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01.03.2026.- El bombardeo con drones y misiles lanzado por Irán contra Dubái y otras capitales del Golfo Pérsico no solo ha generado alarma por sus consecuencias humanitarias, sino que también ha encendido las alertas en los mercados internacionales.
Analistas señalan que el Golfo Pérsico es una infraestructura estratégica para el comercio mundial, ya que por el Estrecho de Ormuz transita cerca de una quinta parte del petróleo consumido diariamente en el planeta. La posibilidad de que el conflicto escale y afecte esa ruta vital ha disparado la incertidumbre en los mercados energéticos.
Según estimaciones, el precio del crudo podría duplicarse si se interrumpe el flujo de más de tres millones de barriles diarios que Irán produce y exporta .
El cierre del Aeropuerto Internacional de Dubái, uno de los más transitados del mundo, añade presión a la economía global. La suspensión de vuelos y el desvío de aeronaves en ruta afectan directamente la conectividad aérea y el comercio internacional, pues Dubái es un punto neurálgico entre Asia, Europa y América. Las aerolíneas internacionales ya han cancelado operaciones hacia Emiratos Árabes Unidos, lo que anticipa pérdidas millonarias en turismo y logística.
La ofensiva iraní también golpeó instalaciones militares en Baréin y Qatar, donde se encuentran bases estadounidenses, lo que incrementa el riesgo de una confrontación regional de mayor alcance . La comunidad internacional advierte que, de prolongarse la crisis, las consecuencias podrían ser devastadoras para la estabilidad financiera y energética mundial.
En este contexto, los mercados bursátiles reaccionaron con caídas generalizadas, mientras que los inversionistas buscan refugio en activos considerados seguros, como el oro. El ataque a Dubái, más allá de su dimensión militar, se convierte en un recordatorio de la vulnerabilidad de las economías globalizadas frente a los conflictos geopolíticos en Medio Oriente.












