Afrofrailescanidades: crónica de un encuentro contra el olvido en Horizonte

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*En Horizonte, Villaflores, nos reunimos para hablar de lo que significa ser afrodescendientes en Chiapas. Hubo conversaciones, recuerdos familiares, propuestas políticas y mucha alegría. También una certeza: no queremos que nuestra historia vuelva a quedar en el olvido.

/ Escrito por Sandra de los Santos Chandomí /

Lo que aquí les cuento sucedió hace unos meses en una comunidad del municipio de Villaflores, en Chiapas. Un grupo de mujeres y hombres afrodescendientes, la mayoría de Chiapas, nos reunimos para conversar, convivir, hablar de lo que nos mueve, de lo que nos preocupa, de aquello que nos afecta y también de lo que nos alegra. Nos reunimos para imaginarnos e inventarnos.

Quiero contarles de ese encuentro, de las conversaciones que tuvimos y de algunas de las reflexiones que me traje de regreso a Tuxtla.

Reconocerse como afrochiapaneca significa en ocasiones dar muchas explicaciones. Somos pocas las personas que nos reconocemos y nombramos como tales, afortunadamente, cada vez más. Durante mucho tiempo nuestra presencia ha quedado fuera de la historia que nos contamos sobre Chiapas. Y cuando una no se encuentra en esa narración, cuando no aparecen los rostros, las historias o las experiencias que le permitan reconocerse, termina haciéndose muchas preguntas, a veces sin saber con quién compartirlas.

Por eso hay algo muy poderoso en encontrarse con otras personas que llevan tiempo haciéndose preguntas parecidas. En reconocerse en el rostro de la otra, en los “colochos” del cabello, en las historias familiares y en ese deseo de saber de dónde venimos.

Quiero contarles de la alegría que hay en estos encuentros. Venimos de una historia atravesada por el racismo, la discriminación y el sufrimiento, pero nuestra identidad no puede reducirse únicamente a eso. También tenemos historias de resistencia, de reivindicación y de mucha alegría. No podemos dar testimonio solamente de aquello que nos duele. También queremos hablar de lo que nos gusta, de lo que soñamos y de lo que estamos construyendo.

Este 4 de noviembre, Día de las Mujeres Afromexicanas, quiero volver a aquel encuentro en Villaflores. A las personas que conocí, a las conversaciones que tuvimos y a las preguntas que todavía me acompañan. Si algo me traje del encuentro fue la certeza de que no somos una isla desierta y que en estos encuentros vamos construyendo otras maneras de contarnos nuestra propia historia.

UNO

Llegué a la estación de autobuses y la vi de lejos. Estaba acomodando su mochila después de un viaje de doce horas desde la capital de Oaxaca hasta Tuxtla Gutiérrez. Dos estados que en el mapa se ven tan cerquita, pero que en la realidad están separados por varias horas de camino.

Yo sabía que buscaba a una mujer llamada Lina, pero cuando la tuve enfrente me di cuenta de que era la misma Lina que había conocido hacía más de veinte años, cuando coincidimos trabajando en una campaña sobre mortalidad materna en varios estados del sur de México.

Lina Rosa Berrio Palomo es una mujer negra colombiana-mexicana, especialista en antropología médica e investigadora del CIESAS en Oaxaca. Nos conocimos en Guerrero y ahora, más de dos décadas después, nos estábamos encontrando en Chiapas para participar en una reunión de personas afrodescendientes. Nos abrazamos, nos dio mucho gusto vernos y celebramos la bonita coincidencia.

En el camino de Tuxtla Gutiérrez a Horizonte, en Villaflores, comenzamos a platicar sobre lo que cada una estaba haciendo. Lina me habló de la investigación que realiza con parteras afrodescendientes en algunas comunidades de Oaxaca y yo le conté sobre las acciones afirmativas para la población afromexicana y, en particular, afrochiapaneca.

Platicamos muy sabroso. A ella le interesó mucho conocer sobre las acciones afirmativas, las posibilidades que podrían abrirse si logramos tener espacios de representación política y lo que desde ahí se podría impulsar. A mí me interesó muchísimo el trabajo que realiza con las parteras afrodescendientes, la recuperación de sus conocimientos, sus experiencias y el lugar que ocupan en sus comunidades. Ella desde la antropología médica y yo desde la participación política, pero las dos hablando de las mujeres afrodescendientes.

