*Los apoyos buscan que las mujeres puedan iniciar o fortalecer proyectos productivos sin adquirir una deuda desde el comienzo.
*Foto: Gobierno de la CDMX / Entre las beneficiarias hay adultas mayores, mujeres indígenas y afrodescendientes.
/Escrito por Georgina Monroy Vázquez /
10.10.2026 /CimacNoticias.com/ Iniciar un taller mecánico, comprar herramientas para abrir una carpintería, fortalecer la producción de muñecas artesanales o comenzar un negocio de alimentos son algunos de los proyectos que emprenderán mujeres de distintas edades y condiciones con el apoyo de Capital Semilla para la Autonomía Económica de las Mujeres en la Ciudad de México.
El Gobierno capitalino entregó el segundo paquete de Capital Semilla correspondiente a 2026, con el que mil 109 mujeres de la tercera generación recibieron un apoyo único de 25 mil pesos no reembolsables.
Con las tres generaciones, el programa suma cerca de 4 mil mujeres beneficiarias y una inversión de alrededor de 100 millones de pesos, de acuerdo con las autoridades capitalinas. Las dos primeras generaciones reunieron a 2 mil 831 emprendedoras, quienes posteriormente pudieron avanzar hacia un esquema de microcréditos mediante una alianza con el Fondo para el Desarrollo Social de la Ciudad de México (Fondeso).
Durante la clausura de la tercera generación, realizada en el Teatro de la Ciudad, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, planteó que el propósito del programa es que las mujeres puedan generar ingresos propios y tomar decisiones sobre su futuro.
“Tenemos ya 4 mil historias, 4 mil proyectos caminando y 4 mil mujeres diciéndole a esta ciudad: yo puedo producir, yo puedo emprender, yo puedo generar mis propios ingresos y yo puedo decidir mi futuro”, expresó.
Capital para emprender sin comenzar con una deuda
Una de las características del programa es que el apoyo económico no llega como un crédito que las beneficiarias deban devolver. La estrategia parte de entregar primero capital semilla y posteriormente ofrecer alternativas de financiamiento a quienes necesiten consolidar sus negocios.
Brugada Molina explicó que una segunda etapa contempla financiamientos de entre 10 mil y 100 mil pesos para mujeres que ya tienen un negocio y requieren recursos para fortalecerlo.
La diferencia, señaló, es comenzar el proceso sin obligar a las emprendedoras a endeudarse desde el inicio.
El programa contempla además un proceso de formación en economía, finanzas personales, contabilidad, mercadotecnia, inteligencia artificial, derechos, liderazgo, autoestima y empoderamiento. De acuerdo con las autoridades, la asistencia a las sesiones semanales de esta generación alcanzó 89 por ciento.
La Secretaría de las Mujeres capitalina ha planteado la autonomía económica como un proceso que combina recursos, capacitación, acompañamiento y construcción de redes. Un modelo de la dependencia contempla, además del capital semilla y el microcrédito, mentorías feministas para las participantes.
Mujeres que emprenden pese a las desigualdades
La entrega de recursos ocurre en un contexto en el que las responsabilidades de cuidado continúan representando una barrera para la autonomía económica de las mujeres.
Según María Elena Esparza Guevara, coordinadora general del programa Capital Semilla, 75 por ciento de las beneficiarias de esta generación tiene responsabilidades de cuidados, mientras que 88 por ciento son jefas de familia, de acuerdo con las cifras presentadas durante el acto.
Esparza detalló que, entre las mil 109 mujeres de la tercera generación, 19 por ciento vive en Territorios de Paz; 15 por ciento pertenece a comunidades indígenas, pueblos originarios o es afrodescendiente, y 14 por ciento son adultas mayores.
También forman parte del programa madres buscadoras y mujeres que buscan reconstruir su vida económica después de haber estado privadas de la libertad.
Para la secretaria de las Mujeres, Daptnhe Cuevas Ortiz, el objetivo no es únicamente entregar dinero, sino que las participantes desarrollen habilidades y redes que les permitan avanzar en sus proyectos.
Carpinteras, mecánicas y artesanas
Los proyectos apoyados también muestran una diversificación de las actividades económicas en las que participan las mujeres.
Entre las beneficiarias se encuentra Samantha, de 23 años, quien utilizará el recurso para poner en marcha un taller mecánico y Concepción, de 83 años, vecina de Tepito, quien iniciará un negocio de ropa y accesorios.
También está Francisca, artesana tsotsil y mazahua de 58 años, quien fortalecerá la producción de muñecas Lele.
Otra de las beneficiarias es Silvia, quien después de haber estado privada de la libertad comenzará un negocio de alimentos en Milpa Alta.
Los proyectos de la tercera generación incluyen también reparación de motocicletas, bicicletas, celulares y computadoras, arquitectura digital, laboratorios de impresión 3D y educación canina.
Para Brugada, estas experiencias muestran que el emprendimiento femenino no se limita a actividades tradicionalmente asociadas con las mujeres y que los recursos pueden contribuir a preservar saberes y abrir oportunidades para mujeres de distintas edades.
La mandataria también señaló que el gobierno capitalino buscará convertirse en un aliado para la consolidación de estos negocios, incluso mediante la compra de bienes y servicios producidos por las beneficiarias y el acompañamiento para su formalización.
El reto: que los proyectos puedan sostenerse
El programa contempla que las mujeres que concluyan esta primera etapa puedan avanzar hacia otros mecanismos de financiamiento. Las primeras generaciones ya comenzaron ese proceso mediante microcréditos en alianza con Fondeso.
Brugada adelantó además que se buscará organizar una feria para que las beneficiarias puedan exhibir y comercializar sus productos en espacios públicos como el Zócalo, el Monumento a la Revolución o la Magdalena Mixiuhca.
La apuesta, de acuerdo con las autoridades, es que los 25 mil pesos sean el punto de partida y que los emprendimientos puedan convertirse en fuentes sostenibles de ingresos.
El programa parte así de una premisa: para que las mujeres puedan ejercer plenamente su autonomía, no basta con reconocer su capacidad para emprender. También se requieren recursos, formación y condiciones que permitan que esos proyectos sobrevivan y crezcan

