A Rocha Moya siguen Adán Augusto, Audomaro, Bedolla.. y más

*NEMESIS .

/ Fernando Meraz Mejorado /

Hay momentos en que la historia no se escribe con tinta, sino con el espíritu indomable de quien está como David contra Goliat. La presidenta Claudia Sheinbaum ha debido frenar su chillido de indignación ante la presencia de la CIA en Chihuahua.

Parece haber entendido que violar las leyes es grave, pero peor sería desafiar al gigante del norte sin armas en la mano y peor aún, sin apoyo del pueblo.

Bajó el tono, por miedo, por su incapacidad para comprender la diferencia de lo que le ordenaban desde Palenque y lo que le aconsejaban quienes saben de la diplomacia. Se impuso la estrategia: la soberanía se defiende, pero no se rompe en un día.
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Todo cambió – -de acuerdo con la crónica magistral del periodista Raymundo Riva Palacio– “cuando el embajador Ron Johnson pisó el acelerador” . Sus palabras, cargadas de verdad y advertencia, hablaron para señalar la corrupción, de
la niebla en las cuentas públicas y de procuración de justicia que camina de lado. No pudo, el diplomático decirlas en Los Mochis, donde la protesta financiada en el Palacio de Gobierno cerró las puertas  del gobernador Rubén Rocha Moya, pero las soltó en la sombra, y el viento se las llevó hasta la primera plana del mundo.
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Así se supo lo que muchos susurraban: la paciencia de Washington se ha secado como tierra en estío.
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Desde enero, llegó el ultimátum silencioso: “actúen contra los políticos que abrazan y cobijan al crimen, o la justicia del norte cruzará la frontera por cuenta propia.”
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Pero la respuesta del gobierno de Sheimbaum fue un silencio, una mano extendida pidiendo pruebas que nunca llegaron, porque el miedo a que la luz revele demasiado es más fuerte que la voluntad de castigar.
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Existe una lista, como las antiguas listas de proscritos, donde los nombres brillan con fuego fatuo. En la cumbre de esa lista, mirando desde la altura, está el senador Adán Augusto López, arquitecto de imperios y lealtades, junto al general Audomaro Martínez. Más abajo, sombras que también pesan: Rocha Moya, cuya visa se convirtió en papel mojado el año pasado; Américo Villarreal en Tamaulipas; y Ricardo Peralta, caminando entre los escombros del poder.
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Ante la parálisis, los ojos extranjeros decidieron mirar por cuenta propia. La CIA, con su capa de misterio y acción, se adentró en el noreste como quien explora una selva hostil. Infiltrando las fiscalías, han tocado las puertas de la investigación, y  encontraron lo que buscaban:

Funcionarios que tejieron redes con el mal, y que ahora, para salvar su piel y recuperar el derecho a cruzar el río, se han convertido en informantes.

Les llaman “parole”, no es libertad, es una jaula de oro donde se camina vigilado, donde cada paso cuenta y cada silencio se paga. No es solo uno; son varios, incluso gobernantes que ayer mandaban y hoy obedecen, convertidos en vasijas de secretos para las agencias que todo lo saben.
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Estados Unidos ha desplegado sobre México un cielo vigilado. Sus aviones dibujan líneas en el azul, escuchando lo que los hombres callan. No es solo la CIA; es el FBI, es la DEA, son más de doce voces que recorren el país, unas con permiso, otras saltando la barda ante la indecisión de quienes deberían gobernar con mano firme.
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Incluso en Europa han tendido la red: pidiendo que no abran puertas, que no den beneplácitos a quienes cargan con el peso de la sospecha. Mientras tanto, en Michoacán, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, quien es otro que ya debe estar preparado, bloqueando sistemas y comunicaciones, defendiendo su botín, aunque el mundo arda afuera.

Así estamos, Adán Augusto, “el hermano de Amlo”,está en el frente de la lista.

En el ojo del huracán. La noche se acerca, rápida y oscura, y el acelerador va a fondo. Ya no hay tiempo para dudas, ya no hay espacio para las sombras.
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Como dijo el embajador Johnson, y como la poesía de estos días oscuros nos enseña: las cartas están sobre la mesa, y ya nadie juega, porque ya no podrá hacerlo con fichas de mentira. – oOo – –