*NEMESIS
/Fernando Meraz Mejorado/
Ha sido tan horrendo el odio, tan ácida la envidia, que han abierto una herida que no sangra, sino que pudre el tejido mismo de la nación.
Es tanta la sevicia esparcida como sal sobre la llaga de la conciencia nacional, y es tal el cinismo con el que exhiben el botín de sus trapacerias y desfalcos, que no, así de plano, no es posible que Andrés Manuel López Obrador y su corte de los milagros escapen de su destino final: el oscuro basurero de la historia.
Cuando el pejelagarto inició su reinado, confiaba ciegamente en que su epílogo sería el de Fidel Castro, levantando el puño y gritando al viento que . Pero la verdad tiene pies ligeros y no se deja aprisionar mucho tiempo bajo la mentira.
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El declive DE Fidel Castro comenzó con la crisis del <Período Especial> en 1991, cuando se desplomó la Unión Soviética, el gigante de hierro que le sostenía la vida.
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Aquel derrumbe desnudó la fragilidad del modelo comunista, redujo la isla a la ceniza y mermó su poder hasta su renuncia final. Dejó el mando en manos de su hermano Raúl, y el sistema quedó al garete, flotando a la deriva.
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Castro murió con más pena que gloria, mientras el mundo conocía la verdad: su corrupción abierta, sus abrazos con los capos del narcotráfico, una fortuna inmensa como el mar mientras su pueblo contaba las monedas, sin recibir alguna.
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El hartazgo popular del pueblo cubano era un volcán a punto de estallar y el desencanto se expandió por el globo, derrumbando los mitos.
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Cubanos, testigos y actores dieron a conocer al mundo que el Che Guevara, nunca fue el santo de las leyendas, un hombre descrito por sus propias víctimas como antifeminista recalcitrante y verdugo sin piedad. Y se supo también de Camilo Cienfuegos, silenciado no por el azar, sino por la mano asesina de los sicarios que lo entregaron tras jurarle lealtad.
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Hoy, la isla de Cuba se lame las heridas, se consume en la incertidumbre y muere de hambre con una tristeza que conmueve hasta las piedras.
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Pero México no es Cuba, ni Venezuela, ni Nicaragua. Nosotros tenemos un alma distinta, una raíz más honda. No necesitamos ídolos de barro ni promesas rotas. Solo hace falta creer de nuevo, pero en lo que nos une, no en lo que nos divide; en lo que nos hace invencibles: en los colores que nos cubren, en el águila que nos vigila y en todo lo que representa nuestra hermosa, eterna y sagrada Bandera Nacional. – – oOo–
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