Creo que una buena conversación comienza por el interés genuino de conocer y escuchar a la otra persona. Conversar nos ayuda a encontrar aquello que tenemos en común, pero también dejar espacio para los desacuerdos y las sorpresas. Hay conversaciones que nos permiten confirmar lo que pensamos y otras que nos hacen cuestionar aquello que creíamos tener tan claro.

Creo que eso fue lo que pasó durante aquel trayecto. Las dos teníamos mucho que contar y muchas ganas de escuchar. Veníamos de experiencias y campos de trabajo distintos, pero encontramos formas de mirar asuntos que nos interesan. Y así, entre una cosa y otra, fuimos haciendo camino hacia Horizonte.

DOS

Horizonte es una comunidad ubicada a unos 15 kilómetros de la cabecera municipal de Villaflores, en la región Frailesca de Chiapas. Es una localidad pequeña, a la que se llega por un camino que siempre me ha parecido muy bonito. Durante mucho tiempo recorrí aquellos rumbos varias veces al año y me dio gusto ver que no han cambiado demasiado. El ganado sigue apareciendo a los lados de la carretera, las aves, las personas en su cotidianidad del campo. Hay un tramo en el que los árboles extienden su follaje sobre el camino y casi lo cubren por completo.

Seguramente para algunos ojos no es una tierra extraordinaria. A mí siempre me ha parecido que la Frailesca tiene algo que llama, sobre todo a quienes son de aquella región. Hay algo en sus paisajes, en sus caminos y en la vida que transcurre por ahí que es lindo quedarse a observar.

Era junio y había llovido. El lugar donde nos reunimos estaba rodeado de árboles y había un montón de aves. Me pareció ver un momotus mexicano, que es mi ave favorita, pero capaz y me lo imagine o quise verlo como señal de buen augurio de aquel momento. También vi otras especies, de esas sí estoy segura, que no alcancé a identificar. Durante buena parte del encuentro los pájaros estuvieron cantando. Había tantos sonidos de la naturaleza que, por momentos, me distraía tratando de descubrir de dónde venían.

Desde que llegamos nos recibieron como si nos conociéramos de toda la vida. Había un ambiente de confianza, de ganas de conversar. Me llamó la atención esa facilidad con la que comenzamos a relacionarnos. Bastaba llegar para saber que algo teníamos en común, aunque muchas de las personas que estábamos ahí nunca nos hubiéramos visto.

En la entrada había un árbol del que colgaban varias fotografías. Eran imágenes de las propias personas que habían participado en los talleres de Afrofrailescanidades y de sus familiares afrodescendientes. Durante los talleres habían ido interviniendo esas fotografías, trabajando sobre sus propias imágenes y recuerdos familiares.

Afrofrailescanidades es un proyecto promovido por la investigadora María Guadalupe Ruiz Coutiño, originaria de esta región, y que busca recuperar las memorias y la presencia afrodescendiente en la Frailesca a través del arte y del trabajo comunitario. Una tarea que tiene mucho sentido en una región donde las historias de las familias afrodescendientes pocas veces han encontrado lugar en las narraciones sobre Chiapas.

A veces pienso que andamos tan ocupadas en nuestras propias cosas que dejamos de mirar lo que tenemos alrededor. Los lugares, las personas que los habitan y las historias que se cuentan. Nos hace falta detenernos más a mirar y escuchar. La manera en que nos relacionamos con las otras personas, cómo las recibimos, qué nos interesa de ellas y qué estamos dispuestas a compartir también dice cosas de nosotros y del mundo en el que queremos vivir.

Y eso fue parte de lo que me gustó de Horizonte. Habíamos llegado para hablar de nuestras historias y de las cosas que quisiéramos cambiar. Pero también para disfrutar de estar juntas y juntos, para reírnos, conocernos y pasarla bien. Me gusta que estos encuentros tengan espacio para todo eso. Que entre tantas cosas que nos duelen y nos preocupan, todavía tengamos muchas ganas de encontrarnos y de imaginar lo que viene.

Tres 

El encuentro se organizó como un rally. Había diferentes estaciones por las que las personas participantes iban pasando para conversar y realizar distintas actividades. A algunas personas (que somos afrodescendientes…pero no de Villaflores) nos habían invitado para acompañar esas estaciones, proponer dinámicas y compartir lo que sabíamos sobre determinados temas. A mí me tocó la de los derechos políticos.

