*Momento de Acotar
/ Francisco Cabral Bravo /
Con solidaridad y respeto a Rocío Nahle García y Ricardo Ahued Bardahuil
La seriedad es la única alta política. La seriedad es indispensable en todo político profesional y en toda política de gobierno. Que sean ciertos y no de mentiras. Que su palabra tenga un valor de escritura notarial y no de papel de baño.
No quisiera decir que la política mexicana no es seria, pero muchos afirman que no lo es, y no se encuentran razones suficientes para desmentirlos. No hay seriedad en la política interior ni en la exterior.
Es cierto que en todos nuestros gobiernos han existido imperdonables frivolidades circenses. Pero en cada uno de ellos, sin excepción, también hemos encontrado logros que ingresaron a nuestra historia.
En el circo, cuando no son serios, se mueren el domador, el trapecista y el pirómano. Entonces, los payasos entran de inmediato para distraer a los niños. En el circo, son serios desde la bailarina sobre el caballo, hasta el mozo que cierra las jaulas. En el circo, los payasos son muy serios. En la política, los payasos son muy repugnantes.
Aclaro que soy de la juventud del 68, por eso, me gusta la libertad, la tolerancia y la paz. Por las libertades luchamos hasta contra los presidentes. Pero, por ser de esa generación, me gusta la seriedad. Aprendí, muy bruscamente y muy dolorosamente, que la política es una bebida muy fuerte y que es algo demasiado serio. Vi como los que perdieron, se murieron y vi como los que ganaron se destruyeron.
La seriedad es el continente donde se resguardan los contenidos más valiosos del quehacer político, representados por los sentidos del honor, de la realidad, de la prudencia, de la paciencia, del tiempo, de la amistad, de la sinceridad, de la discreción, del desinterés, de la generosidad, de la gratitud, de la lealtad, de la humildad, de la responsabilidad, del deber, de la respetabilidad y de la autoridad.
Por los sentidos de la seguridad, de la sobrevivencia, de la dignidad, de la identidad, de la responsabilidad y de la pertenencia. Por último, solo me quedaría mencionar dos que me resultan básicos. El sentido de la verdad y el sentido de la vida.
Sin seriedad puede surgir el falso líder. El que se dice o se cree el líder, pero que no lo es. Estos falsos líderes pueden identificarse por sus costumbres. El líder cobarde usa escondite. El líder ratero usa antifaz. El líder traidor usa máscara. El líder tarugo usa babero. El líder perverso usa pañal. El líder servil usa trapeador. Y el líder cínico usa aplausos.
Los líderes sin seriedad son los que destruyen instituciones, los que atrofian sistemas y los que postergan generaciones. Los que ceden espacios y recuperables a la inseguridad, a la injusticia, al desempleo, a la enfermedad, a la desaparición y a la desesperanza.
En fin, la seriedad es un reino muy importante. Pero tiene muchas fronteras que lo asedian, muchos conspiradores que lo amarga y muchas exigencias que lo agobian. El respeto es su arma más potente y su más fuerte escudo.
En otro tema y tono etimológicamente, la palabra “monarquía” significa “gobierno de uno solo” o “mando de una sola persona”. Este término encuentra su origen en el griego monarkhia qué es el resultado de la unión entre “mónos” (uno, único, solo) y “arkhia” (mandar, gobernar, guiar).
Los antiguos griegos emplearon este término para descubrir un Estado o sistema político regentando por un único soberano. Por otro lado, aunque el término “narquía” no existe como tal en el diccionario de la RAE, este se usa cada vez más para inventar términos tales como “narcocracia”, relacionados con gobiernos cuyo control lo detentan los narcotraficantes. ¿Será que pronto, a ese intento de monarca, relacionado con el narcotráfico, le recordaremos popularmente como “Mo Narco”?
