* Hoy inicia la revisión del T-MEC.
20.07.2026 El gobierno de Canadá respondió con firmeza a la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles adicionales de 50 por ciento a una amplia lista de productos canadienses, al considerar que la medida contradice los compromisos comerciales establecidos en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y representa un nuevo factor de incertidumbre para la economía de América del Norte.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, calificó la decisión de Washington como una acción incompatible con las reglas que rigen el comercio regional y advirtió que su administración analizará todas las opciones previstas en los mecanismos internacionales para defender los intereses del país. Al mismo tiempo, reiteró que Ottawa mantiene la disposición de resolver el conflicto mediante negociaciones con la administración estadounidense.
“La medida viola el espíritu y los compromisos del T-MEC”, sostuvo Carney al reaccionar a las órdenes ejecutivas firmadas por Trump, quien justificó los nuevos gravámenes al acusar a Canadá de aplicar un trato discriminatorio a productos estadounidenses como automóviles, bebidas alcohólicas y lácteos.
Lejos de anunciar represalias inmediatas, el gobierno canadiense optó por mantener abierta la vía diplomática. Carney señaló que su prioridad será intensificar las conversaciones con Washington para evitar una mayor escalada comercial que afecte a empresas, trabajadores y consumidores de ambos lados de la frontera.
“La disputa comercial ya ha tenido consecuencias para nuestras economías y debemos encontrar una solución mediante el diálogo”, expresó el primer ministro, quien aseguró que Canadá seguirá defendiendo un comercio basado en reglas claras y previsibles.
La respuesta de Ottawa se produjo horas después de que la Casa Blanca anunciara aranceles de 50 por ciento sobre una extensa lista de productos canadienses, entre ellos vino, cemento, artículos deportivos, muebles, textiles y diversos bienes manufacturados. Las nuevas tarifas fueron emitidas al amparo de la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición utilizada por primera vez en casi un siglo para responder a lo que Washington considera prácticas comerciales discriminatorias.
Aunque la medida afecta a numerosos bienes comercializados bajo el T-MEC, el gobierno estadounidense informó que algunos sectores estratégicos, como la energía, la potasa, los minerales críticos y el pescado, quedaron excluidos de los nuevos gravámenes.
La reacción canadiense también fue respaldada por líderes empresariales y autoridades provinciales. La Cámara de Comercio de Canadá pidió privilegiar las negociaciones para evitar mayores afectaciones a las cadenas de suministro integradas de Norteamérica, mientras que el primer ministro de Ontario, Doug Ford, afirmó que su provincia analizará posibles medidas de respuesta si no se alcanza un acuerdo con Washington.
Especialistas en comercio internacional advierten que la nueva ofensiva arancelaria llega en un momento particularmente delicado, cuando los tres socios norteamericanos se preparan para la revisión del T-MEC. Una confrontación prolongada podría complicar ese proceso y afectar industrias altamente integradas, como la automotriz, la agroalimentaria y la manufacturera.
Estados Unidos y Canadá mantienen una de las relaciones comerciales más importantes del mundo. Cada día cruzan la frontera bienes y servicios con un valor de miles de millones de dólares, por lo que cualquier incremento en los costos de importación puede repercutir en los precios al consumidor, la competitividad de las empresas y la estabilidad de las cadenas de producción regionales.
Hasta el momento, el gobierno de Carney no ha anunciado la imposición de aranceles recíprocos por esta nueva medida, aunque dejó claro que evaluará todas las herramientas jurídicas y comerciales disponibles si las conversaciones con Washington no prosperan. Con ello, Canadá busca evitar que el diferendo escale hacia una guerra comercial de mayores dimensiones, en un momento en que el futuro del T-MEC vuelve a colocarse en el centro de la agenda económica de América del Norte.


