El Congreso Feminista de 1916 abrió el debate sobre derechos de las mujeres #Entérate

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16.01.2026.- El Primer Congreso Feminista de México, hace 110 años, celebrado en Mérida en enero de 1916, marcó un hito en la historia nacional al abrir un debate público sobre el papel de las mujeres en la transformación jurídica, educativa y social del país. Fue un acontecimiento pionero que vinculó las aspiraciones de igualdad con el proyecto revolucionario en curso y que dejó una huella duradera en la vida política mexicana.

El Congreso se llevó a cabo del 13 al 16 de enero de 1916 en el Teatro José Peón Contreras de la capital yucateca. La convocatoria fue impulsada por el gobernador Salvador Alvarado, con el apoyo de figuras como Elvia y Felipe Carrillo Puerto, y se celebró en Mérida para debatir el papel de la mujer en la sociedad, la educación y la igualdad de derechos.

Alvarado consideraba que la modernización del país requería la participación activa de las mujeres. Bajo su auspicio, maestras, intelectuales y activistas se reunieron para discutir temas que hasta entonces habían sido relegados al ámbito privado.

La Comisión Organizadora estuvo encabezada por Consuelo Zavala Castillo y contó con figuras como Elvia Carrillo Puerto, Raquel Dzib Cicero y Rosa Torre González, quienes se convirtieron en referentes del feminismo mexicano.

El Congreso abordó tres grandes ejes: la transformación jurídica, la educativa y la social. En el plano jurídico, se discutió la necesidad de reconocer a las mujeres como ciudadanas plenas, con derechos políticos y civiles. Aunque el voto femenino no se alcanzaría sino hasta décadas después, en 1953, las participantes sentaron las bases de la exigencia de igualdad ante la ley.

En el ámbito educativo, se planteó la urgencia de garantizar acceso a la enseñanza laica y científica para las niñas, rompiendo con la idea de que la formación femenina debía limitarse a las labores domésticas. Se defendió que una sociedad moderna requería madres y maestras instruidas en libertad, capaces de transmitir valores de autonomía y pensamiento crítico.

En el terreno social, las asistentes denunciaron las condiciones de subordinación que mantenían a las mujeres en una “vida quieta”, como la describía Alvarado, y reclamaron la posibilidad de participar en la vida pública y laboral en igualdad de condiciones.

Se discutió sobre el trabajo digno, la necesidad de salarios justos y la apertura de espacios de liderazgo para las mujeres en la política y en la administración pública. Estas demandas se inscribieron en el contexto de la Revolución Mexicana, que buscaba redefinir las estructuras del país y ofrecía un marco de oportunidad para replantear el papel de las mujeres.

El impacto del Congreso fue inmediato en Yucatán, donde se impulsaron reformas educativas y se fortaleció la presencia femenina en la docencia. A largo plazo, el encuentro se convirtió en antecedente de movimientos posteriores, como el Frente Único Pro Derechos de la Mujer en 1935, y de las luchas que culminaron con la conquista del sufragio femenino.

Más allá de los resultados concretos, el Congreso de 1916 significó la irrupción de las mujeres en el debate público nacional y la afirmación de que la transformación del país no podía realizarse sin ellas.

A 110 años de distancia, el Primer Congreso Feminista de México sigue siendo recordado como un acto de valentía y visión política. Las más de 600 mujeres que participaron desafiaron las normas de su tiempo y abrieron un camino que aún hoy se recorre en la búsqueda de igualdad sustantiva.

Su legado se encuentra en la educación laica, en la ampliación de derechos políticos y en la conciencia de que la justicia social requiere la inclusión plena de las mujeres en todos los ámbitos de la vida nacional.