Acoso, acecho y violencia digital: tres expresiones de la violencia estructural que hay que denunciar

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22.04.2026 BPNoticias.- El desarrollo de las tecnologías de comunicación ha abierto espacios de interacción que reproducen, con nuevas formas, las dinámicas de exclusión y agresión presentes en la vida social. En el entorno digital, conceptos como acoso, acecho y violencia digital describen prácticas que afectan la integridad de las personas y que reflejan cómo la violencia estructural se adapta a los escenarios virtuales.

El acoso digital se entiende como la reiterada hostilidad ejercida a través de mensajes, publicaciones o comentarios en plataformas electrónicas. Se manifiesta en ataques verbales, insultos, difusión de rumores o presión constante hacia una persona. Un ejemplo es el hostigamiento que sufren estudiantes mediante grupos de mensajería, donde se les ridiculiza o se difunden imágenes sin consentimiento, generando un ambiente de intimidación que replica el acoso escolar en el espacio virtual.

El acecho digital, también conocido como ciberstalking, consiste en la vigilancia obsesiva y persistente de una persona mediante herramientas tecnológicas. Se expresa en la recopilación de datos personales, seguimiento de perfiles en redes sociales o envío de mensajes intrusivos que buscan controlar o intimidar.

Casos frecuentes incluyen acecho a mujeres que no se someten a los machos así como exparejas que rastrean la actividad en línea de mujeres, revisan sus publicaciones y utilizan esa información para amenazarlas, desplazarlas o restringir su libertad, trasladando al plano digital patrones de control presentes en relaciones violentas.

La violencia digital es un concepto más amplio que engloba diversas formas de agresión ejercidas mediante tecnologías de la información. Incluye la difusión no consentida de imágenes íntimas, la suplantación de identidad, el acceso indebido a cuentas personales y la manipulación de información para dañar la reputación de alguien. Ejemplos de ello son los portales que publican fotografías privadas sin autorización o los ataques coordinados contra periodistas y activistas en redes sociales, que buscan silenciar voces críticas mediante campañas de desprestigio.

Estos tres fenómenos muestran cómo la violencia estructural, entendida como los mecanismos sociales que reproducen desigualdad y dominación, se traslada al mundo virtual. Las jerarquías de género, poder y control que históricamente han marcado la vida cotidiana encuentran en las plataformas digitales un nuevo espacio para perpetuarse.

El acoso, el acecho y la violencia digital no son hechos aislados, sino expresiones de un sistema que utiliza la tecnología como extensión de prácticas de exclusión y agresión que ya existen en la sociedad.

La comprensión de estos conceptos permite visibilizar que el entorno digital no es neutral, sino un terreno donde se reproducen las mismas tensiones y violencias que atraviesan la vida social, y donde las víctimas enfrentan nuevas formas de vulnerabilidad que requieren respuestas institucionales y comunitarias.