Cómo identificar lenguaje sexista y violencia de género en columnas de opinión

*Editorial

BPnoticias.-   El análisis de textos periodísticos y columnas de opinión desde un enfoque de género es una tarea indispensable para comprender cómo se reproducen, de manera explícita o sutil, las desigualdades entre hombres y mujeres en el discurso público.

No se trata únicamente de detectar insultos o ataques directos, sino de reconocer los matices del lenguaje que perpetúan estereotipos, invisibilizan a las mujeres o las colocan en posiciones subordinadas.

El análisis de columnas desde un enfoque de género exige atención a los detalles del lenguaje, a las formas de nombrar y describir, y a las narrativas que se construyen alrededor de las mujeres.

La violencia de género puede ser evidente o sutil, pero siempre deja huella en la manera en que se perciben y valoran las mujeres en la sociedad. Detectarla y señalarla es un paso fundamental para avanzar hacia un periodismo que no reproduzca desigualdades, sino que contribuya a erradicarlas.

La violencia de género en los medios puede manifestarse tanto en formas abiertas como en expresiones simbólicas, y aprender a identificarla es clave para construir un periodismo más equitativo y responsable.

El lenguaje sexista suele aparecer en columnas de opinión a través de referencias innecesarias al género de las personas mencionadas. Por ejemplo, cuando se utiliza el término señora para referirse a una mujer en un contexto político, mientras que a los hombres se les nombra únicamente por su cargo o apellido.

Este tipo de diferenciación introduce un sesgo que no aporta información relevante y que refuerza la idea de que la condición femenina es un rasgo que debe subrayarse.

Otro matiz frecuente es el uso de diminutivos o apelativos familiares para referirse a mujeres en posiciones de poder, lo que transmite una percepción de inferioridad o falta de seriedad.

También es importante observar cómo se construyen las narrativas alrededor de las mujeres. Si se les presenta como excepciones, como figuras que deben demostrar constantemente su capacidad, o si se enfatizan aspectos de su vida privada que no se mencionan en el caso de los hombres, estamos frente a un discurso sexista.

La invisibilización es otra forma de violencia simbólica: cuando las mujeres no son mencionadas en procesos políticos o sociales en los que participan, se les borra del relato y se refuerza la idea de que su presencia es secundaria.

La violencia de género en columnas puede manifestarse en distintos niveles. En el plano explícito, se da cuando se utilizan insultos, descalificaciones o estereotipos negativos dirigidos a una mujer por el hecho de serlo. En el plano simbólico, aparece cuando se emplea un lenguaje que refuerza roles tradicionales, como asociar a las mujeres únicamente con la maternidad, la emotividad o la dependencia.

En el plano estructural, se refleja cuando las columnas reproducen narrativas que justifican la exclusión de las mujeres de espacios de poder o minimizan y rechazan sus aportes.

Detectar estos matices requiere una lectura crítica que vaya más allá del contenido político o ideológico de la columna. Es necesario preguntarse cómo se nombra a las mujeres, qué atributos se destacan de ellas, si se les juzga con criterios distintos a los hombres y si se les coloca en posiciones subordinadas dentro del relato.

También conviene observar si se utilizan metáforas o expresiones que refuercen estereotipos de género, aunque no sean insultos directos.

Pero ejemplo que se repite es “Claudia es la presidenta pero el que gobierna es AMLO”, ese tipo de afirmación puede analizarse también desde un enfoque de género.

En el debate político, muchas veces se cuestiona la autoridad de una mujer en el poder sugiriendo que un hombre es quien realmente toma las decisiones. Este tipo de narrativas pueden convertirse en violencia simbólica porque restan legitimidad al liderazgo femenino y refuerzan la idea de que las mujeres no gobiernan por sí mismas, sino bajo la tutela de un hombre.

Aunque la crítica política es válida y necesaria, cuando se formula en esos términos puede reproducir estereotipos de género: la mujer como figura decorativa o secundaria, el hombre como verdadero conductor del poder.

La violencia de género en columnas o discursos no siempre se expresa con insultos directos. A veces aparece en estas formas más sutiles:

  • Poner en duda la capacidad de una mujer para ejercer un cargo, atribuyendo sus decisiones a un hombre cercano.
  • Minimizar sus logros o presentarlos como continuidad de otro liderazgo masculino.
  • Usar expresiones que la colocan en un rol subordinado, aunque ostente la máxima autoridad.

Por eso, cuando analizamos textos periodísticos o políticos, es importante distinguir entre la crítica legítima a las políticas de gobierno y el sesgo de género que puede estar implícito en cómo se describe quién ejerce realmente el poder.

En este caso, decir que “ella es presidenta pero gobierna él” puede ser leído como un cuestionamiento político, pero también como un matiz de violencia simbólica si se utiliza para deslegitimar su autoridad por el hecho de ser mujer.

El periodismo con enfoque de género busca precisamente desmontar estas prácticas y promover un lenguaje inclusivo y equitativo. Reconocer la violencia de género en columnas no significa censurar la crítica política o ideológica, sino señalar cuando esa crítica se apoya en prejuicios de género que perpetúan desigualdades. Al hacerlo, se contribuye a dignificar la presencia de las mujeres en el espacio público y a construir un discurso más justo y plural.