Ariadna suelta Bienestar para pelear control de Morena

*ALMA GRANDE .

/ POR ÁNGEL ÁLVARO PEÑA /

La salida de Ariadna Montiel Reyes de la Secretaría del Bienestar no es un simple ajuste administrativo ni un relevo burocrático más dentro del gabinete federal. Se trata de un movimiento profundamente político que anticipa la disputa interna por el control de Morena y, al mismo tiempo, confirma que el proyecto de la Cuarta Transformación sigue reorganizando sus piezas rumbo a una nueva etapa.

Montiel deja una de las dependencias más sensibles del gobierno federal: la Secretaría del Bienestar. No es menor. Desde ahí se opera buena parte del contacto directo entre el Estado y millones de mexicanos a través de los programas sociales, convertidos ya no solo en política pública, sino en una estructura de legitimidad política para Morena.

Que la presidenta Claudia Sheinbaum haya confirmado personalmente su salida mediante un mensaje en redes sociales revela la importancia de la decisión. No fue una renuncia silenciosa ni una salida discreta. Fue una despedida con mensaje político: Ariadna no se va por ruptura, sino para asumir “otras tareas del movimiento”, una frase que en Morena suele traducirse en estrategia electoral y reorganización interna.

La posibilidad de que Ariadna Montiel busque la presidencia nacional de Morena abre una nueva disputa dentro del partido gobernante. Morena ya no enfrenta el reto de conquistar el poder, sino de administrarlo sin fracturarse. Y ahí está el verdadero desafío.

La dirigencia nacional del partido será clave para definir candidaturas, alianzas, disciplina interna y, sobre todo, la relación entre el partido y el gobierno. No es un cargo decorativo; es una posición de control político real. Por eso, la llegada de Ariadna a esa contienda significa que Sheinbaum busca también fortalecer su propio equilibrio interno dentro del movimiento.

En paralelo, la llegada de Leticia Ramírez Amaya a la Secretaría del Bienestar tampoco parece improvisada. Su trayectoria en educación, atención ciudadana y operación gubernamental la coloca como una figura de absoluta confianza dentro del círculo presidencial. No llega una improvisada, sino una operadora institucional con experiencia en la estructura federal.

El mensaje de Sheinbaum fue claro: los programas sociales continuarán y seguirán siendo derechos constitucionales. Esa aclaración no es casual. En México, cualquier cambio en Bienestar genera incertidumbre social inmediata. La estabilidad política también depende de la certeza de esos apoyos.

Sin embargo, el verdadero fondo está en otro lado: Morena comienza a vivir la transición de partido-movimiento a partido-gobierno permanente. Y esa transformación suele ser más difícil que ganar elecciones.

Ariadna Montiel representa una generación de cuadros formados en la lealtad obradorista pura. Leticia Ramírez simboliza la continuidad administrativa del nuevo gobierno. Entre ambas decisiones se dibuja una estrategia: preservar la estructura social mientras se reorganiza el poder político.

La pregunta no es si Ariadna ganará Morena, sino qué tipo de Morena surgirá después de esa batalla interna.

Porque cuando el poder deja de pelear contra la oposición, inevitablemente comienza a pelear consigo mismo.