• “Mi vida no hubiera sido igual sin la IBERO; me dio certeza de que los sueños eran posibles”, dice la editora, ex titular del FCE y de Conaculta, al volver a su universidad
- La biblioteca resistió al sismo de 1979 y definió una ética: cuidar los acervos es cuidar la memoria_
Volver a caminar los pasillos de la Universidad Iberoamericana lleva a Consuelo Sáizar a ir más allá del campus físico y recorrer una biografía: “Mi vida no hubiera sido igual si yo no hubiera estudiado aquí. La IBERO me dio libertad intelectual, rigor y una conciencia profunda de responsabilidad social”, dice sin titubeos.
La frase nace de una convicción forjada desde 1979, cuando llegó a la Universidad Iberoamericana para estudiar Comunicación en un momento frágil: tras el sismo de ese año, con edificios improvisados, conocidos como los “gallineros”, y una comunidad que aprendió pronto que la universidad no era la infraestructura, sino las personas.
La entrevista con Prensa IBERO ocurre con motivo de su reciente ingreso a la Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras, un reconocimiento que llega tras más de cuatro décadas dedicadas al mundo editorial, la gestión cultural y la reflexión. Desde ahí, Sáizar conduce la conversación hacia la memoria. La propia y la colectiva. La universitaria y la cultural.

“Cuando se cayó la IBERO, no se cayó la biblioteca”
La editora, ex directora general del Fondo de Cultura Económica (FCE) y ex presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), recuerda con precisión ese otoño de 1979. “Cuando se cayó la IBERO se cayeron los edificios, pero no se cayó la biblioteca. Como si la naturaleza hubiera decidido respetar la memoria”, afirma. Para ella, ese episodio definió parte de su ética: el cuidado de los acervos como una forma de preservar la memoria y el pensamiento crítico.
Vivía lejos del campus de Churubusco y pasaba jornadas enteras en la biblioteca. “Allí aprendí a leer con rigor, aprendí a consultar una biblioteca universitaria”. Ese aprendizaje silencioso fue, con el tiempo, una brújula.
Además de Comunicación, cursó Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Iberoamericana. Realizó su servicio social en Comunicación Institucional y fue testigo del nacimiento del campus Santa Fe. Sin embargo, por encima de los pasajes históricos que le tocó atestiguar, valora el clima formativo: “Es una universidad que da una enorme libertad personal e intelectual. Me permitió consolidar intuiciones y pergeñar un futuro profesional”.

Foto: Consuelo Sáizar y Julia de la Fuente, ambas egresadas de la Universidad Iberoamericana
Admirar a los que nos precedieron y buscar ser modelo para los que venían
En su recuento, Sáizar no habla de la IBERO como una institución abstracta, sino como una constelación de maestras y maestros que marcaron su manera de pensar. Recuerda a Alicia Pastrana, quien le dio “toda la formación literaria” y una cartografía para leer la literatura mexicana del siglo XX; a Milagros Mier, profesora de filosofía a la que recuerda con admiración, y a Paco Prieto, a quien reconoce como una figura fundamental en su paso por las aulas.
Al evocar sus años como estudiante, habla conmovida de “una generación excepcional”, formada en pasillos improvisados pero atravesada por un talento que con los años marcaría la vida pública y cultural del país. Recuerda que en esos mismos espacios coincidieron futuras voces centrales del periodismo, el cine, la publicidad y la literatura, entre ellas Alejandro González Iñárritu, Guillermo Arriaga, Ciro Gómez Leyva, Jorge Ramos y Ana María Olabuenaga.
“Había esta capacidad de admirar a los que nos habían precedido y de intentar ser un modelo para los que venían”, rememora.

“La IBERO no solo fue mi espacio de formación: es un sujeto en mi vida personal y un personaje en todas mis reflexiones.”
Humanidades frente a la vorágine digital
A lo largo de la conversación, la oriunda de Acaponeta, Nayarit, vuelve una y otra vez a una idea que considera irrenunciable: “Todo proyecto de nación requiere fundamentalmente un proyecto cultural. Si no hay proyecto cultural, no hay proyecto de nación”.
Reconoce el valor de las ingenierías, la economía y la tecnología, pero advierte que sin pensamiento crítico los instrumentos se vacían. “Quien mejor piensa, quien mejor argumenta, quien puede elaborar un discurso con sentido, es quien va a ser más feliz”, sostiene. Para ella, la felicidad no es un concepto ligero, sino plenitud:
“La plenitud solo se logra cuando entiendes cuál es tu papel en la sociedad”.
Claridad, disciplina y vocación
Cuando habla de su trayectoria, Sáizar no recurre al azar. Desde muy niña tuvo claridad. “Yo nunca me confundo ni me distraigo”, dice en un momento de contundencia y seriedad, antes de volver a la alegría y la pasión con la que ha discurrido la conversación.
“No tomo atajos ni me voy por laberintos rotos; el atajo es la diversión, el laberinto roto es el extravío”. La disciplina, explica, no fue renuncia a la vida, sino una forma de vivirla con sentido.
Esa claridad también la observa en generaciones de egresadas y egresados que pasaron por la IBERO. “Había una capacidad enorme de admirar a quienes nos precedieron y una responsabilidad con el propio talento”, recuerda. La universidad, afirma, forma comunidad y linaje intelectual.

“La IBERO no forma en abstracto: forma para servir”
Su mensaje a quienes hoy estudian es directo: “La IBERO no forma en abstracto: forma para servir”. Esa vocación social, afirma, sigue vigente. Por eso, aunque su ingreso a la Academia marca un reconocimiento a su trayectoria, ella lo asume como una continuidad, no como un cierre.
“Siempre sentí que la inversión que hicieron mis padres al traerme aquí fue la mejor decisión”, dice. Y añade una certeza que atraviesa toda la entrevista: cuando una persona egresa de la IBERO, no lo hace sola. Se lleva una comunidad, una memoria y una responsabilidad con el futuro.
Ese sello formativo marcó su camino profesional. Con poco más de 20 años dirigió Editorial Jus; más tarde fundó Hoja Casa Editorial y, en 2002, se convirtió en la primera mujer en dirigir el Fondo de Cultura Económica.

Inspirar desde el ejemplo
Frente a estudiantes que dudan del lugar de las humanidades en tiempos de inteligencia artificial, la postura de Sáizar es clara: “Los instrumentos pueden perfeccionarse, pero el sentido solo lo dan el pensamiento crítico, la filosofía y las letras”.
Su mensaje a las nuevas generaciones de la IBERO es una invitación a la claridad y a la responsabilidad: formarse no solo para destacar, sino para servir. “La IBERO no forma en abstracto. Forma para incidir en la sociedad”, señala. Y hacia el cierre de la conversación, concluye inspirada: “la IBERO me dio la certeza de que los sueños eran posibles”.
* Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional de la IBERO.











