Claudia Sheinbaum impulsa reglas para la IA en las campañas, pero descarta usar la regulación para censurar

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14.09.2026. Ciudad de México.- La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo volvió a colocar este lunes 14 de septiembre el uso de la inteligencia artificial y las plataformas digitales en el centro de la discusión electoral, al considerar necesario establecer reglas frente a la posibilidad de que bots, algoritmos y contenidos fabricados o manipulados sean utilizados para alterar la conversación pública, difundir noticias falsas o influir artificialmente en la percepción de los votantes.

El planteamiento ocurre apenas unos días después del inicio formal del proceso electoral 2026-2027 y coloca a la tecnología como uno de los nuevos frentes de disputa política rumbo a los comicios de 2027. El Instituto Nacional Electoral informó que el proceso federal comenzó formalmente el 10 de septiembre y que la jornada electoral está prevista para el 6 de junio de 2027.

Durante su conferencia matutina de este lunes, Sheinbaum sostuvo que la discusión debe abrirse particularmente alrededor de la inteligencia artificial y las redes sociales, pero marcó una frontera: regular no debe significar censurar aquello que las personas publican o piensan.

La presidenta planteó que el problema no reside únicamente en que una herramienta de IA pueda generar una imagen, un audio, un video o un texto falso, sino en la capacidad que existe actualmente para hacer que ese material circule de manera masiva y llegue a grandes cantidades de personas en cuestión de minutos.

Su preocupación se concentra especialmente en el terreno electoral, donde una falsificación puede ser utilizada para atribuir declaraciones inexistentes a una candidata o candidato, fabricar imágenes, modificar discursos, generar audios con voces clonadas o presentar como espontánea una tendencia que en realidad fue impulsada mediante cuentas automatizadas.

La mandataria consideró que este fenómeno debe ser discutido antes de que la tecnología tenga una presencia todavía mayor en las campañas políticas.

La discusión no parte de cero. Desde hace meses, Sheinbaum ha advertido que la inteligencia artificial está modificando la manera en que se producen y distribuyen contenidos políticos. Sin embargo, este lunes retomó el tema en un momento particularmente sensible: el proceso electoral de 2027 ya está formalmente en marcha.

Uno de los puntos que ha identificado como prioritarios es la utilización de bots. La preocupación consiste en que cuentas automatizadas puedan multiplicar artificialmente determinados mensajes y generar la impresión de que existe un respaldo social mucho mayor al que realmente tienen.

El riesgo no se limita a una noticia falsa aislada. Una operación digital puede combinar contenido generado mediante inteligencia artificial, cuentas automatizadas, publicidad, algoritmos de recomendación y difusión coordinada para instalar una narrativa en la conversación pública.

En ese escenario, el número de reproducciones, comentarios o publicaciones deja de ser necesariamente un indicador de respaldo ciudadano.

La presidenta ya había explicado en agosto que una tendencia en redes puede ser fabricada artificialmente. En aquella ocasión señaló que las herramientas de inteligencia artificial permiten producir contenidos de manera acelerada y que detrás de determinadas tendencias pueden encontrarse bots y no necesariamente personas reales.

El planteamiento de este lunes, sin embargo, tiene una diferencia importante: la discusión ocurre cuando el proceso electoral federal de 2027 acaba de comenzar.

Para la autoridad electoral y para los partidos, esto significa que la contienda se desarrollará en un entorno tecnológico todavía más complejo que el de 2024. La capacidad de producir contenidos sintéticos se ha incrementado y las herramientas capaces de imitar rostros, voces y estilos de comunicación son cada vez más accesibles.

El propio INE ya incorporó el problema de la desinformación y la inteligencia artificial en sus lineamientos para la cobertura periodística del proceso electoral 2026-2027. El instituto advirtió que una imagen puede fabricar un hecho y que un video puede construir una realidad inexistente, mientras que las redes permiten que esos materiales sean distribuidos con enorme rapidez.

La preocupación de Sheinbaum coincide así con un problema que las autoridades electorales ya identifican como un desafío para los próximos comicios: la velocidad con la que una falsificación puede alcanzar a una audiencia masiva antes de que pueda ser verificada o desmentida.

Pero la presidenta también ha insistido en que cualquier regulación debe evitar convertirse en censura.

Ese punto fue nuevamente central en su postura de este lunes. La discusión, según el planteamiento presidencial, debe enfocarse en establecer reglas para determinados usos de la tecnología y no en entregar al gobierno una facultad para decidir qué opiniones pueden permanecer en internet.

La diferencia es sustancial. Una cosa sería obligar a identificar un contenido generado artificialmente, transparentar quién pagó por una campaña digital o sancionar una operación de bots diseñada para alterar artificialmente una tendencia; otra muy distinta sería retirar una publicación simplemente porque contiene una crítica política o una opinión incómoda.

