*Es necesario que las mujeres se reapropien de los espacios digitales y ejerzan libremente sus derechos a la información y comunicación: Luz María Garay, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
16.03.2026 México.- El avance tecnológico trae consigo nuevas herramientas que las mujeres emplean para aprender, trabajar, interactuar, comunicar y protestar; pero también se han convertido en una extensión de esa violencia machista, sexista y misógina tan extendida en el país.
Según el Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2024, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 10.6 millones de mexicanas de 12 años o más fueron víctimas de acoso en línea. Por ello, es preciso contar con instrumentos para prevenir la violencia digital, saber actuar frente a ella y apoyar a quien la experimenta.
Luz María Garay Cruz, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de la Universidad Pedagógica Nacional, expuso que atender este tema requiere visibilizar, problematizar y, en especial, comprender su materialidad, es decir, entender de qué forma atraviesa el cuerpo de las mujeres.
Identificar y nombrar
La violencia digital, conocida también como “en línea” o “cibernética”, es un término construido recientemente para identificar prácticas ocurridas en ese ámbito y que reproducen la que sucede a nivel estructural y físico.
La académica refirió que dichas violencias son todas aquellas acciones que afectan a las mujeres y las llevan a un espacio de humillación, sumisión y vergüenza sólo por su condición de género. “Más allá de definirla o tipificarla, lo relevante es entender que se trata de algo real para comprender su impacto. Lo digital permite una reproducción y viralidad de los ataques y esto tiene consecuencias en el cuerpo”.
Detalló que quienes la han padecido relatan haber presentado náuseas, dolor de cabeza, ataques de ansiedad, depresión, y que incluso algunas se cambiaron de casa, turno escolar y, en casos extremos (en especial jóvenes y adolescentes), atentaron contra su vida.
Con base en información del MOCIBA 2024, en México 18.9 millones de personas usuarias de internet, mayores de 12 años, fueron víctimas de ciberacoso. De ese total, 10.6 millones eran mujeres. Entre los grupos de edad de 12 a 19 años y de 20 a 29, se registró una alta prevalencia.
En comparación con los hombres, más mujeres vivieron situaciones como recibir contenido, insinuaciones o propuestas sexuales. Con mayor frecuencia ellas experimentaron amenazas sobre dar a conocer información personal, audios o videos para extorsionar; rastreo de sus cuentas o sitios web; llamadas ofensivas; provocaciones para reaccionar de forma negativa, y publicación o venta de imágenes o videos de contenido sexual.
Garay expresó que cualquiera puede sufrir, por ejemplo, suplantación de identidad, pero datos como los de MOCIBA muestran una marcada violencia machista, misógina y sexual contra las mujeres.
“El anonimato en redes sociales ha favorecido que hombres adultos se hagan pasar por jóvenes y lleven a cabo grooming, que consiste en convencer, sobre todo a niñas y adolescentes, de conversar para obtener información, pedirles fotografías íntimas o enviarles imágenes sexuales no solicitadas para después extorsionarlas con amenazas de evidenciarlas ante sus padres, maestros o amigos”.
“Es un tema multifactorial y tendríamos que entender muchas cosas alrededor de él, pero lo cierto es que, en especial, entre los 12 y 16 años, no siempre se cuenta con información de seguridad digital o autocuidado y, cuando se sufre esto, no se dice por pena, miedo o culpa”.
Prevenir
A partir de investigar y trabajar para un proyecto de prevención de violencia digital en universitarias, Luz María Garay encontró que una de las cosas que más le reportaban las jóvenes es que, al hablar de sus vivencias, nadie les creía y las desestimaban bajo el argumento de que todo fue en internet y que “no es real, no te pegó, agredió o te tocó”.
Eso es señal de que aún hace falta problematizar y comprender el asunto. “Por fortuna, cada vez hay más organizaciones preocupadas por colocar este tema en la discusión pública y visibilizarlo.
Añadió que la información y comunicación son derechos humanos, y para ejercerlos hay que desarrollar habilidades digitales en tres niveles: “Instrumental (aprender a usar la tecnología y aprovechar sus ventajas); cognitiva-crítica (comprender mejor la información e identificar sesgos de género, discursos de odio y situaciones en las que se recibe violencia) y digital-comunicativa (conocer los lenguajes y producir contenidos propios)”.
Por ello, reapropiarse de los espacios digitales debe acompañarse de cuidados como tener contraseñas seguras y que no se repitan en aparatos tecnológicos y cuentas. Combinar caracteres, mayúsculas, minúsculas y números (ejemplo: AQu3l.v3raNo).
No aceptar todas las cookies de las páginas a las que se ingresa, revisar y rechazar las que no te parezcan; usar plataformas alternativas o de cifrado; poner perfiles privados si lo deseas, revisar cómo funcionan las normas comunitarias de las plataformas y bloquear rastreadores, concluyó Garay.
Global Unam.













