*“Hablan de la aceptación del cuerpo, la autonomía y la vida cotidiana, en diálogo con las problemáticas sociales”, dijo la colombiana.
/ Perla Chavez/ Gaceta UNAM cultura/
Andrea Echeverri, cantante y compositora de Aterciopelados, ha construido, a lo largo de más de tres décadas de trayectoria, un repertorio musical atravesado por el feminismo, el ambientalismo y la crítica social. Sus letras, explicó, han nacido de manera natural, a partir de lo que ella misma necesita expresar y como una forma de defensa frente a las violencias que atraviesan otras mujeres, lo cual ha permitido que sus canciones conecten con muchas jóvenes.
La compositora también ha buscado mostrar a las mujeres a través de experiencias reales y sin filtros. “Ahora escribo sobre volverme vieja, gorda, con arrugas y canas. Mis canciones hablan de la aceptación del cuerpo, la autonomía y la vida cotidiana, siempre manteniendo un diálogo con las problemáticas sociales y la mirada femenina que construyo en cada letra”.
Herramienta de denuncia
Echeverri expresó que sus canciones nacen desde la perspectiva de una mujer inmersa en un mundo donde la sexualidad femenina se usa como gancho comercial.
Aunque escribe principalmente desde lo que ella misma necesita expresar, con el tiempo notó que muchas chicas se identifican con su música, sobre todo con canciones como “El Estuche” y proyectos especiales como Ovarios Calvarios, tres canciones antiviolación –“Ovarios”, con Vivir Quintana; “No se viola”, con La Muchacha Isabel, y “Plañidera”, al lado de Las Áñez– que le permitieron conectar con jóvenes y otras mujeres, mostrando que, aunque algunas letras expresan enojo hacia los hombres, funcionan como himnos que reflejan experiencias compartidas.
La compositora relató que, en giras como El Wacha Tour, donde de 90 personas sólo ella y otra mujer acompañaban a 88 hombres, vivía experiencias que le funcionaban como defensa personal frente al machismo y, al mismo tiempo, la inspiraban a crear nuevas canciones.
Recordó que sus primeras canciones feministas eran antimachistas, como “Cosita seria” y “Nada que ver”, del disco La pipa de la paz, las cuales son una crítica a los piropos que las mujeres reciben y, en general, cuestionan esta mirada masculina que hipersexualiza el cuerpo femenino.

Los ideales estéticos
Para Andrea Echeverri existe desigualdad en la industria musical, pues para que una mujer pueda formar parte de este gremio debe cumplir con ciertos parámetros estéticos, aquellos que son ideales en la imaginación de muchos hombres, quienes definen qué es aceptable y exitoso según su mirada.
Recordó que nunca tuvo esa presión, porque siempre fue “medio niño” y que, desde pequeña, prefería subirse a los árboles antes que jugar con muñecas. Además, empezó tarde en la música; aunque en la actualidad muchas chicas comienzan a los 12 años y ya son sometidas a dietas, gimnasios y la presión de ser sexys.
“Esta presión estética y desigual evidencia que, aunque haya más mujeres en la industria, aún persisten expectativas machistas sobre cómo deben lucir y comportarse para tener éxito”, subrayó.
La cantautora ha encontrado en la música y el arte una forma de mantener su fuerza y resiliencia frente a la vida. Esa fortaleza se potenció cuando enfrentó un diagnóstico de cáncer y una mastectomía, experiencias que plasmó en su creación artística “La teta pirata”. Con esculturas de cerámica que simbolizan supervivencia, maternidad y autonomía, la cantante convirtió la pérdida en arte, mostrando su “humor, drama y celebración de estar viva”.
“Sin tetas puedo estar, ya hice lo importante que fue amamantar a mis hijos, pero sin las manos no podría estar, ahí sí me quedaría sin hacer cerámica. Estoy sin tetas, pero estoy viva”, celebró.
Con este proyecto demuestra que la fuerza de una mujer no se mide por su apariencia, sino por su capacidad de transformar el dolor en expresión, poder y reivindicación de la mirada femenina.
En la UNAM
El pasado 12 de marzo la cantautora se presentó en Las Islas de Ciudad Universitaria ofreciendo un concierto en el que interpretó temas de su álbum Ruiseñora, que se caracteriza por tener un toque de empoderamiento femenino. También hizo recordar algunos clásicos de la agrupación Aterciopelados.
“Me resulta especial y lindo tocar para la UNAM; considero que tengo una conexión profunda con mi banda, lo que hizo que los asistentes se conectaran y vivieran un momento único, lleno de música, complicidad y celebración”, finalizó.













