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03.01.2026. La operación militar estadounidense en Caracas, que culminó con la captura y extracción de Nicolás Maduro, generó una inmediata y amplia reacción en la comunidad internacional.
Gobiernos de distintas regiones se pronunciaron en cuestión de horas, trazando una línea de apoyo y rechazo que refleja las tensiones geopolíticas en torno a Venezuela y al papel de Washington en América Latina.
Entre los países que respaldaron la acción figuran Estados Unidos y sus aliados más cercanos en el continente, como Colombia, Chile y Ecuador, que justificaron la intervención en términos de defensa de la democracia y protección de los derechos humanos.
Estos gobiernos señalaron que la negativa de Maduro a aceptar una salida negociada y su historial de violaciones sistemáticas a las libertades fundamentales hacían inevitable una medida de fuerza.
El apoyo europeo a la acción estadounidense fue limitado y concentrado en aliados estratégicos de Washington como el Reino Unido y los países del este, mientras que las principales potencias de la UE se mantuvieron críticas o prudentes.
En Europa, los países que expresaron apoyo explícito a la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro fueron principalmente el Reino Unido y algunos gobiernos del este europeo, como Polonia y los Estados bálticos. España y gran parte de la Unión Europea se distanciaron, llamando a la desescalada y a soluciones diplomáticas.
Países europeos que respaldaron la acción.
El Reino Unido fue uno de los primeros en pronunciarse, señalando que la operación abría la posibilidad de una transición democrática en Venezuela y que la captura de Maduro debía ser seguida por un proceso institucional legítimo.
Polonia y los gobiernos de Estonia, Letonia y Lituania también manifestaron apoyo, en línea con su tradicional cercanía a Washington en materia de seguridad internacional. Estos países justificaron la intervención como una medida necesaria para poner fin a un régimen que consideraban ilegítimo y violador de derechos humanos.
Países que se mostraron cautelosos o críticos.
España, Francia, Alemania e Italia se pronunciaron con cautela. En sus comunicados oficiales subrayaron la necesidad de respetar el derecho internacional y evitar precedentes de intervenciones militares unilaterales. España, en particular, rechazó el uso de la fuerza y se ofreció como mediador en la crisis.
Francia y Alemania insistieron en que la salida debía ser negociada y coordinada en el marco de Naciones Unidas o de la Unión Europea. Italia se alineó con esta postura, destacando que la estabilidad regional no puede construirse sobre acciones militares externas.
Contexto europeo
La división en Europa refleja las tensiones habituales en política exterior: mientras algunos gobiernos se alinean con Washington en defensa de la democracia y la seguridad hemisférica, otros mantienen la tradición de privilegiar soluciones diplomáticas y multilaterales..
La Unión Europea, como bloque, no emitió un respaldo conjunto a la operación militar, limitándose a pedir respeto al derecho internacional y protección de la población civil.
España
La posición oficial de España frente a la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela fue de rechazo al uso de la fuerza y de llamado a la desescalada. El Gobierno español pidió moderación, respeto al derecho internacional y se ofreció a mediar en la crisis.
El Ministerio de Asuntos Exteriores instó a la desescalada y a la moderación tras el ataque militar estadounidense en Caracas. El presidente Pedro Sánchez reclamó respeto al derecho internacional y subrayó que la salida a la crisis debe ser negociada. La vicepresidenta Yolanda Díaz calificó la operación como una agresión imperialista, reforzando la línea crítica hacia Washington. El canciller José Manuel Albares reiteró que España no avala la acción militar y se ofreció a desempeñar un papel de mediación en la transición venezolana.
España, como miembro de la Unión Europea, mantiene una política tradicional de apoyo a soluciones diplomáticas y negociadas en América Latina. En este caso, se distanció de los gobiernos que respaldaron la operación militar y se alineó con la postura europea de evitar escaladas bélicas.
En síntesis, España no apoyó la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela ni la captura de Nicolás Maduro; su posición fue de cautela, crítica y disposición a mediar.
En contraste, varios países manifestaron su rechazo frontal. México, Brasil y Bolivia denunciaron la incursión como una violación de la soberanía venezolana y advirtieron sobre el precedente que sienta en la región.
Rusia y China se sumaron a las críticas, acusando a Washington de actuar unilateralmente y de desestabilizar el orden internacional.
Para estos gobiernos, la captura de Maduro constituye un acto de intervención que contradice los principios de no injerencia y autodeterminación de los pueblos.
Rusia, China, Cuba y Nicaragua se ubicaron claramente en el bloque de rechazo a la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, denunciando la acción como una violación de la soberanía y del derecho internacional.
La división internacional tras la operación militar refleja la fractura geopolítica: mientras aliados de Washington en América y Europa celebraron la captura de Maduro como un paso hacia la transición democrática, potencias como Rusia y China, junto con gobiernos aliados de Caracas como Cuba y Nicaragua, denunciaron la intervención como un precedente peligroso.
Rusia
El Ministerio de Exteriores ruso calificó la operación como un “acto de agresión militar” y expresó “profunda preocupación” por la escalada en la región. Moscú insistió en que América Latina debe seguir siendo una “zona de paz” y pidió resolver la crisis mediante el diálogo.
China
La Cancillería china condenó enérgicamente el ataque, señalando que “viola el derecho internacional” y constituye un “uso descarado de la fuerza contra un país soberano”. Pekín pidió respeto a la Carta de Naciones Unidas y advirtió que la acción amenaza la paz y la seguridad en América Latina.
Cuba
El presidente Miguel Díaz-Canel denunció el “criminal ataque” de Estados Unidos y exigió una reacción internacional inmediata. El canciller Bruno Rodríguez calificó la operación como un acto cobarde contra un país que no ha agredido a Washington, subrayando que la “Zona de Paz” regional fue violentamente vulnerada.
Nicaragua
El gobierno de Managua manifestó respaldo absoluto a Caracas y exigió la liberación de Nicolás Maduro. En un comunicado oficial, reclamó “restaurar la soberanía regional” y denunció que la paz fue gravemente afectada por la acción militar estadounidense.
Contexto diplomático.
El escenario que se abre es de alta tensión diplomática. La oposición venezolana busca consolidar una transición con respaldo internacional, pero el rechazo de actores clave como Moscú, Pekín y La Habana anticipa un debate prolongado en organismos multilaterales y un pulso por la legitimidad de la acción estadounidense.
La reacción de organismos multilaterales también fue diversa. La Organización de Estados Americanos celebró la posibilidad de una transición democrática, mientras que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños expresó preocupación por el uso de la fuerza y llamó a un diálogo regional.
Naciones Unidas, por su parte, se limitó a pedir respeto al derecho internacional y a la protección de la población civil en medio de la crisis.
El escenario que se abre tras la operación militar es de alta complejidad.
La división internacional refleja tanto las alianzas estratégicas como las disputas ideológicas que atraviesan la política global.
Mientras algunos gobiernos ven en la acción de Estados Unidos una oportunidad para cerrar un ciclo de autoritarismo en Venezuela, otros la interpretan como una amenaza al equilibrio regional y un retroceso en las normas de convivencia internacional.
La captura de Maduro y la reacción inmediata de los países marcan el inicio de una etapa de redefinición política en Venezuela y de debate intenso en el ámbito diplomático.
El desenlace dependerá no solo de la capacidad de la oposición para consolidar una transición ordenada, sino también del grado de respaldo o resistencia que la comunidad internacional otorgue a este nuevo capítulo en la historia venezolana.











