De la patada

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/ Tere Vale /

 
Para el partido inaugural del Mundial 2026 en la CDMX, que enfrentó a México vs. Sudáfrica, los precios de admisión que más citaron en medios deportivos y reportes de venta son, aproximadamente, estos:

Boleto más barato: alrededor de $6,800

Boleto más caro (admisión general): alrededor de $33,400

Si hablamos de experiencias llamadas VIP/Hospitality, los precios suben muchísimo más. Algunos paquetes premium vinculados al Estadio de la CDMX (como se le dice ahora) han sido ofrecidos desde $344,000 hasta cerca de $966,000 por persona, dependiendo del nivel de “hospitalidad” y ubicación dentro del ex coloso de Santa Úrsula. Desde luego, ayer no fui a ver ni a Shakira (que me hubiera encantado disfrutar) ni a los jugadores por guapos que ellos estuvieran. Pues sí, la FIFA logró que ir a la inauguración del esperado mundial fuera un espectáculo solo para ricos.

Con el boleto más barato ($6,800), una persona de clase media en CDMX podría asistir con una planeación de muchos meses de ahorro, supongamos. Pero con el boleto más caro de admisión general ($33,400), se estaría gastando un ejecutivo medio el equivalente a más de un mes de su salario. Este es el caso de muchos profesionistas en cualquiera de las tres sedes: CDMX, Jalisco, Nuevo León. Resulta imposible para muchos ver presencialmente este espectáculo. Y ya para qué hablamos de los paquetes Hospitality que entran en el territorio del lujo corporativo o de personas con un muy alto poder adquisitivo. Ni modo, se nos fue.

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En el Mundial de 1970, el boleto más caro para la inauguración era aproximadamente de 80 pesos y el salario mínimo de aquellas épocas era de $32 por día. Esto es, con el salario de menos de tres días se podía comprar el boleto para acudir al evento. En el 2026, el salario mínimo aproximado es de $315 diarios, se necesitan entonces más o menos 22 días de trabajo para juntar los 6,800 pesos que costó el boleto más barato. De los boletos de lujo pues mejor ya ni hablamos, son totalmente inaccesibles. Esto quiere decir que el boleto de entrada para la inauguración es aproximadamente 22 veces más difícil de comprar para un trabajador promedio que en 1970.

En 1970, el Mundial era razonablemente accesible para la clase trabajadora. Para nuestro turbulento 2026, la realidad es que para personas de clase media asistir a la inauguración implicaría meses de ahorro y planificación.

En fin, el interés general por el famoso Mundial al parecer es menor de lo que podría esperarse para un país anfitrión, porque tenemos menos acceso a él, como lo explicamos antes y como lo comprueban muchas encuestas al respecto.

Los problemas de marchas, congestionamientos, tráfico y movilidad muy afectados, y la desigualdad en la distribución de la derrama que seguramente traerá el Mundial, hacen que en términos generales, la población no esté muy entusiasmada.

Pero verán que en cuanto comiencen los goles y la fiesta, pensaremos que no todo está de la patada. Así será.