Dolores Huerta muere a los 96 años; su legado sindical y las denuncias contra César Chávez

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29.10.2026 Ciudad de México.-Dolores Huerta, una de las principales figuras del movimiento por los derechos de los trabajadores agrícolas en Estados Unidos, falleció a los 96 años, informó su familia el miércoles 28 de octubre. La dirigente sindical murió en su casa, en Bakersfield, California, acompañada por sus seres queridos. Un portavoz familiar indicó que la causa fue cáncer.

Su muerte cierra una trayectoria de décadas dedicada a la organización de campesinos, la defensa de los derechos de las personas migrantes y la participación política de las comunidades latinas. Sin embargo, su historia también queda vinculada a una de las revelaciones más delicadas del movimiento sindical que ayudó a construir: las acusaciones de abuso sexual y violación que Huerta hizo públicas este año contra César Chávez, su compañero en la fundación del sindicato United Farm Workers (UFW).

La familia comunicó el fallecimiento y pidió privacidad durante el duelo. En su mensaje señaló que más adelante dará a conocer los planes para recordar y celebrar la vida de Huerta. La activista dejó 13 hijos y una organización que lleva su nombre, dedicada al trabajo comunitario y la defensa de derechos.

Huerta nació en 1930 en Dawson, Nuevo México, en una familia de origen mexicano, y creció en California. Comenzó su vida profesional como maestra, pero la pobreza que observaba entre los hijos de trabajadores agrícolas la llevó a cambiar de rumbo. Consideró que organizar a sus padres podía contribuir de manera más directa a modificar las condiciones que mantenían a numerosas familias en la precariedad.

En 1962 participó junto con Chávez en la creación de la Asociación Nacional de Trabajadores del Campo, organización que posteriormente se convirtió en United Farm Workers. Huerta fue negociadora, organizadora de huelgas y promotora de campañas públicas contra las empresas agrícolas que se resistían a reconocer los derechos laborales de sus empleados.

Su trabajo fue central en las movilizaciones y boicots contra productores de uva y lechuga, así como en las negociaciones que permitieron obtener mejores salarios, prestaciones médicas, planes de retiro y condiciones básicas de seguridad para quienes trabajaban en los campos. La presión del movimiento contribuyó a la aprobación en California, en 1975, de una ley que reconoció a los trabajadores agrícolas el derecho a la negociación colectiva.

A Huerta también se le atribuye haber popularizado la consigna “Sí, se puede”, convertida en emblema de la organización laboral y de otras luchas sociales. En 2012 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil de Estados Unidos, de manos del entonces presidente Barack Obama.

Su activismo no se limitó al ámbito sindical. Durante décadas defendió los derechos de los migrantes, la participación electoral, la igualdad de las mujeres y la protección de las comunidades expuestas a condiciones laborales peligrosas. Continuó participando en movilizaciones y actos públicos hasta una edad avanzada.

La relación con Chávez: el silencio durante seis décadas

La dimensión más dolorosa de su historia se conoció públicamente en 2026, cuando Huerta reveló que Chávez la había agredido sexualmente en dos ocasiones durante la década de 1960. Según su testimonio, uno de los episodios ocurrió bajo presión y el otro fue una violación. Ambos encuentros derivaron en embarazos; los dos hijos fueron criados por otras personas, fuera del entorno público de la pareja sindical.

Huerta explicó que mantuvo esos hechos en secreto durante aproximadamente 60 años porque temía que hacerlos públicos perjudicara al movimiento campesino al que había dedicado su vida. Su decisión de hablar modificó la manera en que se examina la historia de la UFW y la figura de Chávez, quien murió en 1993 y durante décadas fue considerado uno de los símbolos más reconocidos de los derechos civiles de la población latina.

Las denuncias contra Chávez no surgieron únicamente del testimonio de Huerta. Una investigación publicada por The New York Times en marzo de 2026 recogió acusaciones de otras mujeres que afirmaron haber sufrido abusos cuando eran menores de edad. La publicación provocó cuestionamientos sobre la forma en que dirigentes y personas cercanas al sindicato habían manejado las denuncias y sobre la protección que recibió la imagen de su fundador. La organización sindical anunció medidas para abordar las acusaciones y revisar sus mecanismos de rendición de cuentas.

Huerta sostuvo que reconocer los abusos no significaba desconocer las conquistas colectivas de los trabajadores agrícolas. La distinción es central para comprender su legado: la lucha sindical fue resultado de la participación de miles de campesinos y organizadores, mientras que las denuncias contra Chávez obligaron a revisar críticamente la conducta de uno de sus dirigentes más poderosos.

La activista también enfrentó represión por su trabajo. Fue detenida en numerosas ocasiones y, durante una protesta en San Francisco en 1988, recibió golpes de un agente policial que le provocaron fracturas de costillas y lesiones internas. Tras recuperarse, mantuvo su participación en campañas por los derechos de las mujeres, la población migrante y las comunidades trabajadoras.

Con su fallecimiento, Huerta deja una trayectoria que combina conquistas laborales, organización comunitaria y una historia personal marcada por la violencia que decidió denunciar al final de su vida. Su consigna “Sí, se puede” permanece asociada a las luchas sociales en Estados Unidos, mientras su testimonio sobre Chávez plantea preguntas sobre el abuso de poder, el silencio institucional y las dificultades que enfrentan las víctimas cuando el señalado ocupa una posición de autoridad dentro de un movimiento al que ellas mismas han contribuido.