*Alguien como tú.
/ Gladys Pérez Maldonado/
El mes de abril se llena de festivales, discursos y fotografías sonrientes. Se reparten dulces, se organizan actos escolares y se repite la consigna de que la niñez es el futuro. Pero en México, ese futuro se está administrando con negligencia. El mes de la infancia exhibe una paradoja incómoda: celebramos a la niñez mientras la abandonamos en lo esencial.
La realidad es contundente, miles de niñas y niños viven en condiciones de pobreza que limitan su desarrollo desde el origen. No es solo una carencia material; es una condena silenciosa que se traduce en desnutrición, rezago educativo y acceso desigual a servicios de salud. Hablar de la niñez en México es hablar de brechas, de desigualdad territorial y de una política social que no logra romper el ciclo intergeneracional de la precariedad.
El sistema educativo, que debería ser el principal mecanismo de movilidad social, muestra fisuras graves. Tras la pandemia, el abandono escolar aumentó y muchos menores no regresaron a las aulas. La brecha digital evidenció que la educación a distancia fue un privilegio, no un derecho garantizado. Hoy, miles de niñas y niños siguen aprendiendo a medias o, peor aún, han sido expulsados de facto del sistema educativo. El Estado no ha logrado recuperar a esa generación perdida.
A esto se suma una crisis de violencia que golpea de manera directa a la infancia. Niñas y niños son víctimas de delitos que van desde el abuso sexual hasta el reclutamiento por el crimen organizado. En amplias zonas del país, la infancia no es una etapa de protección, sino de exposición. Crecer en ciertos territorios implica normalizar el miedo, la pérdida y la ausencia del Estado. La niñez mexicana no debería aprender primero a sobrevivir antes que a soñar.
El trabajo infantil, lejos de erradicarse, persiste como una expresión brutal de la desigualdad. Niñas y niños que deberían estar en la escuela están en los campos, en las calles o en economías informales, sosteniendo ingresos familiares. Se romantiza la cultura del esfuerzo cuando en realidad se está tolerando una violación sistemática de derechos. No es resiliencia, es abandono institucional.
En materia de salud mental, el panorama tampoco es alentador. La ansiedad, la depresión y las conductas autolesivas en infantes han aumentado, mientras los servicios públicos siguen siendo insuficientes y estigmatizados. La infancia mexicana está creciendo en un entorno de incertidumbre, violencia y presión social, sin redes de apoyo sólidas. El silencio sobre este tema es otra forma de negligencia.
Frente a este panorama, el discurso oficial suele refugiarse en programas sociales y en cifras de cobertura. Pero la cobertura no es sinónimo de garantía de derechos. Transferir recursos sin construir sistemas integrales de protección es una estrategia incompleta. La niñez no necesita paliativos, necesita políticas públicas coherentes, sostenidas y evaluables que atiendan sus múltiples dimensiones.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿realmente la infancia es una prioridad nacional? Si lo fuera, el presupuesto reflejaría esa urgencia, las instituciones estarían articuladas y las políticas tendrían continuidad más allá de los ciclos políticos. Hoy, lo que existe es una fragmentación que diluye responsabilidades y perpetúa resultados mediocres.
Abril no puede seguir siendo un mes de simulación. La niñez mexicana no requiere más celebraciones simbólicas, sino decisiones estructurales. Garantizar alimentación adecuada, educación de calidad, entornos seguros y acceso a salud integral no es un acto de generosidad, es una obligación constitucional y ética.
El verdadero rostro de un país no se mide en sus discursos, sino en la forma en que trata a su infancia. Y en ese espejo, México aún tiene mucho que corregir. Mientras no se asuma esa deuda con seriedad, cada Día de la Niñez será, en el fondo, una conmemoración vacía.
En este mes de la infancia desde Alguien como tú daremos a conocer la situación real que enfrentan las niñas y los niños mexicanos, y así, logremos que los órganos de gobierno de manera conjunta con la sociedad civil implementen políticas públicas y programas sociales encaminados a mejorar el nivel de vida de este grupo de atención prioritaria…













