*Escrito por Arantza Díaz
25.02.2025 /CimacNoticias.com/ Ciudad de México.- La llegada del mundo digital no sólo representó la apertura a una globalización tecnológica, sino también, representó un nuevo embate de violencia, particularmente, en contra de infancias y mujeres y que hasta hace una década ni siquiera tenía nombre y que le dio un golpe a los marcos normativos del mundo que no contaban con leyes, así que hoy, México se erige como punta de lanza en la región y reúne en su capital a la primera Cumbre Latinoamericana de Defensoras Digitales con mujeres de México, Argentina, Colombia, Ecuador, Guatemala, Bolivia, Honduras, Panamá y El Salvador.
Nombrar la violencia digital y reconocer su impacto en la vida de las mujeres no es un capricho contemporáneo, sino una necesidad fundamental; esta violencia debe ser entendida, no como un asunto que pertenece sólo al mundo digital, sino como una estructura patriarcal que puede ser el continuo de otras violencias como el hostigamiento y abuso sexual.
Bajo la bandera «lo virtual es real», la Cumbre inició con Paulina Zepeda, quien rememoró cómo el movimiento de la Ley Olimpia nació desde el seno feminista; una construcción desde el amor. Brevemente, celebró ocupar los espacios después de más de una década de lucha.
Sucintamente, desde Uruguay, María Noel Vaeza, Directora Regional para las Américas y el Caribe, ONU Mujeres tomó micrófono celebrando la lucha de las mujeres latinoamericanas y recordó: “Ningún político, ni ningún presidente nos va a apagar, eso es lo caracteriza a las defensoras latinoamericanas que luchamos por lo que nos merecemos.”
Vaeza hizo hincapié en la brecha digital; las mujeres en la región continúan sin tener acceso a internet. Por lo que convergen dos asuntos; la exclusión del mundo digital, y también, la violencia que atraviesa una vez que las mujeres ocupan el espacio. Concretamente, el mundo digital golpetea desde distintos frentes y urge que las empresas digitales tomen partida, pues no sólo también son responsables, sino también, solapan territorios extremadamente violentos como la pornografía.
“Nosotras creemos firmemente que esta violencia digital es la culpable de tantos suicidios, de tantas niñas y adolescentes que ven su autoestima violada, mujeres políticas que sufren la violencia pensando que no vale la pena continuar [con su carrera]. Aquí hay que decir: ¡No estamos solas! Estamos aquí en este espacio de los presidentes mexicanos, un lugar que no podíamos pisar y que hoy estamos aquí, ¡ya los invadimos!”
Por su parte, Ana Cristina Lobo Barrón, Directora de la Agencia de Intérpretes de LSM anunció que, desde su trinchera, producirán un glosario para el acceso de mujeres con discapacidad auditiva y que, con esta herramienta, sepan cómo ampararse en la Ley Olimpia e identificar la violencia digital. Aunque breve, apuntó directamente a Citlalli Hernández y a otras legisladoras presentes como Andrea Chávez para anunciar: “No se olviden de las mujeres sordas; ni se olviden de las intérpretes, trabajan con ellas”
Sólo el 37% de las mujeres indígenas tiene acceso a internet, en comparación del 60% de la población general, según Patricia Torres Sandoval, Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas CONAMI y Representante del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas, quien también denunció que el diseño de las tecnologías no considera el idioma, ni el contexto cultural de las comunidades indígenas. Asimismo, atajó que no basta con poner internet si no hay buena infraestructura, políticas públicas que eviten la pérdida de las lenguas más mujeres en ciencias y tecnología.
“Las mujeres indígenas son 3 veces más vulnerables a recibir ataques de odio y hostigamiento digital,por eso, las mujeres están creciendo fuera de este mundo, no es posible que se continúen replicando los mismos sistemas de odio y opresión. Nosotras también tenemos derecho a construir este mundo digital” (Patricia Torres).
“Que hoy nos encontremos aquí, mujeres feministas, es un acto de rebeldía; feministas de la región más combativa del mundo: America Latina. Vamos a resistir a la ola neofascista”, abrió el diálogo Citlali Hernández, quien hizo señalamiento ahínco en que el mundo está atravesando por un avance de la ultraderecha que empieza a amenazar los derechos de las mujeres, por ello, la Cumbre representa una vindicación aún más poderosa.
