¡AY, PERDE-LOSER! ¡AY, PERDE-LOSER!

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*ColumnaSinNombre 

/ Pablo Jair Ortega /

Javier Duarte de Ochoa tuvo amplias posibilidades de no ser el último mandatario estatal priista en la historia de Veracruz.

De entrada, una estrategia fue limitar la siguiente gubernatura a dos años (2016-2018), con el argumento de que era necesario homologar las elecciones locales con las federales. Eso decretaba que su sucesor solamente gobernaría —si acaso— un año y pelos.

En ese entonces, en la Ciudad de México se decidió que el candidato del PRI sería el senador Héctor Yunes Landa, quien además iba a enfrentar a su primo hermano Miguel Ángel Yunes Linares como candidato de la alianza PAN-PRD, y quien ya tenía bastante ventaja por sus ataques constantes a la administración priista.

Hay quienes dicen que Héctor se prestó a la farsa de la elección en acuerdo con su primo, quien finalmente sí llegó a gobernar Veracruz, pero se duda. De hecho, llegaron a confrontarse.

Lo que sí era cierto es que Duarte y Héctor ya tenían bastantes diferencias, y eso era evidente para los grupos del tricolor.

Eso era, básicamente, una mala señal para lo que venía.

El gobernador, en varias ocasiones, se burlaba del senador, y la anécdota más recordada fue la del 27 de septiembre de 2015, en un evento de la Liga de Comunidades Agrarias de la CNC en Boca del Río, cuando, con el pretexto de su cumpleaños, le regaló una caña de pescar “para atrapar peces gordos en El Conchal”, en referencia a su primo hermano Miguel Ángel, quien vivía por esa zona.

Exhibido constantemente por su jefe político, es obvio que Héctor desconfiaba de Duarte para operar la elección de 2016 a la gubernatura, por lo que alguien le sugirió que sería buena idea cambiar toda la estructura que el gobernador tenía en el partido y en los municipios; que colocara a su gente y, con eso, se quitara de encima la sombra del mandatario estatal.

Pero eso fue un grave error: Duarte, si bien no tenía una buena imagen, no había perdido elecciones en Veracruz (aplicando el “haiga sido como haiga sido”); en la elección previa de 2015, por ejemplo, el PRI arrasó con las diputaciones federales y llevaba buenos números.

Incluso, aunque a Héctor le cueste admitirlo, fueron los duartistas quienes le ayudaron a ganar como senador en 2012: el último gran triunfo en su carrera política.

Finalmente, el 5 de junio de 2016 se dio la debacle del PRI de la cual no se han recuperado: el otrora poderoso tricolor perdía por primera vez, en 86 años, la gubernatura de Veracruz, aunque la diferencia era de apenas cuatro puntos.

Héctor Yunes Landa y Javier Duarte de Ochoa, con sus pleitos de chamacos, pasarían a la historia como los primeros priistas que perdían la gubernatura: uno como candidato y otro como gobernador.

Con la premisa de que no era un triunfo aplastante, en el ambiente de los priistas había el ánimo de que la última palabra para revertir la elección la tendría el entonces presidente Enrique Peña Nieto o los tribunales electorales, pero eso nunca ocurrió.

De hecho, en esos días, cuando todavía se “peleaba” en la mesa el resultado, Héctor Yunes acudió a Casa Veracruz para ver a Duarte de Ochoa y pedirle ayuda; quería ver de qué manera se podía “ganar” la elección.

Con números en las manos, el entonces mandatario le dijo a Héctor que no se podía hacer nada: había 126 mil 484 votos de diferencia.

Palabras más, palabras menos, Duarte le recordó que fue él mismo quien desmanteló la estructura que tenían para ganar, incluso al interior del OPLE (especialmente en los consejos locales, coordinados por Gabriel Deantes, exsubsecretario de Finanzas y exsecretario de Trabajo, muy cercano al cordobés).

En resumen, el PRI podría haber ganado la elección de 2016, pero fue Héctor quien desarticuló por mano propia la maquinaria aceitada para hacerlo.

Y todo parece indicar que va ahora por la misma vía suicida de la derrota: crear un partido propio para tener una diputación plurinominal, porque en el PRI ya no lo querían y no le iban a dar otra, por lo que mejor renunció a su militancia de 45 años.

Pero las derrotas recientes del exsenador son constantes y verificables cuando va a las urnas: cuando creó el partido Todos por Veracruz, en junio de 2020, este apenas duró un par de años porque no pasó la prueba de la elección de 2021, sin alcanzar el 3% de la votación requerido por ley, por lo que terminó extinguido.

Eso sí: misteriosamente, le quedaron debiendo a medio mundo y alguien se quedó con el montón de dinero que juntaron entre prerrogativas, aportaciones y ventas de candidaturas.

Ahora, con su nuevo partido, se prevé una situación similar. Es prácticamente la misma película: mismo guión, misma dirección, mismos actores… aunque ya más cascaritas y necios.

Y es que, cuando se quiere seguir viviendo de la política, a veces ni las razones más evidentes hacen entender que hay momentos en los que uno debe retirarse y asimilar que ya son otros tiempos que necesitan sangre nueva. Ese es el caso de Héctor Yunes.

Pero ya sabe: es parte del show veracruzano. Disfrute la función.