“Conócete a ti mismo”

*CON SINGULAR ALEGRÍA

/ POR GILDA MONTAÑO HUMPHREY /

Recién acabo un libro de una maravillosa mujer mexicana. Ella es del Estado que se ha destacado en forma significativa, por ser el más importante del país y es de la mera capital: Toluca. Ella hace muchos, muchos años se animó a vivir sin miedo, y a ser La primera en todo. La primera diputada federal; la primera notaría pública; la primera jueza conciliadora de Toluca; la hacedora de la Escuela de Enfermería de la UAEM; la primera abogada, junto con su hermana Lugarda, egresada de la UNAM; la primera en aquel terrible tiempo, en que a las mujeres: no se les tomaba en cuenta.

Así que, para que les de un poco de alegría, les contaré un hermoso relato que acabo de escribir. “Conócete a ti mismo”, es una de las premisas más importantes del Templo de Delfos.  Las ruinas del Templo de Apolo en Delfos, se remontan al siglo IV a C. Fue edificado sobre los restos de un templo anterior, fechado en el siglo IV a C. que a su vez fue erigido en el emplazamiento de otro del siglo VII a C. Su construcción se atribuye a los arquitectos Trofonio y Agamedes. Porque así me la imagino a ella: Remedios Albertina Ezeta Uribe.

“No importa esperar tanto tiempo. Me puedo quedar muy quieta, debajo de las estrellas. Siempre supe lo que quería, desde que tengo memoria. Por eso he trabajado tanto. Los ojos de mis hijos me persiguen. En el día brillante y en la obscuridad. Por eso voy a ver a la Pitonisa, para que me diga qué y cómo hacerle, para que sus corazones vuelvan a latir. ¿Será que estoy jugando a adivinar la historia de mi vida?

 

Sus corazones tendrán que ser recuperados. Están tan duros y fríos como los cristales, que dejé junto a sus ventanas. Esos de brillantes filos por todos lados que son fuertes como los diamantes más fuertes. Habrá que resucitarlos. ¿Podré?

 

Camino y camino, y no encuentro la manera de llegar al Templo de Apolo. Me cuesta un trabajo indecible. Días, horas… es interminable. Sé que llegaré, porque están cerca miles de vides instaladas en el camino. Uvas rojas y blancas, y también nueces caídas al paso de los Robles. Después cambia todo: encuentro arbustos de maravillosos Laureles plantados en el camino.

 

Viajo en el tiempo y llego. El lugar está cerca y sigo en el camino… El Templo de Apolo me espera. Veo a lo lejos, el valle del Pleistos, junto el Monte Parnaso. Allí está enfrente Delfos. Y el gran, el permanente letrero que seguirá vivo a lo largo de toda la eternidad. “Conócete a ti mismo”, junto a 147 sentencias de virtudes y valores dadas a la humanidad, desde hace más de dos mil quinientos años.

 

Estoy tan cerca del cielo, que puedo hablar con los Dioses. Pido protección y apoyo. Benevolencia y claridad. Ciencia y Sabiduría. Y todos los dones del espíritu. Sé que los voy a tener. Para mí y mi hijo. Mi libro lo dirá todo.

 

Encuentro paredes de estuco. Mármol blanco. Columnas enormes de piedras muy pesadas. Entro con miedo. Raro en mí, pero en verdad que tengo miedo. Pero ¿qué es exactamente lo que busco? Encuentro unas piedras con la inscripción: “Conócete a ti mismo” ¿Por qué? Muy sencillo: el secreto de la sabiduría y la felicidad radica en el conocimiento propio, o tal vez habría que decir: en el reconocer todo lo que no somos, y tratar de batallar por serlo.

 

Entré. Llegué a la hoguera. Estaba inmensamente cansada. Encontré a la sacerdotisa, mujer que tiene todas las respuestas, y yo solo quiero una: ¿El corazón puede volverse de carne y latir de nuevo? Sí, dijo ella. Sí puede.

 

Muchos corazones que rescatar. Me acerqué a la hoguera, sin quemarme. Metí las manos. Revolví años de conciencia nítida, pura, llena del amor que siempre le he tenido a la humanidad. Metí la inteligencia de todos mis recuerdos, y la gana de saber que todo acto de amor, es testimonio permanente. Metí experiencia y afecto. Y los saqué de esa impenetrable hoguera.

 

La Pitonisa por fin me dio una gran adivinación. Al dármela me advirtió: Quien quiera que fueses, tú que viniste a sondear a los arcanos de la naturaleza, si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tu ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros. Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses.

 

Ha sido un ejercicio casi infrahumano de toda una vida, pero valió la pena. Me fueron entregados de regreso unos corazones llenos de luz y de amor. Lo logré. Latían. Los puse junto al mío. Y así conté mi historia. Remedios Albertina Ezeta.

 

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