¿Cómo la ven?

Banner

* Cristal de Roca.

/ Escrito por Cecilia Lavalle /

Este 17 de octubre me encantaría visitar a los diputados constituyentes de 1917 y también al General Solís, tengo un par de cosas que contarles.

Le pongo en contexto: La democracia moderna nació a fines del siglo XVIII con la deliberada exclusión de las mujeres.

En México, mujeres zacatecanas demandaron su derecho a la ciudadanía tan pronto terminó la Independencia. Pero los integrantes del Primer Congreso Constituyente (1824) ni las voltearon a ver.

A las que sí voltearon a ver fue a las sufragistas de 1916. No les quedó más remedio he de agregar. Hermila Galindo escribió una carta al Congreso Constituyente, y junto con Edelmira Trejo lideró una manifestación a las puertas del Teatro Iturbide, en Querétaro, donde sesionaba el Congreso.

Les dijeron que no bajo el argumento de que las mujeres “…no sienten la necesidad de participar en los asuntos públicos… ni sus intereses se han desvinculado de los miembros masculinos de la familia”. Tal cual.

Las sufragistas siguieron trabajando en contra de la injusticia de negarnos el derecho al voto. Y los hombres del poder siguieron negándose una y otra vez bajo similares argumentos. De hecho, 30 años después, en 1947, cuando los esfuerzos de las sufragistas abrieron la puerta para que las mujeres pudieran votar en elecciones municipales, el general Manuel de J. Solís le envió una carta al presidente Alemán.

Le dice que no veía el caso de conceder (sic) igualdad de derechos ciudadanos a las mujeres “sin limitación, supremacía ni preponderancia entre el hombre y la mujer”.

 “La mujer mexicana -continúa- jamás abandonará su bella misión y el candor de amor maternal, por dar preferencia a la ilusión política, excepto pequeño grupo otoñal que ya en el tramonto de la vida tiene marchita el alma…”.

Así que si pudiera visitar a los diputados del Congreso Constituyente de 1917 y al general Solís, les diría algo así:

Disculpen que interrumpa su descanso en paz, pero tenía que contarles. Las mujeres conseguimos nuestro derecho al voto un 17 de octubre de 1953. Y fíjense que no pasó casi nada. Ni la patria estuvo en peligro, ni se abandonaron los hogares, ni salimos en masa a votar.

Lo que sí pasó, es que ahora votamos más que los hombres, durante más tiempo en nuestra vida y participamos más en la organización de las elecciones.

Miren, en las recientes elecciones presidenciales, las mujeres mexicanas votaron en un 64.3%, superando a los hombres por 9.5 puntos porcentuales, quienes registraron 54.8 %. Y esta diferencia no solo se mantiene respecto a elecciones anteriores, sino que se ha ampliado. Y no sólo en las elecciones presidenciales, también en las intermedias. Y no sólo en las elecciones federales, también en las estatales.

Además, votamos más durante un arco largo de tiempo.  De los 18 a los 70 años. Los del grupo otoñal, más bien invernal, son los hombres. Votan más que las mujeres sólo a partir de los 70 años.

Por eso, la experta Karolina Gilas sostiene que “La democracia mexicana es, en buena medida, una democracia sostenida por mujeres”.

¿Cómo la ven?

Por cierto, tenemos una mujer como presidenta, y otro día les cuento de la reforma constitucional por la paridad.

Sigan descansando en paz. Si pueden.

www.cecilialavalle.com [email protected] @cecilia.lavalle.t

*Periodista de Quintana Roo, feminista e integrante de la Red Internacional de periodistas con visión de género

Cimac Noticias