*IMPRONTA
… y la oportunidad inesperada para México.
/Carlos Miguel Acosta Bravo/
El cierre del Estrecho de Ormuz por Irán ,anunciado en marzo 2026 y las complicaciones para la navegación marítima persistentes en el Canal de Suez han disparado los precios del petróleo Brent por encima de 100 USD/barril y fletes marítimos, con costos por contenedor de 40 pies subiendo hasta 2.172-3.500 dólares debido a desvíos por el Cabo de Buena Esperanza, lo cual ha sido motivo para el cobro de primas de guerra. Esto ha generado un shock estanflacionista global, inflación por encarecimiento de energía 20% del crudo mundial afectado y transporte, junto a menor crecimiento por costos logísticos elevados.
Los efectos en Inflación Global, han sido consecuencia de la interrupción marítima en Ormuz que ha reducido la oferta petrolera en 8 millones de barriles por día, presionando precios de combustibles, alimentos y manufacturas; la inflación no subyacente podría subir 1-2 puntos porcentuales extra, complicando las políticas monetarias de bancos centrales. Aunque 32 países liberaron 400 millones de barriles de reservas, la volatilidad persiste por riesgos de ataques, fortaleciendo el dólar y encareciendo importaciones en economías emergentes.
Navieras imponen recargos por riesgo e incertidumbre que va 1.500 hasta 3.500 dólares, pues se alargan rutas aumentando consumo de combustible de los barcos 30 hasta 50% y reducen la capacidad y aumenta los costos, tensionando las cadenas de suministro de Asia-Europa y Golfo-Pacífico. Esto eleva primas de seguros, amenaza comercio de materias primas, por ejemplo los fertilizantes que se han encarecido hasta 20% y ha generado pánico en mercados y bolsa de valores , con caídas en acciones energéticas e industriales.
México enfrenta inflación al 4.63% marzo 2026, +0.5 puntos por energía, con gasolinas encareciéndose pese a estímulos fiscales (IEPS en 5.09-5.24 pesos/litro) ya que importa 60-70% de refinados y depende de fletes para autopartes asiáticas, lo cual también ha puesto al nearshoring en riesgo. El nearshoring se complica por logística cara manufacturas exportadoras afectadas, debilitando el peso y elevando costos de importaciones, aunque exportaciones de crudo ganan ( entre ellos la mezcla mexicana que ha aumentado su precio). La Secretaría de Hacienda mitiga con reservas, pero un cierre prolongado podría agregar 1 punto a inflación anual y frenar al PIB 0.5-1%
En un mundo profundamente interconectado, pocas cosas resultan tan complicadas para el comercio internacional como el bloqueo simultáneo de dos arterias clave del comercio global, el Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez. De materializarse este escenario, no estaríamos ante una simple disrupción temporal, sino frente a uno de los choques energéticos y logísticos más severos de las últimas décadas, con consecuencias inmediatas sobre la inflación, la estabilidad financiera y el crecimiento económico mundial.
La primera sacudida vendría por el lado energético. El Estrecho de Ormuz no es un punto más en el mapa: por ahí circula cerca del 20% del petróleo mundial. Su cierre implicaría un aumento inmediato en los precios del crudo y del gas, lo que encarecería prácticamente todo, desde el transporte hasta la electricidad y la producción industrial. Este tipo de inflación, conocida como “inflación de costos”, es particularmente difícil de controlar, ya que no surge de un exceso de demanda, sino de un encarecimiento estructural de los insumos básicos.
A este golpe se sumaría el efecto logístico del Canal de Suez. Su cierre obligaría a las navieras a rodear África, extendiendo los tiempos de entrega entre 10 y 15 días y elevando los costos operativos entre 30% y 50%. Si ya se observan incrementos de entre 500 y 1500 dólares por contenedor, el impacto no tardaría en trasladarse al consumidor final, productos más caros, inventarios más escasos y una mayor volatilidad en los precios.
La combinación de energía cara, transporte costoso, seguros marítimos más elevados y menor disponibilidad de bienes configura una auténtica tormenta perfecta. El resultado sería una inflación más persistente a nivel global, obligando a los bancos centrales a mantener tasas de interés altas por más tiempo, lo que a su vez frenaría el crecimiento económico. A esto se añadiría un aumento en la incertidumbre financiera, caídas en los mercados bursátiles, fortalecimiento del dólar como activo refugio y salida de capitales de economías emergentes.
En este contexto adverso, México enfrenta un panorama complejo, pero no exento de oportunidades. Por el lado negativo, el país resentiría el encarecimiento de importaciones clave, especialmente insumos industriales provenientes de Asia y Europa, así como maquinaria y productos electrónicos. Esto elevaría los costos de producción interna y, eventualmente, los precios al consumidor, presionando la inflación. Además, factores como el tipo de cambio y los costos logísticos podrían amplificar este efecto, obligando al Banco de México a mantener una postura monetaria restrictiva por más tiempo.
El tipo de cambio, por su parte, se movería en una tensión constante: por un lado, la salida de capitales podría debilitar al peso; por otro, la fortaleza de las exportaciones hacia Estados Unidos podría sostenerlo. El resultado más probable no sería un colapso, sino una mayor volatilidad. Mientras tanto, sectores clave como el automotriz, el electrónico y el textil enfrentarían dificultades por retrasos y mayores costos en sus cadenas de suministro.
Sin embargo, sería un error quedarse únicamente con la lectura negativa. Este mismo escenario abre una ventana estratégica para México que podría redefinir su papel en la economía global
El nearshoring se consolidaría como una de las grandes tendencias. En un entorno donde las rutas marítimas se vuelven más costosas e inciertas, la cercanía geográfica con Estados Unidos se transforma en una ventaja competitiva decisiva. México no solo reduce tiempos y costos logísticos, sino que ofrece una alternativa más segura para las cadenas de suministro. Esto podría acelerar la relocalización de empresas y atraer mayores flujos de inversión extranjera.
Asimismo, las exportaciones mexicanas —que en su mayoría se realizan por vía terrestre hacia Estados Unidos— se verían menos afectadas que las de otras regiones del mundo, otorgándole al país una posición privilegiada frente a competidores asiáticos y europeos.
En suma, este tipo de choque global representa una paradoja: es profundamente negativo en el corto plazo, al detonar inflación y aumentar los costos, pero puede convertirse en una oportunidad histórica en el mediano plazo. La clave estará en la capacidad del país para capitalizar el momento.
Consolidar el nearshoring, invertir en infraestructura logística y garantizar estabilidad energética no son solo opciones deseables, sino condiciones necesarias para transformar una crisis global en una ventaja estructural. En un mundo donde las rutas se cierran, los países que sepan acercarse a los centros de consumo no solo resistirán el impacto, redefinirán el mapa económico del futuro.
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Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico en comunicación en la Ibero y en la Universidad Anáhuac, campus norte CDMX.