“Mexico está listo, para el tiempo de todas”, concluyó Citlalli Hernández.
Olimpia Coral rememoró una de las primeras barreras a tirar; borrar por completo la idea del “porn revenge” y nombrarla por lo que es: violencia. Asimismo, señaló los algoritmos patriarcales y a todos aquellos hombres como Elon Musk que pretende solapar la misoginia y abrir la permisibilidad a los discursos de odio y la pornografía que intenta que los cuerpos femeninos sean entretenimiento digital.
Actualmente, la Ley Olimpia se aprobó en todo el territorio mexicano, y se ha extendido
en América Latina logrando su aprobación en Argentina y en Panamá, además ha avanzado en Colombia, Honduras y Guatemala como la primeraley en materia de violencia digital en el mundo hecha por las sobrevivientes.
“Fueron decenas de voces que nos juzgaron, muchas quisimos morir cuando nos enfrentamos al sistema y nos dijeron que no podían hacer nada porque lo digital, no es real. Solaparon las voces de los agresores digitales, pero se equivocaron; nosotras teníamos razón y ¿qué creen?, ya no tenemos miedo.
Aún queda mucho por aprender: Violencia estructural
En 2024, la entonces titular del Instituto Nacional de las Mujeres, Nadine Gasman señaló en la Conferencia de los Estados Parte del MESECVI, que en México 9 millones de mujeres mayores de 12 años ha vivido acoso cibernético, siendo las adolescenes y jóvenes quienes tienden a vivir con mayor incidencia este fenómeno.
Las principales agresiones son de corte sexual, pues el 36% de las víctimas ha recibido insinuaciones o propuestas sexuales, sin embargo, a pesar de ser un fenómeno generalizado, sólo 1 de cada 10 mujeres se acerca a un ministerio público a denunciar.
Colocada bajo el supuesto argumento de que la violencia en línea es una novedad, se reniega de la gravedad y consecuencias que ella representa, entorpeciendo así, el trabajo penal y legal de las autoridades correspondientes; es urgente no desdibujar la frontera de la violencia digital que perpetúa patrones de poder y desigualdad.
No es que este fenómeno sea indefenso, por el contrario, cada vez se extiende y alimenta de nuevas tecnologías para trasgredir los territorios de las mujeres y niñas del mundo, ejemplo de esto, se encuentra en el uso de inteligencia artificial con el objeto de crear vídeos explícitos de corte sexual o los «deepfakes». imágenes pornográficas construidas a partir del rostro de mujeres e incluso, niñas.
La violencia digital no se trata de un fenómeno episódico que termina cuando se apaga un dispositivo, más bien, está dentro de patrones histórico – sociales aún más profundos. Nombrar a la violencia digital representa una vindicación total, pues se visibiliza una de las tantas estructuras que el sistema ha pretendido normalizar.
Rita Segato escribe en Las Estructuras Elementales de la Violencia, que ya contamos con estadísticas mundiales de violencia de género; se ha producido un sinfín de información y se nombra la violencia física, psicológica y sexual, sin embargo, resulta en una imposibilidad confiar ciegamente en los números cuando los escenarios domésticos y privados son complejos de denunciar, procesar, entender y punir.
Pero, ¿por qué resulta tan complejo entender todos los brazos de la violencia? Según Segato, reconocer y reconocerse es una de las principales dificultades para mirar a la violencia estructural y en especial, aprender a desentrañarla en los hábitos más arraigados de la vida comunitaria y familiar de todos los pueblos del mundo.
Asimismo, la antropóloga señala de forma ahínca en su obra que, gozamos de un sinfín de datos cuantitativos en expansión y un universo de leyes también en expansión -que nacen- bajo la presión de los organismos internacionales, pero necesitamos acompañar esos datos y esas leyes de un marco de sentido que oriente la conciencia y la práctica de todas aquellas personas que trabajan por este objetivo.
Es urgente que se perciba que erradicar la violencia de género es inseparable de la reforma misma de los afectos constitutivos de las relaciones de género tal como las conocemos y en su aspecto percibido como “normal”. Y esto, desgraciadamente, no puede modificarse por decreto, con un golpe de tinta, suscribiendo el contrato de la ley.