Día Internacional de las Niñas…Migrantes

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Escrito por Ashanti Sánchez, enlace de niñez, Instituto para las Mujeres en la Migración, AC IMUMI

22.10.2026 /CimacNoticias.com/ Existen pérdidas invisibles en las trayectorias migratorias que rara vez quedan asentadas en las estadísticas oficiales. Una de las más profundas y silenciosas es el despojo de la infancia. En los contextos de movilidad que atraviesan la región, miles de niñas se ven obligadas a saltar etapas del desarrollo para asumir, de manera prematura, roles y responsabilidades de la vida adulta. Cuando migrar implica crecer a la fuerza, el derecho al juego, a la educación y al descanso se convierte en un lujo inaccesible.

La adultización temprana en la niñez migrante tiene dimensiones de género. A lo largo de la ruta, en los albergues, en las estaciones migratorias y en los asentamientos informales, las niñas y las adolescentes suelen convertirse en las principales gestoras del cuidado no remunerado. Son ellas quienes cuidan a sus hermanos menores de edad mientras las madres buscan ingresos o realizan trámites de regularización; son quienes preparan alimentos en condiciones de extrema precariedad, gestionan el agua o cuidan a familiares.

Este trabajo de soporte socioemocional y doméstico, naturalizado por la división sexual del trabajo, recae sobre sus espaldas a edades en las que deberían estar en las aulas o jugando. A esta sobrecarga de cuidados se suman las experiencias traumáticas de violencia acumulada que precipitan su madurez forzada.

De acuerdo con cifras oficiales, en México se registraron, de enero a julio del presente año, 2,623 eventos de detención de niñas, niños y adolescentes en situación migratoria irregular, de los cuales 1,214 corresponden a mujeres: 811 niñas y 403 adolescentes. Esto significa que casi 5 de cada 10 eventos de detención migratoria de niñez y adolescencia son de niñas. Cada una con una historia de vida y sueños por cumplir.

Lola, es una adolescente peruana que ha enfrentado grandes retos a su corta edad. Primero, cuando salió de su país de origen, aun siendo una niña, después cuando llegó a vivir un tiempo a Ecuador, de ahí a Colombia y posteriormente cuando ingresó a México y pasó de viajar acompañada de su madre a no acompañada, una separación complicada.

Lola ingresó a México junto con su mamá y su hermano, huyendo de la violencia familiar ejercida por la expareja de su mamá. Primero llegaron a Chiapas y después avanzaron hacia Tabasco, donde recibieron ayuda humanitaria de una familia que, tiempo después, los cuidaría durante varios meses.

Posteriormente, intentaron continuar su camino; no lo lograron. Su mamá tomó la difícil decisión de dejarlos al cuidado de la familia que ya conocían mientras ella intentaba llegar a Estados Unidos. La familia les cuido por año y medio, ambos recibieron educación, salud y cuidados.

Las autoridades se percataron de su caso y en lo que evaluaban que era mejor para los hermanos, los separaron de la familia y los enviaron a un albergue para niñez no acompañada. En medio de la incertidumbre, Lola, como hermana mayor, asumió un papel fundamental en el cuidado y acompañamiento de su hermano.

Se convirtió en su compañera, amiga y protectora, procurando estar a su lado en un momento en el queambos necesitaban seguridad, estabilidad y afecto. Crecer demasiado pronto no es un síntoma de «resiliencia heroica», como suele romantizarse en algunos discursos; es la consecuencia directa del fallo de los Estados en garantizar espacios seguros y de protección integral para la niñez.

La historia de Lola refleja la experiencia continua de las niñas y las adolescentes migrantes que han tenido que adaptarse a cambios desde una edad temprana. Es importante no olvidar que ella, al igual que muchas otras niñas que han tenido que asumir roles de cuidados en el trayecto migratorio, sigue siendo niñas, quienes también tienen derecho a recibir cuidados, protección y ser escuchadas.

Lola ya es una adolescente que se está enfrentando a cambios propios de su edad, pero ahora se encuentra en un albergue donde el personal la acompaña y la escucha. Su caso sigue abierto y en espera de una resolución.

En el Día Internacional de las Niñas, no olvidemos visibilizar las historias de las niñas migrantes como Lola.

Reconocer la dignidad de las niñas migrantes implica garantizarles un presente donde puedan aprender, jugar, reír y soñar sin tener que asumir cargas ni miedos que no les corresponden.

Proteger su derecho a ser niñas es una deuda ética e institucional que no admite demoras.