Crecer a mayor velocidad sin comprometer la estabilidad .

*IMPRONTA .

/ Carlos Miguel Acosta Bravo /

El presidente de la ABM, Emilio Romano, anunció en la 89 Convención Bancaria (marzo 2026) el compromiso del sector para elevar el crédito a empresas mexicanas del 38% al 45% del PIB hacia 2030, alineado con la petición de la presidenta Sheinbaum para impulsar PyMEs vía “Plan México”. Este mensaje señala la solidez bancaria (mayor capital invertido) como base para mayor financiamiento, enfocándose en digitalización e inclusión.

Aumentar el crédito en 7 puntos del PIB, no es un reto menor pues los recursos son equivalentes a alrededor de 10 a 12 billones de pesos que se estima podrían hacerse gradualmente hacia el 2030, esto facilitaría inversión en PyMEs (98% del tejido empresarial), elevando productividad y empleo al reducir costos de financiamiento y formalizar economía. Esto podría sumar 1-2% al PIB anual vía mayor consumo e inversión privada, alineado con metas gubernamentales de desarrollo equitativo.

Mayor crédito accesible podría significar hasta 10 veces más rápido que crecimiento económico, lo cual  apoyaría expansión, compra de activos y digitalización, beneficiando a mipymes vulnerables que generan hasta el 70% empleo. Fortalecería confianza en inversionista y ahorro, atrayendo capital extranjero al mostrar banca responsable.

En cambio, si no hay supervisión prudente, podría elevar morosidad en contexto de incertidumbre global (petróleo alto, tensiones geopolíticas), presionando balances bancarios. Depende de políticas complementarias como formalidad y banca de desarrollo para evitar burbujas crediticias

El planteamiento de la ABM llega en un momento en el que México enfrenta el reto de crecer a mayor velocidad sin comprometer la estabilidad macroeconómica. Incrementar el crédito es, sin duda, una condición necesaria para detonar inversión y productividad, especialmente en un país donde el financiamiento aún es limitado en comparación con economías similares.

No obstante, asumir que más crédito automáticamente generará crecimiento sería una simplificación peligrosa. La historia económica mexicana ha demostrado que la expansión crediticia sin controles adecuados puede derivar en crisis profundas. El recuerdo del Fobaproa sigue siendo una advertencia vigente, no basta con prestar más, sino prestar mejor.

El verdadero desafío no radica únicamente en aumentar el volumen de financiamiento, sino en asegurar que éste llegue a quienes pueden transformarlo en crecimiento real: empresas productivas, innovadoras y con capacidad de generar valor. En este sentido, el enfoque en PYMES es acertado, pero insuficiente si no se atienden problemas estructurales como la informalidad y la debilidad institucional.

Además, existe el riesgo de que esta expansión del crédito responda a incentivos de corto plazo o presiones políticas, lo que podría relajar los estándares de otorgamiento y sembrar problemas futuros en la estabilidad financiera.

La propuesta es positiva y necesaria, pero exige disciplina, regulación eficaz y una visión de largo plazo. El crédito puede ser un catalizador del desarrollo, pero sólo cuando se canaliza hacia proyectos productivos sólidos. De lo contrario, puede convertirse en una fuente de vulnerabilidad. La clave no es cuánto se presta, sino cómo y para qué se presta?

Comente u opine a:
[email protected]

Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte  del cuerpo académico en comunicación en la Ibero y en la Universidad Anáhuac, campus norte CDMX.