El Instituto Nacional Electoral puede contar segundos. Puedes registrar cuántas veces aparece una candidatura y cuánto tiempo recibe. Lo que no puede hacer es entrar en la cabeza de un periodista para decidir qué intención escondía una ironía, un sarcasmo o una crítica. No es solo un problema jurídico. Es también neurocientífico. La Sala Superior del Tribunal Electoral acaba de ponerle un alto. Conviene entender por qué.
El 9 de julio el Consejo General del INE aprobó el acuerdo INE/CG350/2026, con la metodología para monitorear los programas de radio y televisión durante las precampañas y campañas federales 2026-2027. El ejercicio es legítimo.
La ley se lo ordena: observar la cobertura y hacer públicos los resultados.
La neurociencia lo demuestra desde hace años. Un estudio con pacientes con lesiones cerebrales focales encontró que comprender el sarcasmo depende de integrar procedimiento afectivo y capacidad de adoptar la perspectiva ajena, con participación de regiones prefrontales ventromediales derechas. No se trata de patologizar la discrepancia interpretativa, este punto demuestra algo más útil: inferir sarcasmo es una operación cognitiva, falible y variable entre personas. No es la constatación física de un hecho.
El monitoreo es legítimo mientras mida la mediable: tiempos, frecuencia, presencia, formatos.
La ironía no cabe en una base de datos. El Estado puede contar segundos: no puede leer mentes. Una democracia soporta cualquier sarcasmo. Lo que no soporta es una autoridad que dictamine con sello oficial lo que piensan sus periodistas.
En otro orden de ideas aprender a leer es casi un pequeño milagro y cambia todo el mundo de una persona.
Pero también estoy seguro que lady comprender lo que se lee son dos cosas distintas. Podemos celebrar que una niña, un niño ya junta letras, pronuncia palabras y termina una oración. Pero ¿entendió lo que decía? ¿Puede explicarlo con sus propias palabras? ¿Relacionarlo con otra idea? ¿Darse cuenta de que un personaje está triste, aunque el texto nunca utilice la palabra?
Parece una diferencia pequeña. No lo es. Comprender lo cambia todo. ¿Pero por qué? La comprensión lectora es una de esas habilidades que nos seguirán siendo útiles después de concluir la educación obligatoria. Comprender lo que se necesita únicamente para la clase de español. ¿Cómo se resuelve un problema de matemáticas si no se comprende de qué se está preguntando? ¿Cómo se aprende historia si no se puede identificar la idea principal de un texto? ¿Cómo se realiza un experimento si no encontramos el significado en las instrucciones?
El problema es que esa historia se ha caracterizado por la discontinuidad y por no ajustar la política educativa de acuerdo con la evidencia, sino con la ideología política del momento. Unas evaluaciones sustituyen a otras, las instituciones desaparecen y las series se interrumpen. No basta con que los niños y las niñas estén inscritos en la escuela. No basta con que asistan, pasen de grado puedan leer en voz alta. El derecho a estar en la escuela sólo adquiere pleno sentido cuando se acompaña del derecho de aprender. Pero si no sabemos si nuestras niñas y niños comprenden lo que leen, ¿cómo podemos afirmar que están aprendiendo? Comprender un cuento cambia la experiencia de leerlo. Comprender un problema cambia la posibilidad de resolverlo.
Comprender una noticia cambia nuestra relación con el mundo punto comprenderlo cambia todo.
Para finalizar todo político tiene el derecho constitucional de permanecer callado. Jamás debe desaprovechar ese valioso derecho. Siberio dijo que somos nuestras palabras. Es muy cierto, sobre todo en la política. El discurso nos dice si el gobernante es inteligente o estúpido, si es valiente o cobarde, si es sincero o mentiroso, si es bravo o bravero, si es prudente o miedoso, si es leal o traidor, si es es patriota o apátrida. Las muchas palabras son muy costosas. No existe la media paz, ni existe la media guerra. Solo una de ellas prevalecerá.

