Cuidados y discriminación limitan el acceso a la cultura de infancias con discapacidad

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*Una investigación identifica que el acceso de niñas y niños con discapacidad a actividades culturales está condicionado por las barreras físicas, la discriminación y la carga de cuidados que recae principalmente en sus madres.

*Foto: Global Media Zacatecas / El estudio, realizado con 25 niñas y niños con discapacidad y sus cuidadoras primarias, encontró que 56% sufrió algún acto discriminatorio en recintos o eventos culturales.

13.09.2026 /CimacNoticias.com/ El derecho a disfrutar de la cultura no termina cuando una niña o un niño cruza la puerta de un museo, un teatro o una sala de cine. Para las infancias con discapacidad, llegar a esos espacios, permanecer en ellos y participar en igualdad de condiciones puede depender de factores como la accesibilidad, el transporte, el tiempo disponible de sus cuidadoras y, también, de las actitudes de otras personas.

Así lo documenta la investigación “Factores determinantes del consumo cultural de infancias con discapacidad”, un estudio que busca acercarse a una población que, de acuerdo con sus autora, Areli Rojas León y el autor, Ricardo García Vázquez ha permanecido prácticamente fuera de las investigaciones sobre consumo cultural en México.

De 15 estudios sobre consumo cultural realizados entre 2006 y 2025 que fueron revisados para la investigación, sólo cinco incluyeron a niñas y niños y ninguno estudió de manera específica la intersección entre infancia y discapacidad. El propio estudio señala que tampoco existen antecedentes que permitan conocer de manera suficiente las preferencias culturales de niñas y niños con discapacidad.

La investigación realizó un acercamiento mediante distintos instrumentos y, en el caso de las infancias, recabó información a través de 25 mujeres cuidadoras primariastodas madres, sobre el consumo cultural de 25 niñas y niños con discapacidad de entre 3 y 11 años. Por ello, sus resultados deben entenderse como un primer acercamiento al problema y no como una muestra representativa de todas las infancias con discapacidad del país.

El derecho a la cultura también está atravesado por los cuidados

Uno de los principales hallazgos muestra que hablar del acceso a la cultura de niñas y niños con discapacidad también implica hablar de quién cuida y cuánto tiempo dedica a hacerlo.

El estudio encontró que 96% de las mujeres cuidadoras entrevistadas realiza diariamente tareas de cuidado. En promedio, destinan 57.3 horas semanales a estas labores; además, 52% señaló dedicar alrededor de 10 horas diarias, es decir, 70 horas o más a la semana.

La carga aumenta en determinados casos. Entre las niñas y niños con discapacidad motriz participantes, 84.6% de las cuidadoras dedicaba más de 57 horas semanales al cuidado. En los casos de niñas y niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), la proporción fue de 63.6%.

Esta falta de tiempo no sólo afecta las posibilidades de descanso y esparcimiento de las mujeres. También repercute en las actividades culturales de sus hijas e hijos.

El 32% de las niñas y niños incluidos en la investigación no asistió a ningún evento cultural durante el último año. En todos esos casos, sus cuidadoras dedicaban más de 57 horas semanales a las labores de cuidado y en 75% de ellos la carga superaba las 70 horas.

Además, 56% de las mujeres entrevistadas afirmó que el tiempo destinado al cuidado afecta directamente el tiempo disponible para las actividades recreativas de sus hijas e hijos.

El dato permite mirar el acceso a la cultura desde una perspectiva de género: cuando el cuidado se concentra en las mujeres, también se reducen sus posibilidades de disponer de tiempo para acompañar a niñas y niños a actividades culturales.

La accesibilidad puede determinar si una niña o un niño entra a un recinto

La investigación también encontró que la existencia de una oferta cultural no garantiza por sí misma el acceso de las infancias con discapacidad.

Entre las medidas de accesibilidad identificadas por las mujeres cuidadoras en los recintos que visitaron estuvieron los cajones de estacionamiento exclusivos, mencionados por 56%; rampas de acceso, 52%; elevadores, 48%; y barandales, 44%.

También se identificaron lugares preferenciales y sanitarios adaptados, ambos con 36%; exposiciones táctiles, 28%; personal capacitado para atender a personas con discapacidad, 24%; guías familiarizados con la discapacidad, 20%, y descuentos en el precio de las entradas, también 20%..

Sin embargo, para 44% de las mujeres entrevistadas, la falta de medidas de accesibilidad es motivo suficiente para no llevar a sus hijas o hijos a eventos culturales.

Entre quienes habían dejado de asistir por esta razón, 64% de las niñas y niños tenía TEA y 36% discapacidad motriz. Además, 91% presentaba discapacidad severa.