Sheinbaum ha sostenido que la ciudadanía debe tener elementos para reconocer cuándo está frente a contenido producido o manipulado mediante inteligencia artificial.

Esa propuesta ya había aparecido en la reforma electoral que su gobierno presentó este año. En febrero, la presidenta anunció que su iniciativa contemplaba regular el uso de inteligencia artificial durante los procesos electorales y prohibir los bots utilizados con fines de propaganda política. La propuesta también planteaba otorgar atribuciones al INE para actuar ante productos de difusión que incumplieran las reglas.

En marzo, además, explicó que uno de los mecanismos que se pretendía incorporar consistía en advertir de manera visible cuando una pieza de campaña hubiera sido elaborada mediante inteligencia artificial. La finalidad era que el votante no confundiera una producción sintética con una imagen o declaración real.

Esa propuesta no prosperó en los términos planteados, pero el problema tecnológico no desapareció.

Ahora, con el proceso electoral ya iniciado, la presidenta vuelve a colocar el asunto sobre la mesa.

La dimensión de la discusión aumenta por el tamaño de los comicios de 2027. No se trata únicamente de la renovación de la Cámara de Diputados. También estarán en juego cargos locales y 17 gubernaturas, por lo que la circulación de información política tendrá múltiples escenarios simultáneos.

En ese contexto, una operación digital podría tener efectos distintos según la entidad, el candidato o el momento de la campaña.

Una falsificación difundida durante una contienda cerrada puede tener consecuencias particularmente graves si logra instalarse antes de que las autoridades, medios de comunicación o equipos de campaña puedan verificarla.

El desafío también alcanza a periodistas y medios de comunicación. El INE ha recomendado verificar los contenidos que circulan en redes antes de amplificarlos y diferenciar entre información, opinión y propaganda. Sus lineamientos para el proceso electoral incluyen además referencias específicas al uso de inteligencia artificial, desinformación, violencia política, igualdad de género y discursos de odio.

La discusión adquiere otra dimensión cuando se considera que la IA puede ser utilizada para fabricar contenidos que aparenten provenir de una persona real.

Una candidata podría aparecer diciendo algo que nunca dijo. Un candidato podría ser presentado en una situación inexistente. Una voz podría ser clonada para atribuirle una declaración falsa a una persona pública. Incluso una fotografía puede ser alterada para crear una escena que jamás ocurrió.

El problema, por tanto, ya no consiste solamente en identificar una mentira escrita. La tecnología permite fabricar evidencias audiovisuales capaces de parecer auténticas.

A esto se suma la capacidad de los algoritmos para determinar qué contenidos ve cada usuario. Dos personas pueden recibir versiones completamente diferentes de la conversación política dependiendo de sus intereses, hábitos digitales y comportamiento en las plataformas.

Por eso la regulación que plantea Sheinbaum enfrenta un desafío doble: establecer mecanismos contra la manipulación y, al mismo tiempo, evitar que esos mecanismos terminen restringiendo el debate público.

La propia presidenta ha reconocido que se trata de una discusión delicada y que debe involucrar a distintos sectores de la sociedad. Su planteamiento no consiste únicamente en que el gobierno determine las reglas de manera unilateral, sino en abrir una discusión sobre los alcances y límites de estas herramientas.

El momento político también es determinante.

México ya se encuentra formalmente dentro del proceso electoral 2026-2027. El calendario electoral coloca a las instituciones frente a una carrera contra la evolución tecnológica: las reglas electorales deben ser suficientemente claras para enfrentar nuevas formas de manipulación, pero no tan amplias que puedan convertirse en instrumentos para controlar la conversación política.

El objetivo que plantea Sheinbaum es que el ciudadano pueda distinguir entre una opinión, una propaganda, una noticia y un contenido manipulado.

La pregunta que queda abierta es quién determinará cuándo una utilización de inteligencia artificial constituye una práctica sancionable, qué autoridad tendrá competencia para intervenir, cuáles serán las pruebas necesarias para demostrar una operación coordinada y cómo se garantizará que una medida contra la desinformación no termine afectando la libertad de expresión.

Ese será uno de los debates que acompañarán las elecciones de 2027.

Porque la inteligencia artificial ya forma parte de la política mexicana. La discusión que comienza ahora es si las instituciones podrán establecer reglas antes de que las campañas electorales se conviertan en un terreno donde distinguir entre una declaración auténtica y una fabricación digital resulte cada vez más difícil.

La diferencia clave respecto de la versión anterior es que aquí las declaraciones de hoy, 14 de septiembre, son el eje de la nota; las referencias a febrero, marzo y agosto están utilizadas únicamente como antecedentes y no como si hubieran ocurrido esta mañana.