*La química cerebral reacciona para ponernos en un estado de alerta; la conducta también cambia para distanciarnos ante una derrota: Erika Villavicencio, académica de la Facultad de Psicología
/ Laura Lucía Romero Mireles /
La Copa Mundial de futbol no es sólo el balón en la cancha, sino un laboratorio gigante para analizar el comportamiento humano, afirmó Erika Villavicencio Ayub, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.
Para entender realmente lo que pasa en los aficionados, tendríamos que ir directo a la química del cerebro. “Si vemos jugar a la Selección Nacional, nuestra mente no lo procesa como entretenimiento; lo vive como un escenario de supervivencia”. Si el equipo triunfa, aparecen los circuitos de recompensa: se secreta dopamina, las personas experimentan euforia y se activa un mecanismo de identidad, en el cual “brillamos con la gloria ajena”.
Por eso, detalló la experta, decimos que “ganamos” con orgullo. Esa victoria nos eleva la autoestima. Pero si el partido se pierde, la historia es otra: nuestro centro de alerta, la amígdala, detecta la falla como una amenaza. En este caso se dispara el cortisol, la hormona del estrés, y adrenalina. Se genera estrés físico como si estuviéramos en una situación de peligro.
La química del cerebro nos hace reaccionar para ponernos en un estado de cuidado, incluyendo nuestra autoestima. La conducta cambia, nos quiere distanciar inconscientemente del fracaso y ya no decimos “perdimos”, sino perdieron. En el fondo, añadió, es un mecanismo de defensa neurocognitivo para amortiguar ese “golpe”.
Además, hay un contagio emocional. La efervescencia no se queda en el estadio, o enfrente de la pantalla: hay gente que se levanta y la golpea hasta romperla. Y lo más preocupante es que “salpica” a otros grupos, aunque no tengan interés en el futbol. Así ocurre, por ejemplo, en el hogar. A los elevados niveles de cortisol se suma que México es uno de los países que más consume alcohol en el mundo.
La evidencia indica que cuando hay este tipo de encuentros deportivos se incrementa la violencia hacia las infancias. También aumenta el riesgo de fricciones: con mayor frecuencia se dan agresiones en el tráfico después del partido. Ante eso, hay que psicoeducar a la gente en estos temas, porque eso no ocurre sólo durante el torneo, sino que es parte de nuestra cultura.
Señaló que el torneo afecta la productividad y la concentración laboral, lo cual tiene un impacto económico, sobre todo si las organizaciones no lo saben gestionar. Pueden tener al colaborador sentado en su silla, frente a su computadora, pero su “ancho de banda cognitivo” está secuestrado por el partido. La persona está enfocada en si ganará o no la apuesta, o en revisar el marcador a escondidas.
Se generan fricciones con los compañeros y las distracciones; se incrementa el error operativo, y si el equipo pierde la tolerancia a la frustración cae. “Al día siguiente vemos equipos de trabajos irritables, con baja motivación, con una mala comunicación interpersonal, y eso es permanente. El Mundial se acaba, pero se mantiene la afectación en la relación”.
Por eso es más rentable para las empresas habilitar una pantalla, que la gente se reúna y que vea el juego. Es mejor que se libere la tensión, haya esparcimiento e integración grupal que tener a la plantilla desconcentrada, ansiosa y cometiendo errores, no sólo 90 minutos, sino toda la jornada. Además, cuando nos reunimos para apoyar al equipo, nuestro cerebro libera oxitocina, la hormona del apego, que fomenta la confianza, la empatía y la conexión.
La experta recomendó que durante el Mundial la gente mantenga buenas prácticas; una de ellas es tener cuidado con la parte financiera. “El endeudamiento y el mal manejo crediticio traen consecuencias a la salud mental y física”, alertó.
Los temas de seguridad son clave: no conducir bajo consumo del alcohol y cuidar las pertenencias son algunas medidas que no se deben olvidar. En el caso de las mujeres, evitar tomar taxis que no sean seguros, compartir ubicación, acompañarse y cuidar sus bebidas durante los festejos, son algunos consejos. Y uno principal es cuidar mucho a los pequeños.
Debemos ver este torneo como lo que es, y “no es el fin del mundo”. También aquí hay un tema grave: la depresión. Si la gente ya tiene esa enfermedad y se suma la derrota de su equipo o que perdieron la apuesta, se pueden disparar otras conductas, incluyendo la ideación suicida. Hay que poner mucha atención a familiares con algún riesgo, concluyó.
Gaceta UNAM


