a la de otros presidentes recientes al mismo punto de sus mandatos, incluso en medio de retos complejos como la inseguridad, la economía y la polarización social.
El presidencialismo mexicano lleva años desgastado. Desde la transición democrática, pasando por crisis económicas y debates sobre el papel del Estado, la figura presidencial ha perdido fuerza como eje único de legitimación. Sin embargo, el respaldo ciudadano a Sheinbaum no es casualidad ni efecto de una coyuntura aislada: es el resultado de un liderazgo que articula continuidad política con respuesta social, algo que los líderes socialistas latinoamericanos han intentado sin lograr consolidar de forma tan amplia.
La oposición, a pesar de sus esfuerzos por descolocar el rumbo político nacional con campañas y críticas constantes, no logra erosionar ese respaldo. Los intentos de deslegitimar la gestión chocan con cifras que muestran una mayoría que no solo avala el desempeño, sino que respalda la idea de continuidad más allá de la retórica.
No se trata únicamente de porcentaje, sino de consistencia social: cuando la mayoría de un país confía en su liderazgo y lo avala con datos medibles, el juego político se transforma. En tiempos donde el desencanto y la fragmentación podrían dominar la escena, ese respaldo robusto es, en sí mismo, un factor de gobernabilidad y estabilidad duradera.
PEGA Y CORRE: No todo ha sido malo dentro de la administración municipal de Tuxpan. En el área de Comunicación Social se percibe un cambio de rumbo total. Si bien la relación con el Mtro. Romano fue, en su momento, compleja y poco fluida, el relevo a cargo de Ricardo J. García Ruiz marca un giro evidente. La comunicación institucional comienza a ordenarse, a tener claridad y, sobre todo, a entender que informar también es rendir cuentas, o al menos esa es la expectativa.











