Cultura, JazzUV y la ignorancia

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*DE PRIMERA MANO

/Por Omar Zúñiga/

El Festival Internacional del Bolero y el Jazz 2026 cerró con teatro lleno, ovaciones de pie y el anuncio de una tercera edición en 2027, todo perfecto en el boletín.
Todo…, menos un detalle que en Xalapa no es un detalle: en tres noches de programación bajo la bandera del jazz, en la ciudad que alberga la única escuela de ese género con matrícula nacional y proyección internacional, no hubo lugar para JazzUV.
No fue un descuido de agenda, fue ignorancia, supina y galopante.
La secretaria de Cultura de Veracruz, Xóchitl Molina González, no conocía la existencia de la Licenciatura en Estudios de Jazz de la Universidad Veracruzana al momento de armar el festival.
Y si no conocía el programa —acreditado por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior de las Artes CAESA, con estudiantes de prácticamente los 32 estados del país, señalado por especialistas como el más completo del país en su tipo— es previsible que tampoco supiera quién es Edgar Dorantes, el pianista cordobés que fundó el programa en 2008.
Edgar estudió con Kenny Barron y compartió escenario con Paquito D’Rivera; dirige orquestas sinfónicas y da clases en Estados Unidos desde hace más de veinte años, y a quien en Xalapa cualquier estudiante de música y cualquier (casi, porque Xóchitl no) persona relacionado con el mundo de la cultura reconoce por su nombre.

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La molestia entre los estudiantes del Centro de Estudios de Jazz y entre músicos xalapeños de trayectoria no debería sorprender a nadie que conozca el gremio. No es difícil imaginar el ánimo dentro de las aulas de la callle Úrsulo Galván de la capital, donde se efectuó un festival montado por el propio gobierno estatal, con el nombre “jazz” en el título, celebrado a escasos metros de su escuela, y ni una sola invitación, ni una mención, ni un lugar en el escenario para quienes llevan diecisiete años formando a los músicos que sí saben tocar el género que el festival dice promover.
Para un estudiante de JazzUV que ensaya seis horas diarias con la esperanza de tocar algún día en un foro de su propia ciudad, ver desfilar por el Teatro del Estado a artistas traídos de fuera —sin que nadie se acordara siquiera de tocar la puerta de su escuela— no es un matiz protocolario.
Es una señal clara de qué tan poco pesa su trabajo para quien decide el presupuesto cultural del estado.

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Para documentar el optimismo, el contraste con lo que Xalapa ha dado al mundo agrava la falta.
Esta no es una ciudad cultural de aspiraciones modestas: es la ciudad donde por sólo dar un ejemplo, se formó Javier Camarena, el mejor tenor del Mundo que ha bisado en el Metropolitan Opera House de Nueva York y en el Teatro Real de Madrid, reconocido como el mejor cantante del año por los International Opera Awards, hijo predilecto de esta capital.
Camarena no salió de la nada; salió de la misma tradición formativa —Universidad Veracruzana, Orquesta Sinfónica de Xalapa— que hoy sostiene a JazzUV.
Xalapa no necesita importar excelencia musical para llenar un festival: la tiene en casa, formada durante décadas, y su propia Secretaría de Cultura no sabe dónde buscarla.
Esto no es un caso aislado, es el mismo patrón que hemos documentado en otras áreas de este gobierno: funcionarios colocados por cercanía política o cuota de origen, no por conocimiento del ramo que van a administrar.
Cuando eso ocurre en Educación, hay conflicto sindical, cuando ocurre en Cultura, el costo es más silencioso pero no menos real; se desperdicia patrimonio construido durante casi dos décadas, y se humilla —sin necesidad de mala intención, sólo por ignorancia— a generaciones de músicos que merecían, cuando menos, ser vistos por su propio gobierno.
La pregunta que le queda pendiente a la Secretaría de Cultura no es si habrá una edición 2027 del festival, sino que si para entonces, alguien en esa oficina sabrá que, a unas cuadras del Teatro del Estado, existe una escuela de jazz que México entero envidia — y una tradición musical que ya le dio al mundo uno de sus mejores tenores.
Esa es la razón -la ignorancia- por la que ni JazzUV ni Edgar Dorantes estuvieron presentes en el programa de un Festival de Jazz realizado en su tierra.

¡Qué barbaridad!
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