Crónica: El reloj del continente

Banner

*NEMESIS.

/ Fernando Meraz Mejorado /

El tiempo corre implacable, como un torrente que no retrocede, mientras el mundo entero fija su mirada sobre Washington y sigue minuto a minuto el curso de esta elección. No es tan solo una contienda en las llanuras y ciudades de Estados Unidos: es una bisagra donde se mueven los vientos que recorren todo el planeta.
*
La Casa Blanca parece el centro de un gran reloj universal, cuyos engranajes crujen cansados. Hay millones de manos que depositan su voto como si colocaran una piedra en la balanza del siglo. Hay condados que arden de esperanza, otros que guardan el silencio de la fatiga: el pan caro, la desconfianza, el miedo a la tormenta que cruza las fronteras.
:*
Sabemos que lo que allí se decide resuena en los puertos de Asia, en los campos de África y en los valles de México. Es el ritmo del petróleo, el precio del grano, el tono de la paz o el soplo de la guerra. El mapa se tiñe de rojos y azules, dos corrientes que se enfrentan sin abrazarse, como dos ríos que luchan por un mismo cauce.
*
La democracia, ese árbol que el mundo creyó faro, hoy tiembla. Sus raíces están turbias, sus ramas sacudidas por el viento de la sospecha. Nadie lee todavía la página definitiva. El tiempo avanza sin clemencia: cada minuto es un trazo que la historia escribe, no solo para Estados Unidos, sino para toda la estirpe humana.
*
El planeta aguanta la respiración. Sabe que cuando aquel faro vacila, la noche se ensancha sobre todos nosotros.-