*IMPRONTA
/ Carlos Miguel Acosta Bravo /
La cerrada victoria de Abelardo De la Espriella en Colombia no es únicamente un acontecimiento electoral colombiano. Es, probablemente, una de las señales más claras de que América Latina está entrando en una nueva etapa política marcada por el desgaste de los gobiernos progresistas y el ascenso de liderazgos de derecha que prometen orden, seguridad y confrontación directa con los problemas que más preocupan a la población.
Que De la Espriella haya obtenido apenas una ventaja de un punto porcentual sobre la izquierda demuestra que Colombia sigue profundamente dividida. Sin embargo, el resultado adquiere una dimensión mucho mayor cuando se observa junto a otros fenómenos recientes en la región. Argentina eligió a Javier Milei, Ecuador respaldó a Daniel Noboa, El Salvador consolidó el liderazgo de Nayib Bukele y Chile optó por José Antonio Kast. Ahora Colombia parece sumarse a una tendencia que algunos analistas ya describen como un giro continental hacia la derecha.
Detrás de este fenómeno existe un denominador común: el voto de castigo. La inseguridad, la inflación, la desaceleración económica, la corrupción y la percepción de impunidad han provocado que millones de ciudadanos comiencen a desconfiar de los proyectos políticos que dominaron gran parte de la última década. Más que una adhesión ideológica a la derecha, lo que parece observarse es una búsqueda desesperada de soluciones ante problemas que los gobiernos no han logrado resolver.
México no está aislado de esta dinámica. Morena sigue siendo la fuerza política más poderosa del país, controla la Presidencia de la República, cuenta con una amplia mayoría de gobernadores y mantiene una estructura electoral difícil de igualar. Sin embargo, también enfrenta desafíos que hace algunos años parecían impensables.
Las acusaciones de presuntos vínculos entre actores políticos y organizaciones criminales, así como los señalamientos provenientes de Estados Unidos contra funcionarios y exfuncionarios relacionados con Morena, han comenzado a erosionar uno de los principales activos del movimiento, su imagen de renovación frente a los partidos tradicionales.
El problema para Morena no es únicamente jurídico. Incluso si algunas acusaciones no prosperan en tribunales, el costo político puede ser considerable. La historia electoral latinoamericana demuestra que muchas veces los ciudadanos no votan con base en expedientes judiciales, sino en percepciones públicas. Cuando una fuerza política deja de representar esperanza y comienza a asociarse con privilegios, corrupción o impunidad, el desgaste suele acelerarse.
Por ello, las elecciones de 2027 podrían convertirse en mucho más que una disputa por gubernaturas y congresos locales. Existe la posibilidad de que se transformen en una especie de referéndum sobre la continuidad del proyecto de la Cuarta Transformación. La pregunta de fondo no será quién administra mejor cada estado, sino si los ciudadanos desean premiar o castigar al partido gobernante.
Morena todavía tiene margen para evitar ese escenario. Puede apostar por una narrativa de defensa de la soberanía nacional frente a las presiones estadounidenses, fortalecer los mecanismos internos de control y deslindarse de perfiles cuestionados. Pero también enfrenta el riesgo de que los problemas de seguridad y las sospechas de corrupción terminen contaminando la imagen de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La oposición, por su parte, tiene una oportunidad que no había tenido en años. No porque haya construido una propuesta sólida y unificada, sino porque el desgaste del partido gobernante puede abrir espacios que antes parecían cerrados. Su reto será convencer a los ciudadanos de que representa una alternativa real y no simplemente el regreso de los viejos actores políticos.
La elección colombiana deja una lección para toda América Latina, ninguna fuerza política es invencible. Los gobiernos que alguna vez parecieron imbatibles han comenzado a enfrentar el mismo fenómeno que durante años benefició a la izquierda, el hartazgo ciudadano.
Si la tendencia regional continúa, México podría encontrarse ante una competencia electoral mucho más cerrada de lo que hoy sugieren las encuestas. Y si Morena no logra contener el desgaste derivado de la inseguridad, la corrupción y las acusaciones que pesan sobre algunos de sus cuadros, el país podría sumarse al ciclo político que ya se observa en buena parte del continente, el avance de una derecha fortalecida por el voto de castigo y por la demanda social de orden y resultados.
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Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte.


