DEFENDER XCARET ES DEFENDER EL TALENTO MEXICANO .

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/Eduardo Sadot /

En tiempos donde la crítica fácil y la descalificación se han vuelto moneda corriente, resulta indispensable poner las cosas en su justa dimensión. Atacar a Xcaret no solo es un despropósito: es una muestra preocupante de mezquindad, ignorancia o, en el peor de los casos, de una agenda que poco tiene que ver con el interés nacional. Que afecta al turismo internacional, pues se trata de el centro de diversión y foco de cultura nacional mas importante del centro turístico nacional más importante del caribe, Centroamérica y por si fuera poco de México.

Xcaret no es un accidente ni un capricho empresarial. Es el resultado de visión, inversión, disciplina y, sobre todo, de una profunda confianza en México. Es un proyecto que transformó selva en desarrollo sostenible, que convirtió una región en referente turístico mundial y que, sin estridencias ideológicas, ha hecho lo que muchos discursos oficiales prometen pero no logran: generar empleo, impulsar comunidades y proyectar al país con dignidad ante el mundo.

Quienes conocen su evolución saben que no se trata simplemente de un parque turístico. Es una obra integral donde convergen cultura, naturaleza y empresa. Es, además, un ejemplo tangible de cómo el sector privado puede —y debe— ser aliado del desarrollo nacional. En lugar de ser reconocido como modelo, es atacado con ligereza por quienes jamás han construido nada comparable, ante el silencio de los quintanarroenses que viven del turismo y la complicidad de autoridades federales, que hacen sospechar seriamente, que detrás de esto hay una estela de corrupción, derecho de piso y chantaje extorsión y amenazas, que seguramente por temor y su seguridad Xcaret guarda silencio, peor en ese tono seguramente Marco Rubio y Ronald Douglas Johnson están tomando nota.

Resulta particularmente preocupante que desde ciertos sectores se fomente una narrativa de sospecha permanente hacia el éxito. Como si crecer, innovar o invertir fueran actos reprochables. Esa visión, además de equivocada, es profundamente dañina: ahuyenta la inversión, debilita la confianza y condena al país a la mediocridad.
Xcaret ha apostado por México cuando otros dudan. Ha generado miles de empleos directos e indirectos en Quintana Roo, ha fortalecido la identidad cultural y ha demostrado que el desarrollo turístico puede ir de la mano con la conservación ambiental. ¿Dónde están los proyectos alternativos de quienes hoy critican? ¿Cuál es su propuesta concreta más allá de la descalificación?

Defender Xcaret no es defender a una empresa en particular; es defender la capacidad de los mexicanos de crear, de competir y de triunfar. Es rechazar la cultura de la sospecha y apostar por la del reconocimiento al mérito.

México no necesita más detractores del éxito. Necesita más proyectos como Xcaret. Y, sobre todo, necesita una sociedad que entienda que destruir lo que funciona nunca ha sido camino hacia el progreso.

@eduardosadot
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