*Mis proyecciones en el espejo.
/ Por: Paula Roca /
Porque las acciones pesan mil veces más que las palabras.
Mi armonía aparece cuando hay congruencia, cuando lo que digo y lo que hago caminan en el mismo sentido.
Muchos pregonan, opinan y se creen sabios al hablar de otros, pero pocos sostienen con el cuerpo lo que declaran con la boca. Es más fácil observar el andar ajeno que detenerse a mirar el propio camino… hasta que un tropiezo te obliga a hacerlo.
Hablar de los demás es sencillo; mirarnos de frente, no tanto.
Cuántas veces habitamos espacios donde todos creen saber cómo arreglar la vida del otro, y sin embargo en esas opiniones no hay sabiduría: hay proyección. Hay desvelo sin conciencia, ruido sin sustento, juicios sin conclusión. Un limbo que no conduce a nada.
La autenticidad requiere valentía.
La valentía de conocernos, incluso en lo que no nos gusta. A veces aquello que tanto nos molesta del otro no es más que una forma de sacar lo nuestro. ¿Te ha pasado?
Aceptar que no somos perfectos, pero que somos, es uno de los grandes dilemas de la vida… y también su mayor aprendizaje.
Hace poco viví un suceso que me lastimó profundamente, provocado por alguien que jamás imaginé que pudiera romperme. Al decir adiós y soltar ese sentimiento, me permití reflexionar, observar y cuestionarme.
Y al hacerlo, entendí algo esencial: el corazón se protege de las palabras ajenas, y la única persona que conoce la verdad soy yo.
Mi lugar en el universo y mi propio corazón me llevaron a actuar con autenticidad. Decidí no forzar, no explicar, no reaccionar. Solo caminar en silencio.
Porque cuando alguien habla desde el ego, lo único que ofrece son proyecciones y una verborrea útil para salvar el momento, pero incapaz de sostener un cambio real entre lo que dice y lo que hace.
A veces hay que dar un paso atrás para volver a uno mismo.
Entender quiénes somos sin ruido, sin máscaras.
Porque cuando algo se cree por dentro, el afuera lo manifiesta… y actúa solo.
Lo auténtico vive en la aceptación.
No me exijo de más. La vida es proceso.
A veces callo antes de iniciar mi camino y avanzo con continuidad. Entendí que mi parte reactiva nace cuando estoy en lugares donde no encajo, y por eso mi círculo se ha ido haciendo más pequeño. Los tumultos agotan cuando hay demasiado ruido.
Hoy manifiesto crecer para avanzar con continuidad.
Y es rico vivir así: caminando sin pregonar, cuidando la calma, confiando en que cuando no sepa qué hacer o decir, el silencio hablará por mí.
Y desde el alma, en esos intervalos del tiempo, actuaré desde la paz…
y quizá, sin ruido, deje huellas que no borren las olas,
esas mismas que me llevarán a la orilla para continuar mi camino.












