Cruz Azul vence a Pumas y conquista su décima estrella.

La Máquina rompe la noche en CU.

24.05.2026. Ciudad de México.- Bajo una lluvia intermitente, con el Estadio Olímpico Universitario convertido en una caldera auriazul y con la presión de una final que parecía destinada al sufrimiento, Cruz Azul encontró la gloria en el último suspiro.

La Máquina derrotó 2-1 a Pumas UNAM la noche de este 24 de mayo y se proclamó campeón del Clausura 2026 en uno de los desenlaces más dramáticos de los últimos años.

Durante más de noventa minutos, el partido se movió entre la angustia y la esperanza. Después del empate sin goles en la ida, la final quedó abierta para una batalla definitiva en Ciudad Universitaria.

Los dos equipos llegaron cargando historias distintas: Pumas quería romper una larga sequía sin título; Cruz Azul buscaba alcanzar la décima estrella y dejar atrás años de fantasmas.

El primero en golpear fue el conjunto universitario. Al minuto 30, el paraguayo Robert Morales silenció a la mitad celeste del estadio con un remate que hizo explotar las tribunas auriazules.

Por algunos instantes, parecía que el campeonato se quedaría en casa. Los aficionados de Pumas cantaban con fuerza mientras la lluvia comenzaba a caer sobre la pista olímpica y el césped de CU.

Pero Cruz Azul no se desplomó.

El equipo de Joel Huiqui volvió del descanso con otra intensidad. Adelantó líneas, recuperó la pelota y empezó a jugar con la desesperación de Pumas. Entonces apareció la jugada que cambió la historia de la final.

Rodolfo Rotondi desbordó con velocidad y el defensor Rubén Duarte terminó enviando el balón a su propia portería. El empate cayó como un relámpago sobre el Olímpico Universitario.

A partir de ahí, el encuentro se convirtió en una batalla emocional. Keylor Navas sostuvo a los universitarios con atajadas decisivas mientras Cruz Azul empujaba cada vez con más fuerza. Pumas comenzó a perder claridad, a jugar con nervios, a mirar el reloj. La tensión creció todavía más cuando los auriazules terminaron el encuentro con un hombre menos tras la expulsión de Uriel Antuna luego de la revisión del VAR.

Y cuando todo apuntaba al alargue, apareció el instante que ya quedó grabado en la memoria cementera.

Corría el tiempo agregado cuando Rotondi volvió a irrumpir en el área. El argentino encontró el espacio, conectó el balón y venció finalmente a Navas para marcar el 2-1 definitivo. El gol desató el caos celeste. Jugadores corriendo hacia la banca, aficionados llorando en las tribunas y un grito contenido durante años explotando en una sola noche: la décima ya era realidad.

El silbatazo final convirtió el Olímpico Universitario en un escenario partido en dos. De un lado, la tristeza de Pumas, que dejó escapar el título en casa; del otro, la locura azul.

Los futbolistas de Cruz Azul se abrazaron sobre el césped mientras miles de seguidores comenzaban una celebración que rápidamente se extendió a todo el país.

En la Ciudad de México, caravanas de automóviles tomaron avenidas principales. En distintas plazas del país aparecieron banderas, camisetas y cánticos de aficionados que llevaban años esperando una noche así.

La Máquina volvió a hacer vibrar a su gente y lo hizo de la forma más dramática posible: sobreviviendo, resistiendo y golpeando al final.

Para Joel Huiqui, quien tomó al equipo apenas antes de la liguilla, el campeonato significó una irrupción histórica. Para Cruz Azul, representa mucho más que un título: es la confirmación de que el club recuperó la grandeza competitiva que tantas veces parecía escaparse en los momentos decisivos.