* Da un viraje tras haber amenazado a Irán con 48 horas para liberar el paso.
22.03.2026 EEUU.- En medio de un contexto internacional marcado por tensiones persistentes en Medio Oriente, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, difundió un mensaje en su red social en el que plantea una postura más agresiva frente a Irán, al tiempo que sugiere una eventual reducción del papel militar directo de su país en la región, lo que evidencia un cambio relevante en su narrativa política.
En el mensaje, Trump afirma que Estados Unidos está cerca de cumplir objetivos estratégicos clave contra lo que denomina el “régimen terrorista de Irán”, entre los que enumera la destrucción de capacidades militares iraníes, incluyendo su sistema de misiles, su industria de defensa, así como su fuerza naval y aérea.
Además, insiste en la necesidad de impedir a toda costa que Irán desarrolle capacidad nuclear, reiterando una línea dura que ha sido constante en su discurso desde su presidencia.
Sin embargo, el posicionamiento introduce un matiz distinto respecto a etapas anteriores de su carrera política. Mientras durante su mandato (2017-2021) Trump combinó sanciones económicas, presión diplomática y acciones militares puntuales —como la orden que derivó en la muerte del general iraní Qasem Soleimani en 2020—, también mantuvo una narrativa de reducción de intervenciones prolongadas en el extranjero bajo la consigna de evitar “guerras interminables”.
En su mensaje más reciente, esa idea de repliegue vuelve a aparecer, pero con una formulación distinta: plantea que el control de puntos estratégicos como el Estrecho de Ormuz debería recaer en otras naciones de la región y no en Estados Unidos. Aunque deja abierta la posibilidad de apoyo estadounidense si es solicitado, subraya que no debería ser necesario una vez que la amenaza iraní sea eliminada.
Este giro implica una dualidad en su narrativa. Por un lado, endurece significativamente sus objetivos militares hacia Irán, describiendo metas que implican un debilitamiento estructural del aparato defensivo del país. Por otro, insiste en que la carga operativa futura debe ser asumida por aliados regionales, lo que sugiere un enfoque más indirecto en la proyección del poder estadounidense.
Especialistas han señalado que este tipo de discurso combina elementos del llamado “America First” con una visión más intervencionista en términos estratégicos, lo que puede interpretarse como un intento de equilibrar su base política interna -tradicionalmente crítica de intervenciones militares prolongadas- con una postura firme en materia de seguridad internacional.
Asimismo, su afirmación de que una eventual operación militar sería “fácil” contrasta con evaluaciones de analistas y antecedentes históricos en la región, donde los conflictos han demostrado una alta complejidad geopolítica y consecuencias impredecibles.













