* El arte textil abre espacios de encuentro y expresión entre colectivos y personas acompañantes, como parte del proyecto de egresada UV .
*Rocío Guadalupe Vázquez cursó la Especialización en Perspectiva Psicosocial en Atención a Víctimas de Desaparición de Personas
*Las piezas bordadas recuperan nombres y rostros para mantener presentes las historias de quienes faltan . Foto Rocío Guadalupe Vázquez, egresada de la Especialización en Perspectiva Psicosocial en Atención a Víctimas de Desaparición de Personas
/ Paola Cortés Pérez / Fotos: Omar Portilla Palacios /UV
18/08/2026, Xalapa, Ver.- El arte textil puede convertirse en una herramienta de memoria, denuncia y acompañamiento psicosocial para familiares de personas desaparecidas, al trasladar al espacio público una práctica históricamente vinculada con el ámbito doméstico y privado, afirmó Rocío Guadalupe Vázquez Domínguez, egresada de la Especialización en Perspectiva Psicosocial en Atención a Víctimas de Desaparición de Personas, impartida por la Universidad Veracruzana (UV).
En su proyecto “Bordando memoria, tejiendo resistencias: el arte textil en el acompañamiento psicosocial a familiares de personas desaparecidas”, exploró las posibilidades del bordado y el tejido como recursos para acompañar a colectivos, construir memoria y visibilizar las exigencias de verdad y justicia.
Vázquez Domínguez explicó que su interés por el tema surgió durante el primer semestre de la especialización, a partir de un trabajo sobre acciones contra la violencia institucional y social. Además, el acercamiento a las arpilleras chilenas (elaboradas por mujeres para representar la violencia durante la dictadura militar de Augusto Pinochet) la llevó a investigar distintas experiencias latinoamericanas en las que el arte textil se utiliza como medio de denuncia.
Pieza textil elaborada como parte del proyecto sobre memoria y acompañamiento psicosocial a familiares de personas desaparecidas
Del espacio privado a la denuncia pública
Rocío Guadalupe Vázquez comentó que el bordado y el tejido poseen una dimensión histórica relacionada con las mujeres y las labores de cuidado, reparación y trabajo doméstico; sin embargo, estas prácticas han sido resignificadas para denunciar problemáticas como los feminicidios y las desapariciones.
En este proceso, bordar los nombres de personas desaparecidas adquiere un significado particular, pues permite mantener presentes sus historias y hacer visible que detrás de cada uno existe una persona y una familia que continúa buscándola.
Enfatizó que el tiempo destinado a bordar constituye una forma de resistencia: elaborar un nombre puede tomar horas, por lo que dedicar ese tiempo a mantener viva la memoria representa una decisión y un posicionamiento político.
Compartió que la experiencia que tuvo al acompañar a un colectivo durante la marcha del 10 de mayo, cuando bordó dos nombres, le permitió experimentar directamente esa dimensión del trabajo textil.
Para la egresada de la especialización, llevar esta práctica al espacio público permite transformar una actividad tradicionalmente asociada con el ámbito privado en una acción colectiva de denuncia.
Bordar para acompañar
Durante el proyecto de investigación encontró que los actos de memoria son considerados por distintos colectivos como parte de los procesos de búsqueda. Después de años de acudir a instituciones y participar en búsquedas forenses y en vida, las familias también encuentran en la construcción de memoria una manera de continuar exigiendo justicia.
El bordado de nombres, fechas o cifras, visibiliza la problemática y la ausencia, al mismo tiempo que mantiene las historias de los desaparecidos
El trabajo colectivo con textiles permite generar espacios de encuentro y facilita que otras personas se incorporen a las acciones de acompañamiento; una de sus características es que resulta accesible, pues no requiere una formación especializada para participar, apuntó.
Vázquez Domínguez relató que durante las jornadas de bordado las conversaciones surgían de manera espontánea; mientras hacían las puntadas, hablaban sobre sus hijos, las instituciones, el dolor y las experiencias de las comunidades. Los silencios también formaron parte de estos encuentros.
Por ello, consideró que el bordado puede facilitar la comunicación y permitir que las familias se sientan acompañadas sin que el acercamiento profesional se convierta en una barrera.
Además de posibilitar la expresión emocional, la repetición de las puntadas genera un proceso de concentración que puede favorecer la comunicación con la memoria y las emociones.
Bordar los nombres, fechas, símbolos y retratos incorporados a las piezas textiles funcionan como vestigios de violaciones graves a los derechos humanos. Además, el coser durante varias horas el nombre de un hijo, hermano o familiar desaparecido establece una relación particular con aquello que se representa, señaló Vázquez Domínguez.
Esta actividad también representa una exigencia de justicia, porque las familias continúan para alcanzar la verdad, justicia y reparación; a través del bordado del nombre permite afirmar que esa persona falta, que se desconoce qué ocurrió con ella y que su búsqueda permanece vigente.
La construcción de memoria también contribuye a evitar que las desapariciones se normalicen y a combatir la revictimización de las familias. Frente a discursos que responsabilizan a las personas desaparecidas por su propia ausencia, el bordado coloca sus nombres y rostros en el espacio público.
Una herramienta para el acompañamiento psicosocial
Entre las principales aportaciones de su proyecto, la egresada destacó la posibilidad de incorporar el arte textil al acompañamiento psicosocial. Aunque existen diversas experiencias de arte, activismo y construcción de memoria relacionadas con las desapariciones, identificó la necesidad de fortalecer el vínculo entre estas prácticas y el acompañamiento especializado.
Consideró que puede ser una herramienta para profesionales de la psicología y el trabajo social, pero también para cualquier persona interesada en acompañar a familiares de personas desaparecidas, debido a que permite acercarse de manera accesible y no invasiva.
Su experiencia con los colectivos también le permitió comprender que el dolor no excluye la posibilidad de continuar con la vida cotidiana. Las familias pueden experimentar momentos de alegría y, al mismo tiempo, mantener presente la ausencia y continuar con las acciones de búsqueda.
Desde esta perspectiva, explicó que el acompañamiento psicosocial consiste en caminar junto a las familias, reconocer las violaciones a los derechos humanos y contribuir a sus procesos de organización, memoria y exigencia de justicia.
Vázquez Domínguez subrayó que este acompañamiento debe partir de una relación no jerárquica y de las necesidades expresadas por los propios colectivos. Las familias, dijo, han solicitado el respaldo y acompañamiento de la sociedad, por lo que también es necesario reconocer sus saberes y la fuerza que construyen colectivamente.
Consideró que su investigación representa el inicio de un camino que requiere continuidad académica e institucional. Señaló que hacen falta más profesionales formados en perspectiva psicosocial, así como respaldo de las instituciones académicas y de atención a víctimas para sostener los procesos de acompañamiento.
Por último, Rocío Guadalupe Vázquez reconoció al colectivo Enlaces Familiares Xalapa por sus acciones de memoria, en las que le permitieron acompañarlas y aprender de ellas.



