*Canadá duplica el gasto en defensa y firmar 12 acuerdos comerciales estratégicos en solo seis meses.
* Deja claro el fin de la “Ficción Diplomática” y el nacimiento de una Canadá Resistente.
20.01.2026 Davos Suiza.- En lo que ya se califica como el discurso más desafiante de un líder canadiense en décadas, el Primer Ministro Mark Carney sacudió los cimientos del Foro Económico Mundial este martes.
Con una retórica fría y técnica, propia de su pasado como banquero central, pero cargada de una firmeza política inédita, Carney anunció el fin del “orden internacional basado en reglas” y llamó a las potencias medias a rebelarse contra la “coerción económica” de las grandes potencias, en una clara alusión a la administración de Donald Trump.
Inspirándose en el disidente checo Václav Havel, Carney comenzó su intervención denunciando que el mundo ha estado viviendo bajo una “mentira confortable”. Según el mandatario, el sistema liderado por Estados Unidos desde la posguerra no solo está en transición, sino en una “ruptura total”.
“Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo el orden internacional basado en reglas. Participamos en este ritual y evitamos denunciar la brecha entre la retórica y la realidad… Pero esa ficción ya no es útil. Estamos ante el comienzo de una realidad brutal donde la geopolítica de las grandes potencias no tiene restricciones”, advirtió.
Sin mencionar a Trump por su nombre, pero con el eco de las recientes amenazas de aranceles del 25% y la retórica sobre la anexión de Canadá, Carney fue tajante: “La nostalgia no es una estrategia”.
El núcleo del mensaje de Carney se centró en cómo la interdependencia económica, que antes se veía como una garantía de paz, se ha transformado en un instrumento de sumisión. En una de las frases que más resonó en el auditorio, el Primer Ministro advirtió sobre los peligros de la dependencia absoluta de un solo socio comercial:
“No se puede ‘vivir dentro de la mentira’ del beneficio mutuo a través de la integración, cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte a ti mismo”.
Carney denunció que las potencias hegemónicas están utilizando “los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar”. Ante este escenario, defendió la nueva política de su gobierno de diversificar agresivamente sus exportaciones hacia Europa y Asia para dejar de ser “rehenes” de los humores de Washington.
El discurso también sirvió para marcar una “línea roja” sobre la soberanía territorial en el norte. Tras las polémicas declaraciones de Trump sugiriendo la compra de Groenlandia y publicando mapas donde la bandera de EE. UU. cubre a Canadá, Carney reafirmó el compromiso militar y diplomático de Ottawa.
“Canadá se mantiene firme junto a Groenlandia y Dinamarca. Apoyamos plenamente su derecho exclusivo a determinar su propio futuro. El imperialismo no tiene cabida en el Ártico del siglo XXI”.
Hacia el final de su intervención, Carney lanzó una advertencia a otros países como Australia, Japón o las naciones de la UE. Les instó a abandonar las negociaciones bilaterales que, según él, solo conducen a la capitulación.
“Cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece y competimos entre nosotros para ver quién es el más complaciente. Eso no es soberanía; es la ‘actuación’ de la soberanía mientras se acepta la subordinación. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú”.
La nota dominante en Davos fue de asombro ante la claridad de Carney. Al duplicar el gasto en defensa y firmar 12 acuerdos comerciales estratégicos en solo seis meses, Canadá está enviando un mensaje: el país ya no espera a que Washington regrese a la normalidad.
Carney cerró su discurso con una nota de realismo crudo: el mundo de los “castillos y fortalezas” será más pobre y frágil, pero Canadá está decidida a ser la fortaleza más resistente de todas. “Hemos quitado el cartel de la ventana”, concluyó, asegurando que Ottawa ya no fingirá que las viejas reglas siguen vigentes mientras otros las pisotean.












