Con el 2026, seamos realistas…

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Por Mónica Garza.

Dicen que “más vale malo por conocido”, aunque la forma en la que cerró el 2025 no es más alentadora por sernos familiar, ni hace mayor la esperanza aunque ésta “es la última que muere”.

Claro que México llega al 2026 con ilusión, pero con una sensible gran diferencia, difícil de asimilar cuando la herida es profunda en justicia y otras promesas que despidieron el año diluidas en prácticas que creímos superadas.

Tantas cosas quedaron inexplicables, por ejemplo desde la misma institución que asesta duros golpes a las más peligrosas células del crimen organizado, pero que, al menos hasta el año pasado, resultó incapaz ante una banda pequeña y burda, conocida como Bloque Negro, “misterioso” y eficaz para generar una violencia con la que luego algunos puedan justificar la represión.

Una represión que en 2025 probó sofisticarse en el mundo virtual con la llamada Guerra de bots. Granjas digitales que se activan perfectamente coordinadas contra cualquiera que denuncie o cuestione en redes sociales alguna realidad incómoda sobre una institución o figura de poder.

La libertad de expresión en México es indudablemente uno de los grandes retos que el 2025 le dejó al 2026, que llegó poniendo de manifiesto lo fácil que es boletinar a alguien como “agresor”, “violentador” o “terrorista”, por informar o expresar una opinión.

El 2026 llegó anunciando una nueva condición de país donde pensar distinto expone, desgasta, agota…

Y el contraste es brutal cuando vemos quedar libre a un personaje siniestro como El Mochaorejas, por “fallas al debido proceso”, en un caso sobredocumentado, de un sistema judicial que puede ser extremadamente garantista, cuando quiere.

Mientras que en otro contraste, políticos sobreprotegidos celebraron la llegada del nuevo año como si nada debieran, sabiendo que en el 2026 probarán que la única “Barredora” que los involucra, es la que pasó a allanarle el camino a sus desprestigios…

En la Ciudad de México, en materia de justicia e inteligencia el 2025 dejó un pendiente entre silencios, que parecieran apostar al olvido sobre la memoria de Ximena Guzmán y José Muñoz. ¿Quién los mató?, ¿por qué? ¿Nos lo dirá el 2026?…

¿Será este nuevo año el que recalcule el feminismo oficial de este extraño “tiempo de mujeres”, que en el legislativo cobijó con faldas misóginas a personajes como Cuauhtémoc Blanco o Gerardo Fernández Noroña?, indefendibles desde cualquier lógica realmente feminista, en una clara consigna selectiva.

Afortunadamente contrastó en ese sentido, el último día del año, la sentencia de 60 años de prisión para Javier López Zavala, excandidato priísta a la gubernatura de Puebla —y a dos personas más— por el feminicidio de Cecilia Monzón.

Un fallo histórico en materia de violencia de género en México, que ojalá se sostenga con la secuencia de más actos de justicia en contra de violentadores, sin importar sus filias políticas o de poder.

Pero la violencia nuestra de cada día, no dio tregua para el inicio de año, enlutando a una comunidad de por sí ya bastante adolorida, Zapopan fue escenario de una cruenta balacera en plena zona residencial.

Cada tiro nos recordó que el riesgo ya no sólo está en los “lugares equivocados”, sino en cualquier casa, con familias atrapadas en el fuego cruzado al interior de su hogar…

Es la dramática expresión de la normalización de la violencia urbana que el Estado tiene pendiente poder contener. ¿Lo conseguirá en el 2026?

Como pendiente quedó convencer a los hijos del poder de contener sus impulsos suntuarios incongruentes, como la estampa que dejó para cerrar el año, nuevamente el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, José Ramón López Beltrán, saliendo de la tienda de una de las marcas más exclusivas del mundo.

Y nada tendría de malo, si toda esa familia no se hubiera llenado la boca con falsos discursos de austeridad que nunca han podido honrar. Y no importa si compró un perfume o sólo entró a mirar, el mensaje quedó claro una vez más:

La austeridad de muchos, será el alimento de los excesos de otros siempre cercanos al poder. Nada cambia, todo sigue igual…

Así, la última semana del 2025 dejó mensajes poco alentadores para el 2026:

Sobre la justicia, que sigue sin ser igual para todos, en un Poder Judicial cuya autonomía está sostenida con alfileres; sobre el derecho a la protesta, que ahora tiene un costo y puede ser muy alto; sobre la crítica al sistema de gobierno, que puede acabar en los tribunales contra el que se expresa.

En resumen, el discurso se quiebra cuando los hechos no lo acompañan. ¿Tendrá el 2026 la capacidad de marcar alguna diferencia?