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25.09.2026.– El Gobierno de Colombia formalizó la ruptura de relaciones diplomáticas con Irán, una medida que entró en vigor el pasado 19 de septiembre y que fue hecha pública esta semana por el Ministerio de Relaciones Exteriores, en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente.
La Cancillería colombiana explicó que la decisión forma parte del giro de la política exterior impulsada por el presidente Abelardo de la Espriella y responde a criterios relacionados con la seguridad nacional y hemisférica, así como con la lucha contra el crimen transnacional.
En su comunicado, el Ministerio señaló que fueron considerados los “presuntos vínculos” del Gobierno iraní con grupos terroristas internacionales y organizaciones narcoterroristas que, según Bogotá, representan una amenaza para la seguridad colombiana. La dependencia también mencionó las violaciones de derechos humanos atribuidas a las autoridades iraníes dentro de su territorio.
Otro de los elementos señalados por Colombia son los ataques registrados contra países de Medio Oriente que, de acuerdo con la Cancillería, no forman parte directamente del conflicto. A ello agregó el bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica para el transporte internacional de hidrocarburos.
Bogotá sostuvo que el conjunto de estos acontecimientos provocó un deterioro de la confianza entre ambos gobiernos. La Cancillería también incluyó entre los argumentos la obstrucción de las labores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para verificar el alcance del programa nuclear iraní.
La decisión, sin embargo, no significa la ruptura de las relaciones consulares. Colombia precisó que continuarán vigentes los mecanismos consulares entre ambos países, conforme a las disposiciones de las Convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Relaciones Consulares.
La Dirección de Protocolo de la Cancillería colombiana indicó que comunicará a las autoridades iraníes los procedimientos que deberán seguirse a partir de la terminación de los vínculos diplomáticos. Colombia mantiene la atención de sus relaciones con Irán desde su embajada en Turquía, con acreditación concurrente para territorio iraní, mientras Teherán cuenta con una embajada en Bogotá.
Las relaciones diplomáticas entre Colombia e Irán comenzaron formalmente el 28 de abril de 1975. Aunque durante las últimas décadas hubo variaciones en el nivel de representación, ambos países conservaron vínculos diplomáticos y suscribieron acuerdos en áreas como cultura y asuntos consulares. Durante el gobierno de Gustavo Petro se mantuvieron los contactos bilaterales.
La ruptura ocurre en paralelo con un cambio en las prioridades internacionales del nuevo gobierno colombiano. La administración de De la Espriella ha reforzado sus vínculos con Estados Unidos y restableció las relaciones diplomáticas con Israel, después de que el gobierno de Petro las suspendiera en mayo de 2024 por la ofensiva israelí en Gaza. En julio, el nuevo Ejecutivo anunció también el restablecimiento de los vínculos con Israel y el fortalecimiento de la cooperación bilateral.
La reacción iraní fue de rechazo. El embajador de Irán en Colombia, Ahmed Reza Kheirmand, cuestionó los argumentos utilizados por Bogotá, particularmente la referencia a los “presuntos vínculos” con grupos terroristas y organizaciones narcotraficantes. El diplomático sostuvo que las acusaciones carecen de pruebas concretas y calificó la decisión como irresponsable.
El Gobierno iraní también cuestionó la interpretación colombiana sobre los ataques registrados en Medio Oriente y defendió su posición en el conflicto, al argumentar que las acciones iraníes deben analizarse en el contexto de las operaciones militares iniciadas previamente por Estados Unidos e Israel contra Teherán.
La ruptura diplomática se produce mientras la confrontación regional mantiene efectos sobre las rutas energéticas y la seguridad internacional. El estrecho de Ormuz es uno de los principales corredores marítimos para el transporte mundial de petróleo y gas, por lo que las restricciones a la navegación en esa zona han generado preocupación entre gobiernos y mercados internacionales.
Con la decisión anunciada por Bogotá, los vínculos diplomáticos quedan suspendidos, mientras los canales consulares permanecen abiertos. El Gobierno colombiano sostiene que la defensa de la soberanía y la protección de sus ciudadanos serán ejes de su política exterior, mientras Irán rechaza los argumentos utilizados para justificar la ruptura.