Quería que habláramos de la participación política de las personas afrodescendientes, pero sobre todo que nos imagináramos ocupando los espacios donde se toman las decisiones. Así que la dinámica giraba alrededor de una silla y una pregunta: ¿qué harían si tuvieran el poder de decidir?

Les pedíamos que imaginaran que podían ocupar esa silla y que, desde ahí, tenían la posibilidad de proponer una iniciativa de ley, impulsar una política pública o realizar alguna acción para cambiar las cosas. Que pensaran que tenían todas las gemas del infinito o que acababan de encontrar la lámpara maravillosa. Que por un momento no se preocuparan por los obstáculos y se permitieran imaginar.

Y comenzaron a surgir las propuestas.

“Que se prohíba alaciar el pelo a las niñas y que quienes lo hagan sean sancionadas”.

La compañera que lo propuso no dudó ni un segundo en su propuesta. Era evidente que llevaba tiempo pensando en ello. Me quedé dándole vueltas a lo que había dicho. A todo lo que puede haber detrás de una propuesta así, a las niñas que crecen escuchando que su cabello tiene que ser distinto, que sus “colochos” deben desaparecer para parecerse a una idea de belleza que pocas veces las incluye.

La mayoría de las propuestas tenían que ver con la educación. Querían que la historia de la población negra en Chiapas formara parte de los programas de estudio, que las niñas y los niños conocieran la presencia afrodescendiente en nuestro estado, que supieran de esa tercera raíz que, para muchas y muchos de nosotros, es la primera. También hubo propuestas para promover el reconocimiento de nuestra identidad y para que las personas afrodescendientes pudiéramos encontrarnos en la historia de los lugares donde nacimos y vivimos.

Otras personas hablaron de la representación política. De la necesidad de establecer mecanismos que impidan la simulación en las candidaturas reservadas para personas afrodescendientes.

Me gustó escuchar las propuestas, pero también las razones detrás de ellas. Había preocupaciones que se repetían, otras que no había considerado y algunas que me hicieron pensar en asuntos que damos por resueltos cuando todavía tenemos mucho por discutir.

Durante la dinámica, varias compañeras me devolvieron la pregunta: ¿y tú qué harías si estuvieras en un espacio de toma de decisiones?

Me di cuenta de que llevo mucho tiempo haciéndome esa pregunta. Que tengo una lista mental de cosas que me gustaría cambiar, de propuestas que quisiera impulsar y de asuntos que considero que todavía nos debemos como sociedad cuando hablamos de la población afrochiapaneca.

Tal vez ha llegado el momento de bajar esa lista al papel.

Cuatro

Desde aquel encuentro en Horizonte han pasado otras cosas que también quisiera contarles. Hemos seguido encontrándonos, conversando, haciéndonos preguntas y pensando en lo que podemos construir. Tengo muchas notas, ideas y reflexiones que todavía no he logrado ordenar. La vida no me ha dado para sentarme a escribir todo lo que quisiera, pero ya habrá tiempo para hacer algo más largo.

Pienso mucho en las mujeres afrochiapanecas. En lo complicado que resulta a veces reconocernos en una historia que durante tanto tiempo ha prescindido de nosotras. En las preguntas que nos hacemos sobre nuestras familias, nuestras ancestras, nuestros cuerpos y nuestra identidad. Pero también en todo lo que estamos haciendo para encontrarnos, para ocupar espacios, para que nuestras voces sean escuchadas y para que las niñas que vienen  puedan reconocerse en una historia que también les pertenece.

No quería que pasara este 4 de noviembre, Día de las Mujeres Afromexicanas, sin compartirles algo de lo que vivimos en Horizonte. Me importa que quede registro de estos encuentros. Que dentro de algunos años podamos volver a ellos, saber quiénes estuvimos, qué nos preocupaba, de qué nos reíamos, qué queríamos cambiar y qué estábamos haciendo para lograrlo. Nos reunimos mujeres y hombres de los municipios chiapanecos de  Villaflores, Villa Corzo, Cintalapa y Pijijiapan, pero también vinieron personas de otros estados como Guerrero y Morelos. Y también países como Cuba y Ecuador. Durante mucho tiempo otras personas contaron la historia de Chiapas sin nosotras y no quisiera que también se perdiera la historia de lo que hoy se está haciendo.

A veces pienso que buena parte de nuestra lucha es contra el olvido. Que esa tercera raíz deje de permanecer enterrada. Que podamos encontrarla en nuestra historia, en nuestras familias, en nuestros rostros y reconocerla como nuestra.