Adriana Rojano Pazzi sorprende.

*Sin tacto.

/Por Sergio González Levet/

Cuando desde el PRI estatal nombraron a Adriana Rojano Pazzi como la candidata para contender por el distrito 11 de Xalapa, no faltó quienes pensaron que el partido estaba cediendo la plaza al poner a una persona que no estaba dentro de la nomenklatura de los candidatos históricos del otrora invencible.
Un nombre nuevo significaba para el análisis tradicional que los priistas no habían puesto toda la carne en el asador para competir en una posición electoral que era parte de la contienda por la diputación federal y por las senadurías, pero sobre todo que abonaría sensiblemente a las candidaturas de Pepe Yunes por la gubernatura y de Xóchitl Gálvez por la Presidencia de la República.
Se pensaba que los panistas habían leído muy bien la situación y habían mandado a ganar el otro distrito capitalino, el 10, a uno de sus gladiadores, a Sergio Hernández Hernández, que tenía una larga historia de relación y de apoyos en las colonias populares de la capital veracruzana.
A priori, los momios se movieron hacia una lucha cerrada de Sergio con Antonio Ballesteros, e igualmente hacia un día de campo para la candidata Dorheny (García) Cayetano, que lucharía contra la rival más débil, según se pensaba
No contaron los propios ni los contrarios con el tamaño real de la candidata “novicia” hasta que se empezaron a dar cuenta de que como funcionaria del DIF sumaba años y años de trabajo en las zonas marginadas de Xalapa. Adriana no era muy conocida en los medios y tal vez poco en los corrillos políticos, pero había mantenido una presencia real en las casas de la pobreza y de la necesidad, a las que había acudido innumerables veces para remediar un achaque del cuerpo o del espíritu, para compensar una injusticia, para llevar el bien a quienes tantos males padecían, y siguen padeciendo por desgracia. Como siempre, la hija de la querida maestra Zita Pazzi fue recibida con alborozo en las humildes moradas. Entró en ellas, se sentó en una silla de la cocina y se puso a platicar con los vecinos como siempre, pendiente de lo que les hacía falta, de cómo podía auxiliar.
Y allí escuchó que sí, que pensaban votar por ella porque la conocían y sabían que hablaba con la verdad, no como los actuales funcionarios de la 4T, que los traen a mentira y mentira.
Y como política, Adriana sorprendió en las filas de la alianza Fuerza y Corazón de Veracruz con un discurso inteligente y acertado, que sorprendió hasta a algunos santones de la tribuna por su atinada concepción, que se sumerge en el pragmatismo tomado firmemente del ancla de las ideas.
El debate de los candidatos fue una cereza de la candidatura de Adriana Rojano, porque puso en su lugar definitivamente a una Dorheny que no supo qué hacer ni cómo contestar, ni de qué manera comportarse. Agustín Arcos, un buen candidato con un pésimo partido, terminó siguiendo sin querer el guion de la aliancista y le echó algunas paladas a la tumba de la familiar cercana del Gobernador, que terminó siendo señalada como parte del Clan García.

Adriana Rojano Pazzi va a ganar y será una excelente diputada de Xalapa, que desde hace seis años no ha tenido una representación decorosa.

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