Las barreras, advierte la investigación, no se encuentran únicamente dentro de los recintos. También están en el entorno urbano, el transporte público y la propia distribución territorial de los espacios culturales.

En la Zona Metropolitana del Valle de México, por ejemplo, los espacios culturales se concentran principalmente en el corredor centro-sur. Esto puede representar una dificultad adicional para familias que viven lejos y deben invertir más tiempo en los traslados, particularmente cuando existe una alta carga de cuidados.

La discriminación también ocurre dentro de los espacios culturales

Uno de los hallazgos más contundentes del estudio aparece en las experiencias de discriminación.

De las 25 mujeres cuidadoras entrevistadas, 56% reportó que sus hijas o hijos habían sufrido algún acto discriminatorio en un recinto o evento cultural.

Las experiencias no se limitaron a la negación del acceso.

Entre los actos reportados se encuentran que 7% de las niñas y niños fue víctima de impedimentos para entrar o de negación del servicio; 35% no recibió el descuento correspondiente por discapacidad; 29% recibió burlas, descalificaciones o comentarios inapropiados; 79% fue objeto de miradas de desaprobación y 50% fue vigilado dentro del recinto para evitar que tocara objetos u obras.

La discriminación tampoco afecta por igual a todas las infancias con discapacidad.

De los casos reportados, 64% correspondió a niñas y niños con TEA y 36% a quienes tenían discapacidad motriz. Asimismo, 79% de las niñas y niños que experimentaron discriminación presentaba una discapacidad severa.

Y esas experiencias pueden convertirse en una nueva barrera para ejercer el derecho a la cultura: 28% de las mujeres cuidadoras dijo haber preferido no llevar a sus hijas o hijos a algún evento cultural para evitar que fueran discriminados.

Cuando la sobreprotección también se convierte en una barrera

El estudio identifica otro componente menos visible: las propias decisiones familiares pueden terminar restringiendo la participación cultural de las infancias.

El 44% de las mujeres cuidadoras entrevistadas afirmó que, debido a las características de la discapacidad de sus hijas o hijos, había preferido no llevarlos a recintos o eventos culturales.

La investigación interpreta esta decisión como una barrera actitudinal relacionada con la sobreprotección: ante el temor de que niñas y niños sean rechazados, no puedan participar o generen algún problema dentro de los espacios, algunas familias optan por no llevarlos.

Pero este hallazgo también obliga a mirar el problema más allá de las decisiones individuales de las madres.

Si una familia teme que su hija o hijo sea rechazado en un museo, teatro o actividad cultural, la respuesta no debería ser restringir su participación, sino garantizar que esos espacios sean capaces de recibir a todas las infancias.

La responsabilidad de eliminar las barreras, plantea la investigación, corresponde también al Estado y a las instituciones culturales.

Artistas también identifican falta de capacitación

La inclusión no depende únicamente de rampas, elevadores o sanitarios adaptados. También requiere que quienes trabajan en los espacios culturales tengan herramientas para atender a públicos diversos.

Entre las y los artistas y gestores culturales consultados, la mitad identificó como principal dificultad las necesidades de capacitación; 31% mencionó barreras actitudinales y 19% barreras físicas.

Las principales necesidades de formación fueron la elaboración de materiales didácticos dirigidos a niñas y niños con discapacidad, señalada por 65%; la elaboración de proyectos culturales dirigidos a esta población, 61%, y el desarrollo de habilidades para gestionar grupos y atender crisis emocionales de niñas y niños con TEA, 52%.

También se mencionaron la adaptación de contenidos para actividades inclusivas, cómo evitar la discriminación, el apoyo para movilizar a niñas y niños con discapacidad motriz, herramientas de comunicación y lengua de señas, conocimientos sobre distintos tipos de discapacidad, diseño de espacios accesibles y lenguaje incluyente.

Esto muestra que la accesibilidad cultural no puede reducirse a infraestructura. Implica también formación, comunicación, contenidos y condiciones para la participación efectiva.

Una deuda que empieza por reconocer a las infancias

La investigación documenta que México cuenta con políticas y experiencias encaminadas a mejorar la accesibilidad cultural, pero también advierte que los esfuerzos realizados no han permitido conocer suficientemente qué quieren, qué disfrutan y qué obstáculos enfrentan las niñas y niños con discapacidad.

El problema empieza incluso antes de llegar a un recinto: durante años, las encuestas sobre consumo cultural han omitido a esta población.

El MODECULT 2025 representó un avance porque incorporó información sobre personas con discapacidad, pero su población objetivo es de 12 años y más. De acuerdo con la investigación, 48.3% de las personas con discapacidad de esa edad asistió durante el último año a algún evento cultural. Sin embargo, esa estadística no permite conocer la experiencia de las niñas y niños menores de 12 años.