*La contradicción es evidente mientras se dice que se busca frenar el tráfico de armas hacia México, el propio sistema de producción y comercialización estadounidense facilita que municiones militares lleguen a manos de los cárteles.
*Mexicanos y mexicanas exigen una explicación a EEUU.
08.02.2026 .- El hallazgo de casquillos calibre .50 con la inscripción “Lake City” en escenas de violencia en México ha revelado una contradicción inquietante que irrita, cala y exige explicaciones.
De acuerdo al reportaje de investigación del destacado Diario de Nueva York Times las municiones fabricadas por el ejército de Estados Unidos, diseñadas para destruir vehículos y aeronaves, han terminado en manos de organizaciones criminales que libran batallas de estilo militar contra policías y soldados mexicanos.
La investigación conjunta del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y The New York Times, realizada por Ben Dooley, Isabella Cota y Emiliano Rodríguez Mega, muestra cómo acuerdos entre el ejército y contratistas privados que gestionan la planta Lake City han permitido que estas balas lleguen al mercado civil estadounidense y, desde allí, a los cárteles.
Lake City Army Ammunition Plant, situada en las afueras de Kansas City, Misuri, es la mayor fábrica de munición para rifles del ejército estadounidense. Aunque su producción está destinada principalmente a las fuerzas armadas, la planta también ha abastecido al mercado civil.
En Estados Unidos, los rifles calibre .50 son costosos y de uso limitado, y sus balas se venden a precios de entre tres y cuatro dólares cada una. Sin embargo, en México, donde los cárteles disponen de recursos abundantes y buscan constantemente armas de gran potencia, estas municiones se han convertido en un recurso estratégico.
Los datos obtenidos por el ICIJ y el Times muestran que desde 2012 la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) ha incautado más de 40.000 cartuchos calibre .50 en estados fronterizos, un tercio de ellos fabricados en Lake City. Ningún otro productor aparece con una proporción tan alta. Aunque también han llegado municiones de Brasil y Corea del Sur, la planta estadounidense ha sido una fuente clave. En algunos casos, incluso se han encontrado variantes incendiarias perforantes, capaces de atravesar blindajes, utilizadas en ataques recientes contra convoyes policiales.
Los ejemplos son contundentes. En noviembre de 2019, un convoy armado con rifles calibre .50 atacó la localidad de Villa Unión, Coahuila, dejando un saldo de policías, civiles y miembros del cártel muertos. En el lugar se recogieron casquillos de Lake City.
En octubre de ese mismo año, en Michoacán, una emboscada contra agentes estatales dejó trece muertos, entre ellos el policía Edder Paul Negrete Trejo. Su viuda, Brenda Aparicio Villegas, recuerda que los agentes no tenían posibilidad de defenderse frente a las armas calibre .50 del Cártel Jalisco Nueva Generación. En ambos casos, los investigadores hallaron munición proveniente de la planta estadounidense.
La potencia de estas armas ha cambiado el equilibrio de los enfrentamientos. Según Chris Demlein, exagente de la ATF, un rifle calibre .50 permite atacar objetivos a más de un kilómetro y medio de distancia y otorga a los cárteles la capacidad de superar incluso al ejército. “El impacto que tiene un calibre .50 en un tiroteo es escandaloso”, dijo. Los cárteles han derribado helicópteros, asesinado funcionarios y masacrado civiles con este tipo de armamento.
El ejército estadounidense ha defendido las ventas comerciales de Lake City como un ahorro para los contribuyentes, estimado en 50 millones de dólares anuales. Sin embargo, el costo humano en México es incalculable. Mientras distintas administraciones en Washington prometen medidas para frenar el tráfico de armas, los cárteles continúan adquiriendo municiones que les permiten librar guerras abiertas contra las fuerzas de seguridad mexicanas.
En febrero del año pasado, el gobierno de Donald Trump declaró a seis cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras, pero esas mismas organizaciones siguen accediendo a municiones fabricadas en una planta militar estadounidense, sin que el gobierno de EEUU explique o asuma la situación de la venta de municiones del ejercito del pais vecino a carteles de México, que dice quiere combatir y hasta amenaza con incursiones terrestres.
La contradicción es evidente: mientras se busca frenar el tráfico de armas hacia México, el propio sistema de producción y comercialización estadounidense facilita que municiones militares lleguen a manos de los cárteles.
El ICIJ y el Times documentaron al menos 16 minoristas en línea que vendieron balas perforantes fabricadas en Lake City o con componentes de la planta. Algunos comerciantes reconocieron haber cancelado pedidos sospechosos, como cajas de 100 cartuchos enviadas a direcciones residenciales. Pero el mercado sigue abierto y accesible.
En el reportaje se narra la historia de Brenda Aparicio Villegas y de los policías caídos en Michoacán, así como los ataques en Villa Unión y otros episodios recientes, muestran que el problema no es aislado. Es estructural. La planta Lake City, propiedad del ejército estadounidense, se ha convertido en un eslabón central en la cadena que conecta la industria militar con la violencia criminal en México.
El resultado es un poder de fuego que transforma enfrentamientos locales en batallas de guerra, y que deja a policías y civiles expuestos a armas contra las que no tienen defensa.
La investigación de Ben Dooley, Isabella Cota y Emiliano Rodríguez Mega expone con claridad que el flujo de municiones calibre .50 desde Estados Unidos hacia México no es un accidente, sino la consecuencia de decisiones políticas y comerciales que han permitido que un producto militar se convierta en mercancía civil.
El precio lo pagan las comunidades mexicanas, atrapadas en una violencia que se alimenta de la misma munición que el ejército estadounidense utiliza en sus guerras, mientras el gobierno de EEUU se relaciona con México mediante amenazas y consiguiendo ventajas en la agenda bilateral.
La reacción de ciudadanas mexicanas y mexicanos que se informan de este tema ha sido de contundente reprobación exigiendo que el gobierno de Donald Trump explique lo que califican como un doble discurso .
Reportaje del NYT: https://www.nytimes.com/es/2026/02/07/espanol/estados-unidos/mexico-carteles-municion-ejercito-eeuu.html











