*CAFÉ DE MAÑANA.
/Por José Luis Enríquez Ambell /
El asunto del Director General de Materiales Educativos en la SEP solo muestra la debilidad y torpeza – y una gran falta de oficio político y administrativo desde la Oficialía Mayor, responsable del Recurso Humano – que llevó al servidor público del gobierno de la República a expresar que su: “protesta era con propuesta”, y no dejar el puesto asignado dentro de la estructura de la dependencia.
Y es que, para quienes observamos el acontecer institucional, desde el enfoque normal de los movimientos en estructuras de trabajo, está claro que en esta ocasión no se trato de un simple ajuste del recurso humano.
También es verdad que en todo este entorno hubo componentes ideológicos y políticos que pesaron en su salida — sin que ello signifique avalar la conducta o actuación de Marx Arriaga —, pero notificarlo acompañado de dos policías que no iban a intervenir es una torpeza innecesaria. Dicho con respeto, desde las áreas de administración, recursos humanos, jurídico y contraloría interna saben que ese método es una simple ocurrencia, ajena al oficio público, y solo generó una mala percepción institucional.
Sin conocer todos los detalles más allá de lo difundido el fin de semana, debe recordarse que los productos generados por servidores públicos no son propiedad personal, sino de las instituciones, independientemente de que continúen o no en funciones. Por ello, el caso Arriaga Navarro pareció transitar más por una diferencia ideológica y política que por una falta administrativa en sí misma.
Durante la conferencia matutina de este lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum puntualizó que frente al desacuerdo con Arriaga se le ofrecieron distintas opciones, incluso la posibilidad de un consulado, lo cual no aceptó. Añadió que no debe entrarse en un conflicto que “todo mundo use para hacerlo muy grande”, y tiene razón.
La mandataria explicó que el desacuerdo se centró en la negativa de Arriaga para modificar los libros de texto, buscando incluir más aportes de mujeres, subrayando que “los libros de texto no son patrimonio de una persona”. Sin dejar de reconocer su trabajo, el desacuerdo marcó su salida, aunque llama la atención que el servicio exterior mexicano sea utilizado como moneda de cambio al ofrecerse un consulado al servidor público cesado.
Por lo pronto, a Marx Arriaga se le aplicó lo que a muchos empleados de confianza en diversas administraciones, y esta historia seguirá —con o sin espectáculo mediático—, pues su perfil parece más cercano al de un agitador social que al de un servidor público de carrera, “lo que incluso podría generar problemas en el ámbito diplomático”.
No debe olvidarse que los nombramientos de embajadores y cónsules generales requieren requisitos insalvables: la ratificación del Senado de la República (o de la Comisión Permanente) y el beneplácito del país receptor, lo que implica una gestión política y diplomática seria, no improvisada.
DE SOBREMESA
Quienes han hecho carrera en el servicio exterior reconocen —aunque no siempre lo expresan públicamente— que en los últimos años esta actividad ha cambiado respecto a la fortaleza y profesionalismo que durante décadas la caracterizó.
Hoy, muchos de esos espacios parecen responder más a estrategias políticas que a criterios diplomáticos, especialmente en las designaciones de embajadores, cónsules y agregados. Incluso algunos países receptores cuidan no aceptar perfiles con carga político – partidista, por temor a las inestabilidades o mensajes internos ajenos a la diplomacia.
Hasta ahora, la práctica de enviar al servicio exterior a actores políticos ha servido para despresurizar conflictos internos. Existen ejemplos claros: Claudia Pavlovich en Barcelona; Quirino Ordaz en España; Carlos Aysa en República Dominicana; Carlos Joaquín González en Canadá; y Omar Fayad en Noruega, entre otros.
UN CAFÉ CON DOBLE CARGA
El diplomático y político e Ingeniero Don Gonzalo Martínez Corbalá solía decir que ser convocado al servicio exterior es una distinción presidencial a la que nadie debería resistirse, pues amplía horizontes y reconoce capacidades.
Ojalá que Marx Arriaga comprenda —o le expliquen— ese sentido institucional, para no hacer quedar mal ni a México ni a la presidenta, y que cualquier nueva responsabilidad la asuma con respeto, profesionalismo y responsabilidad pública.
UN CAFÉ LECHERO LIGHT
Y mientras tanto, Nadia López García ha sido designada nueva titular de la Dirección General de Materiales Educativos de SEP, “luego de la controvertida destitución de Marx Arriaga”.
¡ES CUANTO!












