CUANDO LA AUTORIDAD GRITA ¡PROVOCADORES!

*Eduardo Sadot.

Nicolae Ceaușescu, en Bucarest, Rumanía, el último dictador socialista, llegó al poder apoderándose del Partido Comunista Rumano, una ruta muy socorrida por los dictadores para llegar al poder y controlar a los países – nada nuevo – así ocurrió con Hitler, quien primero consolidó el control absoluto del Partido Nazi antes de conquistar el poder del Estado; seguramente en países democráticos es una ruta imperceptible para controlar, primero a los partidos políticos y después sojuzgar a sus pueblos. Tiene lógica: los dictadores primero controlan a un partido y después, en el poder, ¡controlan todo! Hoy, salvo honrosas excepciones, les basta con ser los dueños.

Es famosa la caída de Ceaușescu porque se dio en un mitin convocado por él mismo, acostumbrado a controlar a las masas; pero aquel diciembre de 1989 esas mismas masas lo confrontaron y una de sus más emotivas frases para tratar de retomar el control fue precisamente llamarles “PROVOCADORES”. No era una palabra improvisada; era el último recurso de quien comenzaba a perder no solo el respaldo de la multitud, sino también el control del poder.

Provocadores es una expresión aprendida y recurrente en los regímenes tiránicos o dictatoriales, autoritarios pues, que sigue siendo un recurso retórico y que se repite en nuestros días.
En México recientemente también ha renacido el término en el discurso de autoridades y líderes políticos, ¡por algo será!

¿Qué sucedería? si en uno de esos mítines pagados y manipulados por la autoridad esa masa repitiera el fenómeno Ceaușescu; que, en vez de corear las consignas previstas y pagadas para aplaudir al orador o al gobernante en turno, esa masa acarreada y pagada manifestara el verdadero sentir de la población, como ocurrió en Rumanía

¿Se habrán percatado los asesores del gobierno? de lo repetitivo de los recursos retóricos que usan sus jefes para evadir cuestionamientos y preguntas incómodas. ¿Sabrán que las respuestas mentirosas solo posponen la verdad evidente? Que resulta demoledora cuando la conciencia social exige soluciones y respuestas.

Mientras la atención pública parece concentrarse en el Mundial de fútbol, los problemas nacionales no entran en pausa. El Mundial ha provocado un respiro en el maremágnum político de México, pero de ninguna manera significa la solución de los problemas nacionales.

Después del Mundial – como después de los campos de batalla – habrá que hacer un control de daños y partir del punto en que se hizo la pausa: las acusaciones de #narcogobierno, las solicitudes de extradición, las llamadas “pruebas” solicitadas más como evidencias, pretexto retardatario para entregar a beneficiarios del fentanilo, no importando que sean personas físicas, jurídicas o partidos políticos. Los términos se van cumpliendo, los tiempos se van agotando, las autoridades norteamericanas no olvidan sus exigencias.

Hay muchas declaraciones similares al grito ¡provocadores!, que eluden la responsabilidad de la autoridad. Son distractores que hacen pensar, con preocupación, que el gobierno supone que los gobernados no registramos los vacíos de información ni advertimos los motivos que los explican.

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