Coexistencia temporal

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/ Peniley Ramírez /

La molestia por las facturas de nómina duplicadas en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que afecta a más de siete mil empleados, se agudizó esta semana. La situación ha llegado a un punto clave: este jueves, el Pleno de Delegados del Sindicato Nacional de Profesores de Investigación Científica y Docencia envió una carta al director general, Joel Omar Vázquez, “invitándolo a considerar su permanencia” en su puesto y exigiéndole que aplique “sanciones correspondientes a la gravedad del caso”.

La carta es el capítulo más reciente de una escalada que escribí en mi columna anterior. Está enviada con copia a las autoridades federales y a la opinión pública. Dice que las “facturas duplicadas” de cuatro quincenas de 2025 se expidieron en junio de 2026, “cinco meses después de lo que marca el SAT para hacer correcciones fiscales de esta naturaleza”. El sindicato califica el caso como “irregularidad, dolosa y grave omisión, franca irresponsabilidad”. Y confirma: el INAH “nunca alertó a los trabajadores y, mucho menos, ofreció una explicación a los afectados. Los perjudicados nos enteramos de manera fortuita”.

La manera fortuita fue que una empleada administrativa notó que había facturas duplicadas en su portal del SAT y alertó a sus colegas. El sindicato escribió en su carta que está revisando la información directamente con el SAT y verificando con los bancos cuánto dinero se ha depositado. “Algunas facturas están duplicadas, pero en una importante cantidad de casos existen discrepancias por miles de pesos”.

Este dinero, dice el sindicato, supuestamente se pagó, pero no figura entre los depósitos que recibieron los trabajadores. “Actualización, como ustedes dicen, error o simulación para desviar recursos al final es un hecho muy grave, aunque usted, a través de sus funcionarios, intente minimizarlo”, le escribió el sindicato al director del INAH.
En los últimos días, los sindicatos han pedido que el Instituto realice una investigación y una auditoría externa de sus finanzas y que pague los gastos si este asunto afecta a los trabajadores en sus declaraciones de impuestos.

El 4 de agosto, los representantes de los cuatro sindicatos de empleados del INAH enviaron una carta conjunta al director. Dijeron que hay “falta de atención y de respuesta”. Los afectados solicitan reuniones urgentes para “informar sobre el origen de las irregularidades detectadas”. Y advierten al INAH: “De persistir la omisión institucional, esta Unión de Sindicatos ejercerá las acciones administrativas, laborales y jurídicas que correspondan”.

En otro comunicado interno, uno de los sindicatos informó a sus agremiados que la versión del INAH es que no se duplicaron las facturas, sino que se realizó una “actualización de los comprobantes fiscales”. Un experto independiente les dijo: el Instituto debe aclarar cómo esta “actualización” puede afectar su declaración fiscal.

Algunos empleados han recibido respuestas del Instituto a sus oficios en los que exigen cuentas. Vi las respuestas oficiales. Son unos mensajes llenos de tecnicismos que los dejaron más confundidos, me dijeron. El resto de mis fuentes sigue esperando respuestas por escrito.

Esta semana, el INAH me envió una carta de réplica a mi columna anterior. Fue muy enfático: dijo que no hubo facturas dobles, sino una “coexistencia temporal” de facturas por un “desfase técnico”. Que fue solo una “sustitución” de facturas, “un procedimiento administrativo y fiscal”. Les envié otro cuestionario. Respondieron que las facturas originales de 2025 “ya no tienen validez” porque fueron “canceladas y sustituidas”. Añadió que la decisión de sustituirlas se debió a una revisión interna. Pedí copia de la resolución. Respondieron que se decidió “en una reunión de trabajo” y que “no se requirió un documento que plasmara dicha determinación e instrucción”. Es decir, no hay ningún documento que indique cómo se tomó la decisión.

Pregunté cómo han informado a los trabajadores. El INAH dijo que “proporcionó las aclaraciones correspondientes”. Sin embargo, los sindicatos, en sus cartas, difieren claramente de esta postura. El asunto parece lejos de estar resuelto. Mientras el INAH insiste en que todo está aclarado, los sindicatos y sus agremiados responden: nada de eso.