*Alguien como tú.
/ Gladys Pérez Maldonado./
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el ejercicio del Derecho no es una hipótesis futurista, es una realidad tangible que está transformando la práctica jurídica en México y el mundo. Desde sistemas capaces de analizar miles de sentencias en segundos hasta plataformas que redactan contratos o predicen riesgos procesales, la tecnología está redefiniendo la forma en que las y los abogados comprenden, ejercen y proyectan su profesión.
La inteligencia artificial, entendida como el conjunto de sistemas informáticos capaces de realizar tareas que tradicionalmente requerían inteligencia humana, como el aprendizaje, el análisis de datos o la toma de decisiones, ha encontrado en el ámbito jurídico un terreno fértil. Herramientas impulsadas por empresas como OpenAI han demostrado que los modelos de lenguaje pueden asistir en la redacción de escritos, la estructuración de demandas o la síntesis de criterios jurisprudenciales. Asimismo, compañías como IBM, con desarrollos como Watson aplicado al análisis de datos, han explorado la automatización de procesos complejos. Y que decir del uso desmedido y poco responsable del ChatGPT.
Sin embargo, la discusión no se agota en la eficiencia. El verdadero debate gira en torno a la ética, la responsabilidad profesional y el acceso a la justicia.
La IA permite reducir tiempos y costos. Un despacho puede revisar contratos masivos en minutos; un litigante puede analizar tendencias jurisprudenciales mediante algoritmos predictivos; una persona sin recursos puede acceder a orientación jurídica básica a través de plataformas automatizadas. En un país como México, donde el acceso a la justicia sigue siendo desigual, estas herramientas podrían convertirse en un puente para disminuir brechas estructurales.
No obstante, la democratización tecnológica no es automática. La brecha digital también es jurídica, quien no tenga acceso a infraestructura tecnológica o capacitación adecuada quedará rezagado. La modernización del ejercicio profesional exige inversión en formación y actualización constante.
Uno de los principales desafíos es la confiabilidad de los sistemas. La IA puede cometer errores, alucinar información o reproducir sesgos existentes en los datos con los que fue entrenada. En materia jurídica, un error no es trivial, puede afectar derechos fundamentales, patrimonio o libertad.
La responsabilidad última sigue recayendo en el abogado o abogada que firma el documento o sostiene el argumento. Delegar sin supervisión no solo es imprudente, sino contrario a los principios de diligencia profesional. Los códigos de ética deberán actualizarse para incorporar lineamientos sobre el uso responsable de tecnologías emergentes.
Además, surge una pregunta inquietante: ¿puede un algoritmo sustituir la prudencia, la empatía y la valoración contextual que caracterizan al buen jurista? El Derecho no es solo técnica; es interpretación, ponderación y sensibilidad frente a realidades humanas complejas.
Lejos de anunciar la desaparición de la abogacía, la IA está modificando su perfil. Las y los abogados del siglo XXI no solo deben dominar la legislación y la argumentación, sino también comprender herramientas tecnológicas, análisis de datos y gestión digital de la información. La alfabetización tecnológica se vuelve una competencia profesional básica.
En este contexto, las universidades y colegios de abogados enfrentan el reto de actualizar planes de estudio e incorporar asignaturas sobre derecho digital, protección de datos, regulación de algoritmos y ética tecnológica. La formación jurídica no puede permanecer ajena a una revolución que ya impacta tribunales, notarías y despachos corporativos.
De ahí que en el marco de la celebración del XX Congreso Nacional de la Abogacía de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, uno de los exitosos páneles tratara el tema Inteligencia Artíficial y Abogacía. Optimizar procesos sin violar derechos ni perder el juicio: Que la IA no te use a ti. Y además se diera a conocer a al foro asistente que la Barra ya cuenta con Lineamientos para el Uso Responsable de la Inteligencia Artificial en el Ejercicio Profesional del Derecho disponibles para su consulta en la pagína www.bma.org.mx .
En el ámbito internacional, diversas jurisdicciones avanzan en marcos regulatorios sobre inteligencia artificial. México no puede quedarse atrás. La regulación debe equilibrar innovación y protección de derechos humanos, garantizando transparencia algorítmica y mecanismos de rendición de cuentas.
El desafío no es detener la tecnología, sino gobernarla. La inteligencia artificial no sustituye la función social del Derecho; la redefine. La abogacía seguirá siendo indispensable porque, más allá de datos y algoritmos, el Derecho trata de personas, conflictos y justicia.
En definitiva, la inteligencia artificial no representa el fin de la profesión jurídica, sino una etapa de transformación profunda. La pregunta no es si la abogacía sobrevivirá, sino qué tipo de abogacía queremos construir: una que tema a la tecnología o una que la incorpore con responsabilidad, ética y visión humanista…













