Concurso de Bordado Palestino en el Museo Nacional de las Culturas

  • La convocatoria estará abierta del 6 de mayo al 31 de agosto de 2026
  • La antropóloga Alejandra Gómez Colorado refiere que el traje palestino es símbolo de historia, resistencia e intercambio de saberes entre mujeres

El arte del bordado en Palestina, conocido como tatreez, fue inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2001; pasado un lustro, esta práctica, transmitida por generaciones de mujeres, se ve amenazada por el desplazamiento forzado de este pueblo que, aun en la diáspora, se aferra a preservar sus tradiciones, saberes y cultura.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del Museo Nacional de las Culturas del Mundo (MNCM), invita a participar en el Concurso de Bordado Palestino, cuya convocatoria, abierta del 6 de mayo al 31 de agosto de 2026, puede consultarse en este hipervínculo.

Orientado a difundir los valores simbólicos, estéticos y culturales de Palestina mediante la expresión textil, el certamen está dirigido a creadoras y creadores textiles, artesanas y artesanos, estudiantes y público interesado. Se espera recibir prendas únicas, hechas a mano con la técnica de punto de cruz, donde los hilos cuenten una historia sobre la cultura tradicional de Palestina, la cual se desvanece a raíz de la ocupación militar israelí en Gaza y Cisjordania.

Sobre la raigambre del traje tradicional palestino, la directora del MNCM y especialista en el tema, Alejandra Gómez Colorado, señala que es necesario entender la interrelación social de Sham: amplia región del mundo árabe. En el también llamado Levante mediterráneo, se podía viajar y comerciar con libertad; pero con la creación de Israel (en 1948), esta dinámica se interrumpió y afectó la elaboración de los trajes tradicionales.

En esta región multiétnica y multiconfesional que —bajo el dominio otomano— abarcó los actuales territorios de Siria, Líbano, Palestina, Israel y Jordania, así como partes de Turquía, los campesinos solían ir a ciudades como Damasco, Jerusalén, Belén, Hebrón y Haifa para intercambiar sus productos agrícolas por telas, hilos y joyería con los cuales confeccionar sus trajes tradicionales.

Ahí, las mujeres palestinas encontraban algodón de Galilea, hilos de oro y plata de Jerusalén y Belén, seda de Siria y lino de Egipto. Con esta materia prima, se reunían en casa de algunas de ellas para coser y bordar, acompañadas por sus hijas.

En general, componen el atuendo un vestido amplio llamado thob, una chaqueta y un velo, los cuales suelen ir adornados con bordados de motivos como aves, árboles y flores: indicativos de la región de procedencia, el estado civil y la condición socioeconómica de cada mujer.

“El traje tradicional posee características particulares: por ejemplo, el grueso del bordado —tanto de los grupos nómadas beduinos del sur de Palestina, Sinaí y Beersheba como el de las poblaciones campesinas sedentarias— se forja poniendo todo el peso en el cuello y en la parte baja del vestido”.

“En la indumentaria beduina también se insertan piedras y ribetes azules, además de amuletos, para evitar el mal de ojo. El rojo y el naranja en los bordados indican que son trajes de mujeres casadas, y todo está elaborado en punto de cruz”, señala.

Estos diseños no solo revelan belleza artística, sino que detrás de su creación está la comunión en un espacio donde las mujeres pueden hablar abiertamente de temas diversos que van del casamiento a la política y problemas comunitarios, pero también aprender habilidades intelectuales fundamentales como la aritmética.

Gómez Colorado explica que las guerras de 1948 y 1967 ocasionaron la pérdida de poblados palestinos (para el momento, se calculaban más de 400) o su cambio radical en la medida en que sus habitantes fueron desalojados.

Esto supuso una transformación en la dinámica de la creación textil, pues en los campos de refugiados de Jordania, Siria, Líbano y Gaza las mujeres llevaron sus tejidos a otros objetos domésticos como cojines, manteles, servilletas, etcétera, los cuales tuvieron una utilidad comercial para allegarse de ingresos.

Por estas y otras razones —finaliza la antropóloga—, el traje tradicional palestino es un símbolo de historia y resistencia.