*
17.03.2026 . Cada semana, al menos 5 veces por semana el usuario del chat compartía sus memes sexistas, que muy pocos le festejaba o hacía eco. Sin embargo persistía. Otro compartía pornografia o esgrimia insultos o comentarios misóginos contra las mujeres que, alguna festejaba y se unía al coro machista pese a que se notaba lo amargo de su vida.
Los comentarios, epítetos y chistes sexistas forman parte de una violencia simbólica que atraviesa la vida diaria de las mujeres y personas disidentes de género. Aunque muchas veces se disfrazan de bromas, u “opiniones inocentes”, en realidad reproducen estereotipos que sostienen la desigualdad y legitiman otras formas de violencia más visibles y más atroces .
El sexismo verbal se manifiesta en frases que cuestionan la capacidad de las mujeres para ocupar espacios de poder, que reducen su valor a la apariencia física o que las responsabilizan de cumplir roles tradicionales de cuidado, en lugar de reconocer su valía.
Estas expresiones, lejos de ser inofensivas, refuerzan la idea de que existe un orden natural en el que los hombres dominan y las mujeres obedecen. Y así se dirigen a ellas, como si las mujeres empoderadas les escucharan: les ordenan, les gritan, insultan, les dan órdenes y las cuestionan, como rounds de sombra .
Son sujetos, en su mayoria, alrededor de entre 50 y 90 años, que usualmente descalifican a quien ni siquiera saben ellas que existen o les ignoran. Usualmente comparten memes con chistes sexistas arcaicos que repiten y repiten; difunden pornografia y sistemáticamente descalifican a mujeres en el poder, con un lenguaje marcadamente diferenciado de como tratan a los hombres en contraste con ellas. No soportan que alcancen poder pues para este tipo de individuos, la mujer no tiene la capacidad para superar a los hombres.
El impacto de estos comentarios no es menor: generan inseguridad, minan la autoestima y normalizan la exclusión. Además, crean un ambiente hostil que limita la participación plena de las mujeres en la vida pública y privada lo que incluso puede derivar en la violencia machista extrema: los feminicidios.
En el ámbito laboral, se evidencia más su complejo de inferioridad en los comentarios sexistas que suelen aparecer cuando se duda de la competencia de la mujer para dirigir un proyecto (politico, laboral o social), exigiéndole demostrar más que a sus colegas varones, o cuando se le recuerda que su “verdadero lugar” está en otro lado.
En la política, se traducen en burlas sobre su llegada al poder restándoles merecimiento; intentan continuamente minimizarlas, estigmatizarlas, difamarlas, descalificarlas, sin mostrar una sola evidencia de lo que a diario opinan.
También se dedican a hablar de la vestimenta, de su apariencia física, edad o la vida personal de las candidatas, invisibilizando sus propuestas y reduciendo su participación a un ejercicio negativo o espectáculo.
En los espacios educativos, el sexismo se reproduce cuando se desalienta a las niñas a elegir carreras científicas o tecnológicas o deportivas, bajo la idea de que “no son para ellas”, lo que se repite en el Congreso donde reparten comisiones en el mismo tono.
En los medios de comunicación, se perpetúa al presentar a las mujeres como indignas de detentar un cargo importante, o que tengan éxito o que les supere. Suelen verlas como objetos de deseo, y luego suelen ridiculizar sus denuncias de violencia y acoso.
El enfoque de género permite entender que estas expresiones no son hechos aislados, sino parte de un sistema que sostiene la desigualdad y creencias arcaicas que promueven la cosificación de las mujeres con todo lo que ello implica. Violencias como acoso, hostigamiento, acecho, abuso, desapariciones y feminicidios cada día con mayor atrocidad.
Reconocerlo es el primer paso para desmontar los mecanismos que legitiman la violencia. Y no solo se refiere a hombres que lo practican sino a mujeres que les aplauden por ignorancia.
La respuesta no puede ser el silencio ni la tolerancia, sino la construcción de espacios donde el respeto y la igualdad sean la norma.
Combatir los comentarios sexistas implica cuestionar las prácticas cotidianas, visibilizar su daño y promover una cultura que valore la diversidad y la dignidad de todas las personas. Solo así se podrá avanzar hacia una sociedad en la que la palabra no sea un instrumento de exclusión, sino de reconocimiento y justicia.













